El Heraldo
Barranquilla

Patente a butifarras, ¿tan buena como dicen?

Falta claridad en el alcance y las consecuencias de la iniciativa, coinciden productores.

Indiferencia, dudas y preocupación, más que interés, seguridad y positivismo, generó entre los productores de butifarras de Soledad el pomposo anunció de la administración municipal de que muy pronto este plato típico, insignia del municipio, tendrá una patente de marca registrada.

La noticia la dieron, el pasado sábado 26 de abril, la viceministra de turismo, Sandra Howard; y el alcalde de Soledad, Franco Castellanos; acompañados de los altos funcionarios del municipio.

Sin embargo, en medio de tanta felicidad a los líderes políticos se les olvido explicar qué implica y qué consecuencias traería obtener la tal patente. 

Este diario visitó a tres reconocidos y tradicionales productores de butifarras de Soledad, que al igual que sus negocios, reflejan los tres grados de desarrollo en que se encuentra la producción del embutido en el municipio.

Cada uno, con su actitud, o sus palabras, planteó interesantes cuestionamientos a la iniciativa de la patente.

La indiferencia

El recorrido arrancó en el tradicional restaurante Las Quince Letras, donde Liliana De la Hoz y su familia, herederos de una larga tradición, preparan platos típicos de la cocina costeña en un escenario que seguramente no ha cambiado mucho desde que abrió el negocio, hace casi 100 años.  

En la cola de un amplió patio de tierra, en el que se levantan varias viviendas construidas al azar, los De la Hoz, una de las primeras familias en preparar Butifarras en Soledad, y tal vez en Colombia, elaboran el embutido siguiendo una técnica rustica e invariable, que ha pasado de generación en generación.

Mientras trabajan escuchan en la radio canciones inmortales de los grandes intérpretes del vallenato y la salsa, mezcladas con la algarabía de la vida domestica y los gritos, a veces cargados de vulgaridades, de las matronas regañando a los hijos desobedientes.   

A Liliana De la Hoz no le interesa el tema de la patente, tampoco le preocupa, porque su negocio, a pesar de su precaria infraestructura, sigue siendo próspero y le da para vivir a su numerosa familia.

En las Quince Letras no tienen maquinaria, la carne la mandan a moler donde un tipo que les cobra 200 pesos por libra. Todavía cocinan las ‘butis’ con leña y la venden a 250 pesos cada una. 

“Acá no ha llegado nadie a hablarnos de patentes. El restaurante tiene su Cámara de Comercio y punto. Hace años estuvimos en una fundación de butifarreros, pero, al final, alguien se quedó con las máquinas y por eso nos toca pagar la molida de la carne”, explicó. 

Sueños de exportador

En la calle 17 con carrera 19 está el negocio de Hugo De la Hoz Gutiérrez, quien también es descendiente de un linaje que lleva tres generaciones preparando, vendiendo y viviendo de las butifarras.

Hugo tiene el negocio en su propia casa, sus clientes tienen que entrar como si fueran una visita y sientan en el comedor de la sala, o en el que está al fondo, junto al patio cerrado, donde la familia elabora las butifarras en un espacio que se puede llamar semi-industrial. 

Para Hugo, quien se jacta de preparar ‘butifarras tipo exportación’, la ventaja de la patente es que, precisamente, les dará a los soledeños vía libre para llenar el mundo con el embutido, el mismo que inmortalizó Pacho Galán en una de sus canciones.

Claro, que el intuitivo Hugo sabe que para entrar a los mercados extranjeros los productores tienen que llenar una larga serie de requisitos y por eso se está preparando, y dice que va a comprar maquinaria y a reorganizar el negocio para ser más competitivo.

Hace un par de meses asistió a una reunión informativa que hizo la Alcaldía, pero el tema de la patente no le quedó claro.

Dice que, al parecer, los butifarreros van a montar una cooperativa en unión con los artesanos, pero no sabe a quién le van a dar la patente, si tiene algún costo, o si el Municipio va a recibir recursos por este concepto. 

