Economía

El domicilio: ganarse la vida sobre ruedas

Esta actividad se convirtió en un refugio para miles de barranquilleros en medio de la pandemia. Conozca dos historias de emprendimientos familiares.

Fernando Pardo se levanta todos los días a las seis de la mañana. Se prepara un desayuno al que acompaña con café y luego de compartir con su familia en la mesa procede a ver su teléfono para chequear las primeras órdenes del día.

Cerca de las nueve se sube a su moto para iniciar con la extensa jornada de entregas que llega hasta las siete de la noche y cuya zona de cobertura abarca parte del área metropolitana de Barranquilla. Desde hace ocho meses esta es su rutina.

Ser domiciliario se convirtió en algo más que un trabajo temporal, se volvió el sustento principal de su familia.

Pardo es parte de los millones de colombianos que quedaron desempleados como consecuencia de la pandemia y que les tocó “resolver” colocando las dos manos al timón, un casco de protección y las ganas de poder llevar la comida a su casa sobre las ruedas de un vehículo, una moto o una bicicleta.

“Gracias a Dios me ha ido bien, no me puedo quejar. Todos los días estoy llevando la comida a la casa. Muy contento con los clientes que están satisfechos”, confesó Pardo, quien puede llegar a hacerse entre ocho a 12 domicilios por día.

La sinceridad y la honestidad son los valores con los que Pardo identifica su trabajo y con los que lleva un mensaje de dignificación del oficio entre sus colegas y el público en general.

La oportunidad laboral que tomó este barranquillero se la ofreció su primo John Sepúlveda, quien junto a su esposa Natalia Chelia decidieron emprender una empresa de domicilios en medio de las semanas más duras de la pandemia en la ciudad.

Creando una empresa familiar

A principios del 2020, John Sepúlveda esperaba con ansias una llamada para volver a retomar sus labores como contratista, pero el teléfono nunca sonó.

Decidió seguir adelante por el bienestar de su familia. Desempolvó la moto que adquirió en 2014 con ayuda de su madre y una vecina, tomó su chaleco y su casco y se dedicó al mototaxismo por segunda vez en su vida, una actividad que pensó dejar en el pasado como recuerdo de la evolución personal.

“Pasé de tener un buen salario a hacer de mototaxi de nuevo”, recordó con ojos aguados.

Natalia Chelia, esposa de Sepúlveda, se preocupaba cada vez que lo veía salir de la casa. Un abrazo y un beso no bastaban, por lo que entre ambos decidieron conversarlo para apostarlo todo a un proyecto en familia.

Así nació en marzo del año pasado la mipyme familiar: Centro de Envíos y Domicilios Integrales (CEDI). “Fue un inicio loable, porque no teníamos mucho dinero para arrancar. Iniciamos con una base de $ 35 mil que me prestaron mis familiares”, recordó Sepúlveda.

La formalidad llegó a finales de mayo con el registro en la Cámara de Comercio de Barranquilla (CCB) y con ello llegó el “aumento de nivel”, pues consiguieron nuevos contratos, más horas de actividades y un crecimiento sostenido hasta noviembre.

“La primera vez que nos dimos cuenta de que habíamos crecido fue cuando teníamos entre seis o siete domicilios al mismo tiempo y no podíamos atenderlos. Llamamos a un vecino y a amigos para que nos ayudaran. Nos dimos cuenta de que pudimos brindar empleo en un país que lo necesita (...) Cuando le dimos el trabajo a mi primo Fernando, ese día sentí el verdadero significado de la palabra gracias”, dijo Sepúlveda.

Recordó que las ventas fueron disminuyendo desde que la ciudad comenzó a recuperar su normalidad. Es así como las ventas cayeron un 30 % entre agosto y octubre, mientras que un 70 % en noviembre y enero.

Sin embargo, afirma, que con lo que se genera en la actualidad han “podido sostenerse”.

Luego de recorrer un largo camino en medio de una pandemia, mirando en retrospectiva, John recuerda cada kilómetro con nostalgia.

Agradece a Dios por lo que llegó y llegará en un futuro y le envía un mensaje de esperanza y fe a cada emprendedor sobre un mejor porvenir.

“Si ya tienes una clientela, emprende. Claro que es entendible tener miedo a registrar formalmente, al cobro de impuestos, pero eso te da respaldo(...) Ser domiciliario me brindó a mí, a mi familia y a otras seis más la posibilidad de tener una estabilidad económica en un momento de crisis. Para nosotros, tener esta estabilidad, viviendo en un estrato 1 nos inspira a seguir luchando por crecer y surgir”, dijo Sepúlveda.

John Sepúlveda y su esposa Natalia Chelia.
Emprender desde la necesidad

El primer pico de la pandemia cayó como un balde de agua fría para Daniela Villegas y su familia, pues tuvieron que cerrar los almacenes de ropa que tienen en la calle 30 de Barranquilla.

