Hace 7 años se secó totalmente el llamado lago del Cisne, ubicado en el municipio de Puerto Colombia a 10 minutos de Barranquilla, y se convirtió en un desierto de 56 hectáreas en el que se apreciaban restos óseos de babillas y de otros animales propios de su fauna, y como la realidad es que este no cuenta ya con escorrentías pluviales que puedan mantenerlo, estaba condenado a desaparecer para siempre. Afortunadamente el cauce del contaminado arroyo León pasa a unos 800 metros de El Cisne, y la C.R.A. decidió que descontaminando las aguas del León podría llenarse y sostenerse el lago. Contrató para esto a AMBBIO Colombia, y mediante un bombeo continuo inicial de 10.000 metros cúbicos diarios de aguas ya descontaminadas mediante biotecnología, este se logró llenar en casi 5 meses. Desde entonces, para suplir la evaporación propia de nuestro medio, se bombean aguas tratadas y perfectas para su sostenimiento. Volvió la vida a esa bella laguna con su fauna, por lo que es hoy un sano ecosistema rico en peces, aves, reptiles y mamíferos.
Tan importante como lo anterior es que El Cisne se ha convertido desde hace casi 6 años en fuente de ingresos para muchas familias que dependen de este para su subsistencia. No solo le genera alegría y esparcimiento a miles de personas que se vuelcan al parque Mirador del Lago para disfrutar de descanso y diversión en contacto con la naturaleza, aprovechando el bello paisaje que este ofrece, sino que una veintena de vendedores informales muy organizados logran unos ingresos ofreciendo refrescos, helados, pasabocas, cholao, agua de coco, etc., o cuidando los carros de los visitantes al parque.
Pero lo más sorprendente es la importancia que desde entonces tiene este lago para casi un centenar de pescadores que con sus atarrayas logran sacar de 2.000 a 3.000 mojarras al día, manteniendo así un sano equilibrio en sus aguas porque un exceso de peces disminuiría el necesario porcentaje de oxígeno disuelto en estas. Mojarras que se reprodujeron de huevos adheridos a las alas de patos migratorios que recalan en Salamanca. Tenemos censados a estos pescadores y se encuentran en plan de organización, ya que han aceptado no utilizar más sus chinchorros y trasmallos porque afectan el equilibrio que debe mantenerse para beneficio de todos. Para esto los estamos proveyendo de nuevas atarrayas. Algunos alquilan sus balsas a los que desean pescar lago adentro. Encontramos pescadores que llegan, realizan su faena y regresan a sus casas diariamente, otros vienen de más lejos y pernoctan casi una semana, para descansar la semana siguiente. La venta producto de su pesca la hacen de manera directa a compradores que llegan a la orilla y adquieren casi la totalidad de lo producido en la faena. El resto es para llevar a sus hogares. La idea es que esos pescadores adquieran buenas prácticas para mantener el lago y sus orillas libres de basuras y desperdicios, para esto recogen los desechos que ellos mismos producen al día y los depositan en grandes canecas que descargan al contenedor del aseo de la Triple A. Trabajar en armonía y sin enfrentamientos hace parte de lo que uno aprecia durante las charlas con ellos, y obviamente es innegable la enorme satisfacción que estos resultados nos generan a quienes hemos hecho parte de esa transformación. El Cisne, al pasar de desierto a lago, nos demuestra lo que se podría lograr con la totalidad de los cuerpos de agua de nuestro departamento.
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