Este modesto columnista deportivo, cuando las circunstancias lo aconsejan, se vuelve repetitivo en sus planteamientos y tenaz en sus afirmaciones, mientras no se pruebe lo contrario. Decimos esto porque vemos que el empeño distrital y de los dirigentes beisboleros, no se inclinan por dotar a Barranquilla de un nuevo estadio para béisbol profesional y llegadas las ocasiones para eventos internacionales como los tuvo nuestra ciudad en épocas pasadas, sino cosa muy distinta.

No se busca un estadio nuevo, grato, deslumbrante, ubicado en un sector que lo ayude a ser un fortín taquillero en beneficio de nuestro prestigio como urbe deportiva, sino machacar en el sitio donde un puñado de necios prestigio plumíferos y microfoníferos beisboleros 25 o 30 años atrás armaron una algazara de 7 pisos, hasta conseguir la voltereta estúpida del diamante de juego, que desde sus orígenes en 1946 estuvo orientada de sur a norte, solo para facilitarle al aficionado un acceso corto y fácil al estadio. Nariz con boca, como se dice. Cuanto hicieron, en la voltereta, fue poner a Juan Fanático a caminar 250 o 300 metros en busca del taquillero para poder entrar al recinto. Respuesta: “Entrará la madre de todos ustedes, pero lo que soy yo no vuelve”.

Ya estos tiempos son otros y lo peor que le puede pasar a la ciudad que se vuelve remolona como es esta Barranquilla de ahora, en poder de un 80% de mataconguitos venidos de pueblos, corregimientos y veredas y acá instalados, se nos han vuelto personajillos de pacotilla, poniendo su vista y su mente hasta donde mas pueden llegar, que no es más allá de sus narices, y eso de emprender la tarea de hacer un nuevo estadio en lugar indicado y dejando el Tomás Arrieta para el béisbol amateur, no es empresa deportiva que los abruma de alegría.

Barranquilla tiene mas de 60 años que no construye un estadio para béisbol, a pesar de todos los pergaminos beisboleros que tiene y todo el empuje que mostró en tiempos ya idos, dolorosamente, mientras en ciudades como Medellín, Cali, Bucaramanga, Cartagena, piensan en grande, a todo trapo y salga el sol por anquera, como decía una vieja expresión de nuestros mayores. No hay sino que ver los millones sobre millones que el centralismo desgraciado este que parece que es inmortal, le niega al 90% del resto del país, acaba de soltarles a esa villas privilegiadas, como escamoteadas a los ciudadanos de “segunda clase”, entre los cuales vamos adelante los barranquilleros con la banderita en alto.

Reparar a tiempo; remodelar y hasta ampliar son verbos acariciables. Pero mejor que todos esos es construir, edificar, hacer cosas nuevas y magnificentes, porque es aumentar bienes para generaciones que vienen empujando y ante los cuales hay otras generaciones que vienen empujando y ante los cuales hay otra generación que tiene que dar paso a un costado. Y no digamos más, que más ya no podemos decir...

Por Chelo De Castro

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