'Estamos preparados para la retaliaciones de las Farc', declaró el presidente Juan Manuel Santos, luego de que voceros de ese grupo guerrillero anunciaran desde La Habana la suspensión de la tregua unilateral e indefinida que habían decretado en diciembre pasado. La decisión del grupo guerrillero fue tomada después de que un bombardeo realizado por la Fuerza Aérea a un campamento de las Farc produjera la muerte a 26 subversivos pertenecientes al frente 29, que operaba en la zona y que en el pasado había realizado acciones contra la Fuerza Pública, entre ellas el ataque a la estación de Policía de la isla Gorgona, efectuado en noviembre de 2014.
'Señor ministro, señores generales: esta ha sido, esta es y esta seguirá siendo la orden: no bajar la guardia. Esta es una acción legítima del Estado en defensa y protección de la ciudadanía. Estas son las reglas de juego que hemos establecido', sostuvo Santos, rodeado del ministro saliente de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y por los altos mandos del Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía.
'La mayoría de los colombianos –afirmó Santos– aplauden este golpe a la guerrilla. Y todos reconocemos el trabajo de nuestros soldados y de nuestros policías por la misión cumplida. Ya la guerrilla estará pensando en acciones de retaliación. Pero es justamente esa espiral de violencia, odio, venganza y retaliación, al que nos han conducido 50 años de guerra, la que tenemos que parar y transformar en una espiral de perdón y reconciliación'.
Los guerrilleros –por su parte, desde La Habana– deploraron el ataque aéreo, anunciaron la suspensión de la tregua unilateral e indefinida, y reiteraron que se hace necesario 'acordar cuanto antes, para la salud del proceso de paz y evitar nuevas victimizaciones, el cese bilateral del fuego que con tanta insistencia han reclamado las mayorías nacionales'. Una vez más hablaron de la 'incoherencia del gobierno Santos'.
El ataque aéreo al campamento del frente 29 de las Farc es el primero que se produce luego de que el presidente Santos levantara la orden que había dado de suspenderlos, horas después de que la columna ‘Miller Perdomo’ de las Farc atacara el pasado 14 de abril a una columna móvil del Ejército que acampaba en jurisdicción de Buenos Aires, Cauca, y produjera la muerte de 11 soldados.
Encuestas realizadas días después del ataque de las Farc a los soldados en Cauca mostraron el más grande descenso en el respaldo a Santos por parte de los colombianos. Uno realizado por Gallup mostró la favorabilidad presidencial por debajo del 30 por ciento, cifra inédita en sus dos mandatos. En los últimos meses la imagen del Presidente perdió más de 14 puntos, lo que constituye –sin duda– una debacle en términos de respaldo a su gestión. El escenario es peor para Santos, si se tiene en cuenta que su más grande opositor –el ex presidente Álvaro Uribe– el mayor crítico de los diálogos de La Habana, pasó de un 43 por ciento de imagen favorable a un 59 por ciento. 'Lo que muestran las encuestas es una verdadera tragedia', me dijo un senador de la Unidad Nacional, asiduo visitante de la Casa de Nariño.
Mientras la imagen de Santos se desploma de forma dramática, en La Habana los diálogos se encuentran empantanados -¿estancados?- desde hace un año, después de 37 rondas entre los delegados del Gobierno y de las Farc. Los gestos de Santos para desescalar el conflicto –como la suspensión de los bombardeos a los campamentos de las Farc y de la aspersión con glifosato a los cultivos de coca, la inmensa mayoría protegidos por las Farc– no fueron correspondidos de igual manera por ese grupo guerrillero. Está demostrado que la tan promocionada tregua unilateral indefinida fue violada de manera permanente por parte de ese grupo guerrillero.
Un estudio reciente del Centro de Recursos para Análisis de Conflictos (Cerac) prueba que –desde diciembre pasado– las Farc rompieron la tregua en 21 acciones, mientras que la fundación País Libre también informó de la realización de secuestros por parte de las Farc durante el mismo período. Quedó demostrado que cada ataque guerrillero sin respuesta por parte del Gobierno se traduce en menos puntos en las encuestas y más chiflidos en las plazas públicas. Y Santos –se sabía muy bien- no está dispuesto a cargar con ese bacalao.