Rápidamente, Villegas adaptó su modelo de negocio a las plataformas virtuales, por lo cual el servicio de domicilios era fundamental.

Henry Vásquez, esposo de Villegas, comenzó a hacer los primeros envíos y aunque el resultado fue el deseado, no era la posición en la que Vásquez se sentía a plenitud.

Por ello, al lograr una base consolidada, contrató dos motos y a dos barranquilleros y desde entonces la marca Domiflash está creciendo a “buen ritmo”, pues en la actualidad ya cuenta con clientes fijos y tiene 14 domicilarios a su cargo.

“Mirar hacia atrás me permite estar orgulloso de lo que se ha logrado en medio de la pandemia. Haber brindado trabajo me hace sentir afortunado y bendecido. Puedo decir que tengo al primer trabajador aún conmigo. Nos hemos vuelto una familia (...) Este crecimiento nos ha llevado a crearnos un espacio en medio de lo competitivo que es este mercado”, recordó Vásquez, gerente de la empresa de domicilios.

“Ser domiciliario me ha ayudado a sobrevivir”.

Desde hace tres años, Jorge Eliécer Polo se desempeña como domiciliario en la plataforma colombiana Rappi. Aunque comenzó en algunos tiempos extra, este oficio se ha convertido en su principal fuente de ingresos, sobre todo, desde el confinamiento inicial.

“En la pandemia, pensé que todo se venía abajo, pero ser domiciliario me ha ayudado a mantener a mi mamá, a pagar el arriendo y a poder tener qué comer (...) Poder atender a la gente es muy gratificante para mí”, dijo Polo.

Plataformas

Las plataformas como la colombiana Rappi o la brasileña iFood vieron al inicio de la pandemia un aumento de sus flotas de domiciliarios, como respuesta a un alza de solicitudes de ciudadanos en búsqueda de un trabajo.

Según Rappi, en Barranquilla desde marzo de 2020 se han registrado 17 mil nuevos socios, de los cuales 3.900 se encuentran activos.

Por su parte, en iFood se registraron 6.900 personas desde el inicio de la pandemia y en la actualidad la flota es de 8.700 personas entre Barranquilla, Soledad y Puerto Colombia. De esta cifra, 8 % son mujeres y 13 % población migrante.

¿Cuál es el futuro de la regulación de las condiciones laborales?

Las plataformas de domicilios han sido, en el marco de la pandemia, un consuelo para millones de colombianos que han quedado desempleados, por lo cual el reto de la regulación sobre las condiciones laborales en estos momentos cobra aún mayor importancia.

Así lo señaló el centro de estudios Fedesarrollo en el informe sobre el impacto de la economía colaborativa publicado en 2020.

De acuerdo con el texto, las economías colaborativas, donde están agrupadas las plataformas, representan alrededor del 0,02 % del PIB.

Los trabajadores de estas plataformas ganan alrededor de $ 780 mil al mes y el 40 % cuenta con altos niveles de educación y el domicilio es su actividad principal.

En la actualidad, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo, existen varias propuestas en el Congreso de la República, publicadas por congresistas, pero hasta ahora no hay nada aprobado, aunque la entidad se ha mostrado abierta a discutir sobre el tema. De hecho, al ampliar el espectro, es posible encontrar que actualmente está en discusión la regulación de las plataformas de transporte colaborativo, un precedente a destacar.

En diálogo con EL HERALDO, Gissette Brochero, gerente de logística de iFood, resaltó el compromiso de la firma brasileña por apoyar a las autoridades a “crear un marco legal y jurídico que sea equilibrado para todo el ecosistema, incluyendo la seguridad social de los domiciliarios, en un ambiente seguro, competitivo y sostenible para las empresas de tecnología y la economía, partiendo de la creencia de que es lo correcto en el contexto colombiano”.

Brochero agregó que desde la plataforma creen que “los domiciliarios merecen un esquema donde puedan contar con seguridad social”.

En ese sentido, la plataforma comenzó a cubrir la seguridad social y el pago por un seguro de accidentes a los más de 50.000 domiciliarios inscritos en la plataforma que deseen acceder a los beneficios.

“Acceder al sistema de seguridad social significa acceder al sistema de salud, que es algo que creemos todos los domiciliarios deberían tener”, agregó.

Por su parte, Andrés Palacios, gerente general de Rappi para la Costa Caribe, señaló que “se debe crear una regulación que permita que los prestadores de servicios independientes tengan opciones para acceder al sistema de seguridad social con mecanismos eficientes que respondan a la libertad y autodeterminación que tanto valoran las personas”.

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp
Convierta a El Heraldo en su fuente de noticias

Más noticias de:

  • domicilio
  • Pandemia
  • COVID-19
  • Economía
  • emprendimiento
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1. Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2. Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3. EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4. Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.
Ya soy suscriptor web