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Un triste adiós

“Es que Rodrigo es un buen amigo y buen hermano, es buen padrino, buen marido y buen papá, por eso es que La Guajira lo tiene elegido ya”. Así le cantó el juglar Israel Romero, cuando Rodrigo Dangond Lacouture se lanzó al senado. A fe que él era todo eso y, con su prestigio y su amor por su Departamento, fue arrolladoramente elegido.

“Con sed de justicia” tituló su libro y también con sed de justicia desarrolló su vida. Siempre buscando la acción y la gestión más justa, ya fuere como Diputado o como Gobernador de la Guajira o como Senador de la República, desde donde, con su estilo frentero y su firme carácter abanderó las luchas por su terruño y, claro, por su Región Caribe, pues era un entusiasta de la integración regional defendiéndonos de las muchas injusticias centralistas que aún no cesan. Fue un gran villanuevero y un decidido guajiro. Pero también el más apasionado de los barranquilleros.

Abandonó la política de la que terminó desencantado: “La política, como decía Álvaro Gómez, acabó convertida en asociación de complicidades”. Entonces desde fuera siguió aconsejando, opinando, y hasta guiando, a sabiendas que araba en el mar. Buena falta que le ha hecho al partido contar con más godos como él, que no se arrugaba, no evadía, y defendía los postulados hoy desdibujados.

Pero su principal ocupación no fue la política, en la que incursionó guiado por su generosidad, por ayudar al prójimo, sino la amistad, a la que rendía culto. Y su gran propósito fue construir, en compañía de Beatri su esposa, una hermosa familia, objetivo que cumplió con creces. Por ello se torna muy triste decir adiós a semejante ser humano. Beatri, Beatriz Alicia, Margarita Rosa, Rodrigo José, y la tropa de nietos y biznietos pueden sentirse tranquilos y orgullosos del legado de amor que les deja.

Coletilla: Hoy se cumplen cuarenta años del más importante evento moderno, cuando un 24 de junio (por cierto, día de San Juan), pero de 1981, en una parroquia católica del obispado de Mostar y de Duvno, por allá en Bosnia, seis niños caminaban por el campo cuando en lo alto de una loma y en medio de una brillante luz vieron a una linda joven señora que los invitaba a acercarse. Eran cuatro niñas entre 13 y 15 años, un niño de 14, y un chiquillo de sólo diez añitos que, claro, entre sorprendidos y emocionados corrieron a contarlo a sus coetáneos: “Era la Virgen Santísima”, aseguraron. Al día siguiente volvieron al sitio, y nuevamente se les apareció la luminosa mujery, ante su repetido llamado, se acercaron a ella. Arrodillados y rezando, oyeron su voz: “Mis Ángeles”, los llamó. La noticia se expandió, y durante varios días y con muchos testigos se repitió el extraño fenómeno. País comunista con Tito al mando, obvio les cayó la ley a tratar de amilanarlos, pero nada pudieron hacer. Eran claras evidencias públicas de lo que hoy se conoce como La Aparición de laVirgen de Medugorje, famosa por los favores y por las milagrosas y comprobadas curaciones que convocan miles de visitantes. Los privilegiados videntes aún viven.

rzabarainm@hotmail.com

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