Es evidente que tanto el ataque aéreo al campamento de las Farc en Guapi, como la suspensión de la tregua por parte de las Farc, tendrá consecuencias o 'retaliaciones', como afirmó Santos. De hecho, el lenguaje y el tono del Presidente cambiaron drásticamente. Atrás parece quedar el Santos conciliador de la campaña presidencial y ahora emerge el Santos guerrerista, que los colombianos conocieron como Ministro de Defensa, el mismo que ordenó –entre otras acciones– el bombardeo a los campamentos de Raúl Reyes en Ecuador y del Mono Jojoy en Colombia. Ambas camisas le han resultado efectivas: con la primera fue reelecto y con la segunda –seguramente- subirá en las encuestas.
Curiosamente, los diálogos de La Habana llegan a su punto más crítico en momentos en que se creía que la más reciente jugada política de Santos le daría a la mesa una mayor dinámica. En efecto, la salida de Juan Carlos Pinzón del Ministerio de Defensa y la llegada de Luis Carlos Villegas a esa cartera fue interpretada como un gesto de Santos para con los negociadores de La Habana. Mientras el primero se despacha contra 'las ratas de la guerrilla', el segundo solo habla de las bondades del posconflicto. 'Santos cambió un halcón por una paloma', se dice en los pasillos del comando de las Fuerzas Militares.
A ello se suma la llegada a la mesa de las conversaciones de la canciller, María Ángela Holguín, considerada demasiado cercana a Venezuela –garante de los diálogos de La Habana- y mucho más amiga de los 'malos arreglos que de los buenos pleitos', como se le consideró en tiempos del litigio con Nicaragua, que significó la pérdida de mar territorial en el archipiélago de San Andrés, luego del fallo de la Corte de La Haya.
¿Volverá a recrudecerse el conflicto con las Farc? ¿Santos le apuesta a la guerra para recuperar el respaldo en las encuestas? ¿Las Fuerzas Militares le están midiendo el aceite al nuevo Ministro de Defensa? ¿Tiene sentido negociar en medio de la guerra?
Encuestas, el dolor de cabeza de Santos
Llama la atención que las Farc, que se jactan de conocer las debilidades de todos los presidentes colombianos, desde Belisario Betancur hasta Álvaro Uribe, no sepan que Juan Manuel Santos sacrifica un mundo con tal de subir un punto en las encuestas. No es cierto –como él afirma- que ese tema lo tiene sin cuidado y que si el costo que tiene que pagar por la paz es la rechifla de los colombianos, pues lo paga. No hay tal. Por esa razón el tener que gobernar con menos del 30 por ciento de favorabilidad es una verdadera tragedia. Tan precaria cifra de aceptación golpea su ego, pero –sobre todo- compromete su gobernabilidad. Santos no puede darse el lujo de afrontar las elecciones de octubre y los tres años que le faltan de gobierno con una aprobación tan ridícula. Esa favorabilidad no garantiza –ni con mermelada- derrotar al uribismo, que es su apuesta electoral inmediata. La torpeza infinita de las Farc –así como su carencia absoluta de sentido histórico y político- le permite a Santos contar con una carta muy valiosa para subir pronto en las encuestas, pues está demostrado que si algo garantiza respaldo popular en Colombia es la 'mano dura contra las Farc'. Él mismo sacó provecho de ello cuando aspiró a la Presidencia por primera vez como heredero de Uribe y responsable de cuidar 'los tres huevitos', entre ellos el de la Seguridad Democrática.
¿Despedida a Pinzón o bienvenida a Villegas?
