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Alonso Salazar Jaramillo, periodista, escritor y ex alcalde de Medellín. Cortesía
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“En los 80 había la idea de que la revolución era irreversible”

Alonso Salazar J. presentó su nuevo libro ‘No hubo fiesta: crónicas de la revolución y la contrarevolución’, en el que habla de algunos de los actores del conflicto armado. 

Alonso Salazar es, en esencia, periodista. En sus libros se ha encargado de dejar registro de sus investigaciones. Con No nacimos pa’ semilla reveló el mundo de los jóvenes que asociados a bandas criminales han estremecido a Colombia con sus acciones temerarias. En La parábola de Pablo hizo un retrato completo del narcotraficante, que armó a través de archivos y testimonios inéditos. En su nueva publicación No hubo fiesta, relata la vida de algunos de sus amigos de universidad, que hace unas décadas querían “salvar” al mundo de sus injusticias. 

Salazar perfila la vida militante de Tacho, Jorge, Jairo, José, Mateo e Iván Ríos, como también de sus líderes y las guerrillas de las que fueron parte.

El ex alcalde de Medellín explicó que “el libro tiene dos partes especiales. Una básicamente es la historia de mis compañeros de universidad que en los años 80 fueron a la guerrilla, al M-19, al Epl, a las Farc y a través de ellas un poco una visión de la guerrilla y lo que en el país pasó con ellas. La otra parte es la de los paramilitares que se cruzan con la vida de ellos”. 

Para escribir la historia se basó en un trabajo de reportería que hizo durante varios años en el que conversó con distintos lideres paramilitares, visitó sus zonas e hizo entrevistas con ellos en la cárcel.

El autor de Profeta en el desierto manifestó que desde los años 80 se había iniciado una oleada de movimiento estudiantil en Cali que se conectaba a su vez con las luchas agrarias de los campesinos. “Se vivía un crecimiento, sobretodo de ideales de las luchas guerrilleras, pero al mismo tiempo la izquierda estaba muy dividida”.

Agregó que existían muchos grupos y disidencias, pero que “había como un ensimismamiento, como una incapacidad de entender de manera más completa al país y una idea de que la revolución era irreversible”. 

Salazar además considera que todo lo que sucedió opacó la posibilidad de la izquierda. “Se fueron encaminados sobretodo a la acción armada y esa acción armada tampoco tomó en cuenta las sensibilidades, los resultados, sino que se proyectó a lo largo de mucho tiempo”.

Una de las historias que retrata el libro es la de Iván Ríos, quien estudiaba en Medellín y se convirtió en miembro del secretariado de las Farc. Ríos es recordado porque sus propios compañeros fueron quienes lo mataron y le cortaron la mano para que el ejercito pudiese demostrar su identidad. 

Pero a su vez, desde el título, No hubo fiesta, Salazar hace alusión a que ni desde que empezó el movimiento ni cuando terminó hubo algo que pudiese ser llamado fiesta, contestando al anuncio que realizó Jaime Bateman, comandante del M-19, cuando dijo que la revolución sería una fiesta. 

“Creo que del propio Bateman hay un origen de una terquedad militar que lleva a que esa fiesta  se pase por agua. Porque él, que había colombianizado el lenguaje revolucionario y hablaba de democracia, cuando apareció el gobierno de Belisario Betancourt abriendo las puertas del diálogo, se radicalizó”, expresó Salazar.

El escritor agregó que se esa misma postura que tomó Bateman la continuaron sus sucesores del M-19 después de su muerte, y eso a su vez “elevó el tono de las guerrillas en Colombia, seguido entraron en escena de una manera mucho más fuerte las Farc, sobretodo, –y ya sabemos pues que su acción se prolongo demasiado– y luego provocó la acción paramilitar y todo se fue volviendo como oscuro”.

Sin embargo, Salazar no piensa que las organizaciones guerrilleras con todo lo que sucedió hayan perdido sus ideales. “Lo que si creo es que una lucha tan larga, tan extenuante, los llevó a confundir los objetivos de esos ideales con las formas. Se casaron de una manera incondicional con el concepto de la lucha armada que habían mitificado y luego no tuvieron conciencia de las consecuencias que sus acciones desataban”.

El autor también precisó que las guerrillas que contaban con una base más política se desmovilizaron más rápido que las que tenían una sustentación mítica o que estaban encerradas en sí mismos, como es el caso de las Farc y el Eln.

Frente al panorama político actual el escritor opinó que en las elecciones se van a armar grupos en dos sentidos, por un lado los de perspectiva de centro y centro-izquierda –defensores del acuerdo de paz– y por otro lado los sectores que son de derecha y defienden el statu quo. 

Además dijo que por lo general a las guerrillas desmovilizadas no les va muy bien en la contienda política y que lo más probable es que las Farc se unan al liberalismo, pues este partido ha apoyado desde el principio los acuerdos de paz.

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