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Desde bien temprano la entrada al parqueadero y, en general, las inmediaciones del Hotel Sonesta se plagaron de hinchas que, como una especie particular de peregrinos en busca de un alivio para el alma, se acercaron con la esperanza de poder atisbar aunque fuera por solo un momento a alguno de sus ídolos.

'¡Falcao, James!' Gritaban los fanáticos fieles, que ayer estuvieron al acecho cazando en medio de esa mañana luminosa en la que todos los colombianos despertaron con un gusto a clasificación.

Cada cual estaba tras su propia cruzada personal, quizás un autógrafo, una fotografía, un estrechar de manos, un abrazo, o simplemente un saludo en la distancia.

Gabriel o mejor Mingo, como se conoce en el ambiente futbolero a este entrenador de ligas menores, llegó a Barranquilla el miércoles, luego de un largo viaje de 10 horas que emprendió desde Apartadó en una camioneta prestada.

Mingo preguntó con propiedad en la portería por dos jugadores en especial Amaranto Perea y Juan Guillermo Cuadrado, con los que ayer esperaba compartir unos cuantos minutos.

'Yo recuerdo muchas cosas bonitas porque esos pelaos llegaron a la escuela cuando todavía eran unos niños, entre los 9 y 10 años, e hicieron su proceso con nosotros. No son los únicos, porque por allá pasaron también Elkin Murillo, el difunto Carepa Gaviria y otros que juegan el fútbol profesional colombiano ', anotó.

Mingo fue uno de los pocos de entre las decenas de hinchas apostados en los alrededores del Sonesta que logró su cometido y estuvo más de media hora conversando con Amaranto Perea, ya que Cuadrado ya no estaba en el hotel.

La escuela Mingo Club inició con tan solo doce muchachitos llenos de sueños y hoy ya cuenta con cerca de cien. 'Nosotros trabajamos con niños de escasos recursos de Apartadó, Necoclí, Turbo, Currulao y otros municipios aledaños y, mire, el talento que se ha logrado descubrir allá, de talla internacional', dijo.

Luego del encuentro con Amaranto, Gabriel regresó feliz con fotos y las camisetas firmadas que fueron un encargo de varios pequeñines que las recibirán con alegría.

'Fue un partido muy enredado con un primer tiempo que fue un desastre y un segundo tiempo estupendo. El mismo Amaranto me contó que ellos estuvieron muy desmoralizados, pero con la charla del entretiempo y los cambios que se hicieron se logró cambiarle la cara a ese partido', relató.

Adalberto Viñas es un estudiante de artes plásticas de la Escuela Distrital de arte, es un hincha ‘pura sangre’ que ha volcado todo su talento con su plumilla y pincel dibujando a sus héroes. 'Mi inspiración en este momento es la Selección. He logrado que James y Falcao firmen mis dibujos. Hoy espero que me firmen otro, porque tengo muchos', indicó mientras enseñaba una de sus obras.

La misión del patrullero Antonio Navarro era conseguir un par de autógrafos para sus dos pequeños de 6 y 4 años, que le esperan en Quibdó, lugar donde se encuentra asignado este policía que lleva ya más de tres días intentando por todos los medios conseguir las firmas de Ospina y Falcao, los jugadores predilectos de sus pequeñitos. 'Con esta es la quinta vez que lo intento. Estuve en el aeropuerto, en los entrenamientos, en el estadio. Y si no lo logro aquí, los pelaos se me van a traumatizar', afirmó el patrullero, quien ayer no era más que otro padre intentando hacer feliz a sus chiquillos.

Los hinchas con sus gestos de cariño y admiración agradecieron a sus ídolos por lograr después de 16 años, la hazaña de volver a poner el fútbol colombiano allá, en la órbita más elevada del fútbol mundial y al lado de las estrellas más fulgurantes.

Por Carlos Polo