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La persistente pobreza y la alta desigualdad en el país son el resultado directo de una organización productiva deficiente. Esto fue lo que dio a conocer un informe realizado por Fedesarrollo y la Universidad de los Andes.

Y es que el estudio, analizado por las economistas Marcela Eslava y Marcela Meléndez, indicó que Colombia sufre de una estructura laboral dominada por el autoempleo informal y empresas de muy baja productividad que impiden el crecimiento económico y la movilidad social.

En ese sentido, agregaron que en Colombia, la equidad y el crecimiento económico no son objetivos en conflicto, sino que ambos dependen de una transformación productiva que permita a los ciudadanos generar ingresos propios a través de empleos de calidad y actividades de alta productividad.

“Las políticas activas de promoción productiva propician mejoras en la ruta a esa transformación. Pero no operan en el vacío y su efectividad resulta erosionada si el resto de la política pública no ofrece capacidades y condiciones coherentes con el objetivo productivo”, señaló el informe.

Pero ahora pasemos a los números. En cuanto a ingresos más bajos, el 88 % de los trabajadores son por cuenta propia y laboran en negocios de menos de cinco personas. Así a nivel nacional, el autoempleo representa el 44 % del empleo total, lo que significa una cifra superior al 29 % del promedio latinoamericano y al 10 % de los países de ingresos altos.

El estudio de Fedesarrollo y la Universidad de los Andes enfatizó que el salario mínimo en Colombia está lejos de ser efectivo porque llega apenas a 2,4 millones de trabajadores, lo que representa cerca del 10 % de la población ocupada.

Además, se reveló que en 2024, el 49 % de los trabajadores ganaba menos de un salario mínimo (11 millones) y un 29 % percibía menos de la mitad de este.

En otro ámbito, las brechas educativas siguen siendo abismales. Para 2023, mientras el 53 % de las personas del cuartil más rico contaba con educación técnica, tecnológica o universitaria, solo el 7 % del cuartil más pobre alcanzaba este nivel.

Incluso, dice el informe que el 39 % de la población más pobre tiene como máximo nivel educativo la primaria o menos.

“La educación es una inversión fundamental para el capital humano. Colombia viene superando brechas de logro en educación, pero sigue teniendo proporciones no despreciables de personas que no completan niveles de educación más allá del primario, y la velocidad a la que cierra estas brechas varía a lo largo de la distribución del ingreso. Además, las brechas de calidad remanentes plantean aún un gran reto. La capacidad de innovación, central para una buena dinámica de productividad y crecimiento, depende críticamente de un sistema educativo que produzca personas capaces de leer, comprender, pensar de manera crítica y aprender de manera permanente”, enfatizaron.

Agregaron en el estudio que el diseño de las políticas públicas actuales castiga la creación de empresas productivas, dado que Colombia ostenta los costos laborales extrasalariales más altos de América Latina, representando un 60 % del mínimo (frente a países como Chile con un 28 % o México con un 36 %).

“A esto se suma que el país tiene la tasa nominal de impuesto corporativo más alta de la región, un 35 %, lo que dificulta la sostenibilidad de negocios pequeños y medianos que podrían generar empleos de mejor calidad. La verdadera solución radica en conectar a la población con actividades de alta productividad”, afirmaron las economistas Eslava y Meléndez.

¿Qué se debe hacer?

Como puntos esenciales, Fedesarrollo y la Universidad de los Andes plantearon una visión que combine crecimiento, productividad y equidad como ángulos indisolubles de la misma estrategia, y un esfuerzo político por congregar al país alrededor de esa ilusión, indispensable para garantizar y legitimar su estatura como prioridad fundamental.

También recalcaron que debe haber compromiso con la coherencia entre esta prioridad y el conjunto de la política pública.

“Este requiere una institucionalidad que dé dientes a ese compromiso. Podría ser fundamental el liderazgo de, por ejemplo, un Departamento Nacional de Planeación reformado, con capacidades técnicas y estatura política reforzada”, afirmaron.

Además, plantearon la consolidación de programas gubernamentales de fomento a la productividad y la innovación, hoy fragmentados, en una estrategia única conformada por pocas intervenciones activas de fomento, robustas y que hayan demostrado su efectividad en evaluaciones realizadas con metodologías robustas.

Agregaron que debe existir un compromiso con la calidad y el logro educativos, especialmente en habilidades transversales en las etapas tempranas, educación versátil y de calidad para los jóvenes, y reentrenamiento a lo largo de la vida, en el trabajo y fuera de él.

Por último, manifestaron que la búsqueda paralela de mecanismos menos distorsionantes para fomentar la transición de quienes hoy no se vinculan a actividades de alta productividad: desde inversiones en su capital humano hasta esquemas de transferencia diseñados para no desincentivar la vinculación asalariada y formal, sino por el contrario para incentivarla.