En las afueras de un salón de eventos ubicado en la carrera 47 con calle 72, varios de ellos esperaban ansiosos su turno, eso sí guardando los respectivos dos metros de distancia y utilizando el tapabocas para evitar el contagio del coronavirus. Ella no estaba sola, a su lado permanecía José Luis Brieva, intérprete de lengua de señas, quien labora con la EDA. Milena se puso un suéter rojo, tenis y sudadera negra, y tras mirar con atención las señas de José Luis comenzó a bailar a ritmo de salsa, merengue y pop. Con una meta clara 'Principalmente quiero trabajar con niños sordos. Me siento muy contenta, es la primera vez que participo en un proceso de inscripción en la EDA y me gustó porque me trataron de igual manera como cualquier persona oyente'. La prueba técnica culminó con ejercicios de coordinación de giros y pasos, en el cual a Milena le fue bien debido a que su nivel de concentración es muy alto. Potencializando talentos 'Pude explorar algo más acerca de lo que ya conocía. Para mí entrar a la EDA sería la oportunidad perfecta para ahondar sobre la danza y certificarme para posteriormente ser un bailarín profesional'.