El nombramiento de Luis Carlos Villegas como nuevo ministro de Defensa fue recibido con reserva en las brigadas y batallones. Pese a que se trata de un hombre del establecimiento –ex embajador en Washington, ex presidente de la Andi y ex vicecanciller– la imagen que se tiene en los cuarteles de Villegas es la de ex negociador de La Habana, es decir: amigo de los diálogos con las Farc. Y esa es razón suficiente para que los uniformados lo miren de reojo. A ello se suma que –desde que estuvo en La Habana- Villegas habla todo el día de las bondades del posconflicto y no de los actos heroicos de hombres y mujeres de las Fuerzas Militares, quienes libran la guerra contra las Farc y otras organizaciones criminales. Todo lo contrario ocurre con el ministro saliente, Juan Carlos Pinzón, hijo de un general del Ejército y con estrechos vínculos familiares y afectivos con las Fuerzas Militares. De manera que el ataque de la Fuerza Aérea a los guerrilleros de las Farc en Guapi es también un mensaje directo y contundente a Villegas: muy bonito el posconflicto, pero primero está el conflicto y lo queremos a usted de nuestro lado. Punto. 'Villegas tiene que prepararse para una medida de aceite muy brava. Los militares quieren un ministro que se ponga el camuflado y sea solidario con ellos. Para que les hable del posconflicto está De la Calle', me dijo un ex asesor de paz, cercano a las Fuerzas Militares. De manera que el ataque a los guerrilleros en Guapi fue la despedida a Pinzón, pero -sobre todo- la bienvenida a Villegas.
Farc violaron la tregua unilateral
La apuesta de las Farc por lograr un cese bilateral del fuego –que es la misma de organizaciones de izquierda, como Marcha Patriótica- se vino al traste desde el momento en que ese grupo violó la tregua unilateral e indefinida que había decretado en diciembre pasado. El ataque a soldados de una Brigada Móvil en Buenos Aires, Cauca, donde murieron 11 uniformados, que se encontraban acampando, fue interpretado por el Gobierno como un hecho gravísimo y llevó a Santos a ordenar la reanudación de los bombardeos a los campamentos de las Farc. Como consecuencia de dicha reanudación se produjo el ataque de la Fuerza Aérea el pasado jueves en Guapi. Lo uno llevó a lo otro. Y ello es así porque las Farc no cumplieron con la tregua unilateral e indefinida que ellas mismas habían decretado. Según el Cerac, las Farc violaron su tregua en más de veinte oportunidades, mientras que siguieron secuestrando y extorsionando, según la fundación País Libre. Lo mismo pasó con la 'siembra' de minas antipersonas y el reclutamiento de menores, compromisos anunciados por ese grupo guerrillero que tampoco fueron materializados. Al igual que ocurrió en el Caguán, las Farc abusan de la confianza del Gobierno y muestran poco compromiso con sacar adelante una negociación realista, que permita poner fin a la guerra que libran contra el Estado.
¿Y ahora qué sigue?
El hecho de que las Farc hayan decidido suspender la tregua unilateral que habían decretado en diciembre crea escenarios de confrontación en diez departamentos del país, según la Defensoría del Pueblo. Ello significa que –como lo anunció Santos- habrá retaliaciones por parte del grupo guerrillero y para ello las Fuerzas Militares y la Policía deberán estar preparadas para evitarlas y para propinarles duros golpes a las Farc, que las obliguen no solo a no levantarse de la mesa de negociación, sino a agilizar las firma de los acuerdos. Y ello es así porque ambas partes acordaron negociar en medio del conflicto. El cese bilateral del fuego es un escenario demasiado remoto por ahora. Las partes decidieron –las Farc al violar su propia tregua unilateral y el Gobierno al responder con los bombardeos- apostarle a los golpes en el terreno para fortalecerse en la mesa de negociación. Golpear de forma contundente al enemigo y reducir su capacidad de combate, hasta el punto de obligarlo a negociar, es una de las premisas de la guerra. Las Farc deben entender que sus actos de terror no pueden quedar impunes y que el Estado no puede renunciar al uso legítimo de la fuerza para combatirlas y para garantizar la vida de los colombianos. De ellas depende –solo de ellas- que los diálogos salgan del pantano en que cayeron por culpa de sus acciones.


