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Convertirse en una de las fuerzas más influyentes del audiovisual colombiano no figuraba en los planes de Dago García cuando era un adolescente que soñaba con narrar goles. Su vida iba hacia otro lado, hacia las cabinas de radio, hacia el periodismo deportivo. Pero la vida, como él repite varias veces, está hecha de accidentes felices.

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El director y productor, responsable de títulos como La pena máxima o la franquicia de El Paseo y más recientemente de la exitosa serie de Netflix La primera vez, que estrenó su cuarta y última temporada, cuenta a EL HERALDO que las plataformas “son misteriosas”, pero adelanta que no es un cierre definitivo. “Vamos a tener otros contenidos complementarios... hay ganas de sorpresas”.

La serie, que comenzó sin grandes expectativas, terminó convertida en un fenómeno inesperado. Para él, eso lo explica debido a que “el éxito siempre es un accidente. Nadie planifica un éxito”. Ni debe creerse del todo responsable cuando ocurre, ni culparse cuando no pasa.

Lo único que queda, dice, es hacer bien el trabajo, decir lo que uno quiere decir y conectar con los circuitos de distribución. “Cualquier cosa puede pasar”.

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Recorriendo su vida

La conversación con el productor fue un recorrido por esos accidentes que moldearon su carrera, por los terremotos tecnológicos que desafían a la industria y por las fronteras nuevas que hoy se abren gracias al celular.

Dago recuerda sus inicios con esa satisfacción de haber encontrado en los accidentes la felicidad. “Mi objetivo cuando estaba en el colegio era convertirme en periodista deportivo, yo quería ser periodista. Estaba loco por el fútbol, loco por los deportes”, dice. Ya había decidido dónde estudiar y hasta cómo buscar trabajo en la radio. Pero su padre insistió en que debía tener un título profesional y lo empujó a la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Externado.

Allí ocurrió el primer giro de guion pues “Me encontré con unos profesores... que nos empezaron a hablar de cine de autor, a mostrarnos cine no como una simple forma de entretenimiento sino como un medio de expresión”. Esos maestros le cambiaron la cabeza y “me olvidé del periodismo deportivo y terminé involucrado en el audiovisual. Fue como un accidente victorioso”, detalló.

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NetflixLa Primera Vez S4. / Netflix ©?2026

La era digital

El Dago García que hoy revisa la industria lo hace con una mezcla de lucidez y alerta. Sus palabras muestran a alguien que ha acompañado, y sobrevivido, varias transformaciones del audiovisual colombiano.

“Estamos viviendo un periodo de caos”, afirma. La tecnología avanza más rápido que la ética, la ley o la formación profesional. Cada día se cae una certeza y aparece una nueva. Pero no todo es amenaza: hay un lado luminoso.

“Las tecnologías digitales han hecho una especie de democratización de la producción audiovisual”, explica. Lo que en los 90 era una hazaña, una cámara costosa, procesos de revelado en el exterior, riesgo económico y cero público, hoy cabe en un bolsillo. “Con un celular no solamente puedes hacer una película de calidad, sino distribuirla”.

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Pero no se queda en el discurso entusiasta sino que también marca la sombra grande, la saturación.

“Ahora el tema de la visibilidad es la mayor dificultad. ¿Cómo, en medio de ese hacinamiento de contenido, me hago visible? ¿Cómo capto y retengo la atención?”, se cuestiona.

Esto obliga a repensar todo: dramaturgia, dirección, promoción y hasta la manera de narrar. El audiovisual, dice, está en plena mutación.

Grabó con celular

En pandemia, con el planeta detenido y el tiempo estirado, Dago desempolvó un proyecto personal con su esposa: reinterpretar los cuentos de hadas desde una mirada contemporánea, más consciente del rol femenino. Así nació Las princesas de hoy.

“Hicimos cinco cuentos... Se grabó todo con un teléfono celular de parche”, cuenta. Con muñecos de fieltro y escenografías pequeñas, lograron un producto que terminó convertido en podcast visual por Bumbox y usado incluso por el ICBF. Una muestra de que las autopistas de distribución ya no son solo los canales tradicionales.

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“Hay que pensar no solo en cómo producir, sino en cómo usar y monetizar lo que hacemos”, reflexiona. Y pone como ejemplo series web patrocinadas o alianzas con marcas: nuevas rutas que ampliaron lo posible.