El Heraldo
Martín Nova
Cortesía
Cultura

“La historia del arte en Colombia no está bien contada”

En ‘Conversaciones con el fantasma’ Nova entabla un diálogo con 32 protagonistas de la vida artística nacional de los últimos 50 años, en el que le cuentan detalles, desde su experiencia.

En un principio, para Martín Nova, la idea de empezar con las entrevistas  surgió como una suerte de despedida de su abuelo, Leonel Estrada (1921 -2012), quien no solo fue odontólogo, sino también artista, gestor cultural y poeta. Estrada fue el gestor de las Bienales de Arte de Coltejer, de 1968, 1970 y 1972 en Medellín, que contribuyeron a la internacionalización del arte colombiano. 

Lo que empezó como una serie de conversaciones con amigos cercanos de su abuelo, en el proceso se convirtió en un proyecto más grande y ambicioso que traza un panorama de la historia del arte en Colombia desde sus protagonistas. Conversaciones con el fantasma nace entonces porque, según explica Nova, “la historia del arte en Colombia no está bien contada”. 

El empresario y productor del documental Magia Salvaje le contó a EL HERALDO, cómo empezó este proyecto, qué se encontró en el camino y cuál fue el papel de la Región Caribe dentro del panorama nacional.

P.

¿Cómo surgió la idea de hacer estas entrevistas y, posteriormente, publicarlas en un libro?

R.

Cuando empecé tenía la intención de conocer unos personajes y recopilar unas memorias antes de que se perdieran, ese fue el origen. Cuando murió mi abuelo Leonel (Estrada), Gloria Zea estuvo enferma –lo cuento incluso en el libro–, y tomé la decisión de llamarla y decirle que quería entrevistarla. En ese momento no tenía muy claro que quería, solo sabía que tenía ganas de entrevistar a los testigos mayores del arte en Colombia, es decir, las personas que por su edad habían sido más cercanas a las Bienales de Coltejer y a Leonel Estrada. Muy rápido la intención cambió, como a la tercera entrevista ya tenía otro foco, y ya había decidido hacer una cosa mucho más general entrevistando no solo a los mayores, sino también a los actuales y a los jóvenes y con esto dar una mirada completa, no solo al pasado, los orígenes y la historia –que eran mi interés inicial–.

P.

En el libro menciona que nunca pudo entrevistar a su abuelo. ¿Qué preguntas le habría gustado hacerle?

R.

Me habría gustado preguntarle por sus inquietudes acerca del arte, por qué las bienales y por qué tomó la decisión de hacer  él una bienal, específicamente.  También, ¿por qué la quiso hacer en Medellín y no en Bogotá? ¿Por qué se acabaron? ¿Cuáles fueron las criticas  que hubo en su momento? ¿Qué aprendió?¿Qué le faltó hacer? Básicamente esas cosas, algo parecido a las otras entrevistas, yo creo.

P.

Cuando comenzó a realizar las entrevistas tenía muchas preguntas. ¿Cree que logró responderlas todas?

R.

Sí, creo que tanto las preguntas del capítulo dos, que es puntualmente sobre Leonel Estrada, como las mías sobre el arte. Debo reconocer que para mí fue un proceso muy interesante en el que aprendí mucho. Algo que me gustó es que cada entrevistado, como no pertenezco al mundo del arte ni del periodismo, y soy relativamente cercano a muchos de ellos sin pertenecer a ningún ‘guetto’ del arte, se abrieron mucho conmigo y se generó un diálogo muy cordial, ameno, abierto y sincero. Entonces realmente aprendí mucho y es lo que quiero del libro, que quien lo lea también adquiera nuevos conocimientos, aprenda de arte, aprenda de la historia del arte y de las problemáticas del arte actual. Y también generar inquietudes en algunas personas, porque si yo escribí un libro como este, creo que cualquiera puede hacerlo. Porque yo no trabajo en esto y una de las lecciones del proceso fue que los hobbies hay que tomarlos enserio. 

P.

Muchos de los expertos de arte de vieja guardia dicen que la crítica en Colombia ha muerto. Después de hacer esta investigación, ¿qué considera que ha pasado con la crítica en el país?

R.

Creo que la crítica no ha muerto ni va a morir. Crítica siempre habrá. Lo que creo que es faltan nombres más visibles y que generen más movimiento y, al mismo tiempo, hace falta más visibilidad para la crítica. Creo que en los medios de Colombia, incluida la prensa, el espacio que se le da a la crítica de arte es nulo. En el libro se plantea mucho esa problemática, ¿qué está primero, la lecturabilidad –el número de lectores- o el contenido? Y sí no hay crítica porque no hay lectores o no hay lectores porque no hay crítica. Parte del rol de los medios, aparte de ser un negocio es educar e informar.

P.

¿Qué papel cumplió Barranquilla y la Región Caribe en los movimientos artísticos a nivel nacional?

R.

Una de las características del libro es que trata de mostrar una escena nacional, más que uno regional. Una de las problemáticas que trato de responder es el tema de la provincia vs la capital y cómo a través de la historia del arte en Colombia, o inclusive hoy, sigue habiendo una gran capital y unas provincias, en la que se incluyen Barranquilla, Medellín o Cali. Las provincias jugaron un papel fundamental y parte de los grandes artistas colombianos, si bien han vivido en Bogotá, no son de allá. Barranquilla ha  jugado un rol importante, porque es una ciudad que siempre ha sido muy avanzada, muy cosmopolita, con gran arquitectura  y con grandes artistas. Hay una pregunta que siempre repito, intencionalmente, que es: ¿Cuáles son los tres artistas más importantes de Colombia? Y artistas de la costa como Norman Mejía y Alejandro Obregón son nombrados constantemente en las respuestas, especialmente Obregón. Hay tres entrevistas que reflejan muy bien el tema, una es la de Álvaro Barrios, que cuenta  un poco de los orígenes del arte en el Caribe, algo sobre La Cueva; luego está Eduardo Serrano, y por último está Álvaro Medina que hace una descripción mucho más completa. Creo que esas tres entrevistas aportan a la memoria oral de lo que ha sido el arte en Barranquilla. 

P.

¿Considera que con el libro se podría tener un panorama de lo qué ha pasado y pasa con el arte en el país?

R.

Claro, yo si creo. Cada uno tendrá sus conclusiones propias, según sus propias verdades, puesto que no existe una verdad única. Y William Ospina lo plantea en el prólogo cuando dice “cada uno tiene su verdad o su pedazo de la verdad”. En el libro se habla del rol de las ferias, del coleccionismo, del mercado, del precio o las demandas dentro del arte y el precio de las obras, qué pasa con la crítica, qué pasa con la curaduría, por qué es importante la curaduría, entonces creo que sí, que todas esas problemáticas están expresadas dentro del libro y dan un panorama global.

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