“Lleguen a la Alcaldía, a la Secretaría de Cultura, que es donde están manejando el asunto y averigüen bien”, es su consejo. Al final recuerda que en la reunión también se habló de edificar un gran parador turístico, donde los ‘cachacos’ van a llegar y a gastar mucho dinero, porque van a tener todos los productos típicos de Soledad en un solo sitio.

David vs Goliat

A cuatro casas de la vivienda de Hugo, en un local imponente, queda Butifarras Monsa, el negocio tiene aire acondicionado, un congelador bien surtido con cerveza y gaseosa, baño, y un televisor de pantalla plana de 42 pulgadas para que los clientes vean películas mientras degustan el embutido. 

Su propietario, Miguel Darío Monsalvo Lazcano, sentencia que él y las butifarras se necesitaban mutuamente, ya que la elaboración y venta del embutido le ha traído bienestar y prosperidad económica, y él, con su astucia natural para los negocios, le dio ‘caché’ al producto.

Monsalvo Lazcano se enorgullece de que fue el primero en preparar las butifarras en un espacio industrial y en empacarlas en bandejas de icopor selladas con un plástico transparente, “para que no diera pena regalárselas a la novia, a la suegra, al doctor, al notario, al médico”, dice.

Puede que este hombre no tenga el respaldo de la tradición que ostentan Liliana o Hugo, pero su filosofía de mejoramiento continuo le ha traído la prosperidad de la que carecen los otros butifarreros.

Y esta buena racha se refleja en su local, en la presentación de su producto, en la maquinaria de su cocina, en los uniformes de sus empleados, y hasta en su forma de sentarse, hablar y sobre todo de pensar.

Monsalvo Lazcano no es profesional, no tiene una carrera, ni títulos, montó el negocio después de haber quebrado en otra iniciativa de emprendimiento, aprendió con los que saben hacer butifarras (las malas lenguas dicen que fue alumno de Hugo), y luego trabajó duro y forjó su propio camino.
A él, que tiene mentalidad de empresario, el cuento de la patente no lo convence del todo.

“La butifarra que elaboramos los productores de Soledad es artesanal, si se nos mete una empresa grande como Cunit, por ejemplo, nos acaba; por eso debe haber parámetros claros con ese cuento, yo no quiero que las grandes industrias nos vayan a acabar”,  advierte.

¿Patente = Monopolio?

Y las sospechas de Monsalvo Lazcano no son desatinadas ya que, según Wikipedia, una patente “es un conjunto de derechos exclusivos concedidos por un Estado al inventor (o su cesionario) de un nuevo producto susceptible de ser explotado industrialmente, por un período limitado de tiempo”.
Asimismo, “(…) una patente garantiza un monopolio de explotación de la idea o de una maquinaria durante un cierto tiempo (…)”.

Y lo más preocupante “(…) el titular de la patente tiene lo que se denomina un derecho negativo sobre la tecnología patentada. Este derecho le permite impedir que terceros sin su consentimiento: fabriquen, usen, vendan o importen el producto patentado usen el proceso patentado, y usen, vendan o importen el producto obtenido de ese proceso”.

En este orden de ideas, la persona o quien obtenga la patente de las butifarras tendría total control sobre la producción, distribución y venta del sabroso embutido que es la fuente de ingresos de innumerables personas en Soledad, Barranquilla, la Costa Caribe y en otras partes del país.

Sin respuestas

Este medio buscó respuestas a las dudas de los productores de butifarras en la Secretaría de Cultura de Soledad, pero la titular de la cartera, Saskia Donado Ibáñez, no nos pudo atender; y la funcionaria que, según los encargados, maneja el tema al dedillo, nos dijo por teléfono que no estaba autorizada a hablar y que lo mejor era tratar directamente el tema con el alcalde Franco Castellanos.
 

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