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Muhammad Ali fue uno de los grandes símbolos del deporte del siglo XX, incluso en países donde el boxeo no era un deporte especialmente popular. Su figura está asociada también a la lucha de la comunidad negra por sus derechos civiles y a los conflictos políticos que desgarraron a Estados Unidos en los años 60 y 70.

Ali hizo algo que pocas figuras del deporte han hecho nunca: renunciar a todo para defender sus ideas políticas. Sus freses ingeniosas fueron usadas en muchas de las canciones de la época y algunos comic los inmortalizaron como el superhéroe negro.

Aquí un recuento de la presencia de Ali fuera de las cuerdas, donde también fue grande:

La música

La política

Fotos archivo EL HERALDO

Nunca, nunca lo olvidemos: durante la década de 1960, Muhammad Ali no era sólo un icono o un deportista de éxito: era un alienígena. Nunca dispuesto a callarse, siempre dispuesto a soltar verdades como puños (enguantados) y llevando sobre sí todas las contradicciones de la lucha por los derechos civiles, todo en él suponía una victoria de la autoestima y de la conciencia individual sobre un sistema empeñado en verle como un paria (primero), un bufón (después) y, finalmente, como un saco de músculos sólo apto para cosechar knockouts.

Su alianza con la Nación del Islam, sus momentos de fanatismo (corregidos, con estudio y firmeza, a lo largo de los años), su machismo o la ruptura de su amistad con Malcolm X no han de ser vistos sino como esas contradicciones que tan fácilmente le perdonamos a otros grandes personajes, contando además con que un país entero trataba de reducirlo a la nada. Y, claro, luego están esos otros momentos: 'El reclutamiento [para la guerra de Vietnam] es una cosa de hombres blancos mandando a hombres negros a matar hombres amarillos para defender la tierra que le robaron a los hombres rojos', '¿Por qué deberían pedirme que me pusiera un uniforme para ir a 10.000 millas de casa, cuando a los negros de Louisville los siguen tratando como a perros?' y el definitivo 'ningún vietnamita me ha llamado nunca 'negrata'. Tampoco se hubieran atrevido, cabe añadir.

El cine

En cambio, Rocky III (1982) mostraba al icono bajo una luz muy diferente: en oposición a Clubber Lang (Mr. T), un púgil de perfil tysoniano tanto en su poca sutileza verbal como en su forma de combatir, el stablishment se permitía echar de menos a un Ali ya retirado, que mostraba los síntomas del mal de Parkinson y cuyas virtudes (agudeza, fidelidad inconmovible a sus principios y elegancia en el ring) resultaban fáciles de añorar ante el perfil de esas nuevas figuras criadas en un gueto al que las reaganomics iban volviendo aún más infernal.

Stallone, señalemos, había asistido al último combate del gigante, librado contra Larry Holmes en Las Vegas en 1980, y saldado con una derrota penosa. 'Era como presenciar la autopsia de un hombre todavía con vida', señaló el actor y director. Cabe reconocer, de esta manera, su humildad cuando hizo que una figura inspirada en Ali le enseñase a su personaje 'la mirada del tigre'.

Los cómics

Fotos archivo EL HERALDO

Por supuesto, aquí es imprescindible citar Superman vs. Muhammad Ali (1978), el delirante crossover en el que Denny O'Neil y Neal Adams llevaron al último kryptoniano a cruzar guantes con el Más Grande. Pocas críticas podemos hacerle a ese tebeo: O'Neil captó con finura el talento de Ali para la oratoria (impagable, la escena en la que el púgil explica los distintos golpes comparándolos con argumentos en una discusión) mientras que el dibujo de Adams retrata al boxeador como una figura titánica, tan plena de terribilitá en sus músculos como de carisma en sus expresiones.

Citamos a nuestro compañero Daniel Ausente, de su imprescindible libro Black Super Power:'El Ali de tebeo es tan real como el Ali mediático, bocazas, rabioso y, al mismo tiempo, encantador, capaz de las más enormes gestas en la frontera de lo sobrehumano. El único superhéroe negro genuino de verdad'. Pero aún hay más: sin Ali, y sin el período de lucha étnica al que éste sirvió como uno de sus más excelsos portavoces, héroes negros como Luke Cage, el Halcón de Steve Englehart o John Stewart, el Green Lantern afroamericano, jamás hubieran visto la luz.

*Servicio informativo ElDiario.es