Los dos íconos que identifican mucho de lo que somos se juntan en las fiestas: Carnaval y Junior. En todas las manifestaciones de nuestra tradición carnavalera está el escudo o la camiseta del Equipo del Alma.

Entre Cumbias, Congos, Garabatos y Toritos se pasean los colores rojiblancos. En los tocados, en los penachos, en las gorras, sombreros y camisetas. De la mano siempre van danzando las dos manifestaciones que son símbolos de nuestra razón de ser y existir.

Junior está en la Lectura del Bando, siempre habrá un mandato que tenga que ver con él, en la Batalla de Flores, en la 44, en la 17, en las letanías y danzas tradicionales.

En los disfraces sin falta aparece el Pibe Valderrama o el gordo Valenciano. O el Bacca original, como esta vez, en la carroza Juniorista de la empresa Tecnoglass.

Las camisetas rojiblancas no se guardan, se lucen. Los mensaje de “Junior Tu Papá, los demás…” se leen por doquier. La mamadera de gallo a Teófilo que no puede faltar.

Es la conjunción de dos manifestaciones culturales que los barranquilleros llevamos en nuestro ADN.

El golpe de tambor de la Rebuscona resuena en el cerebro de la misma manera como cuando Ramiro canta un gol del Junior. Es electrizante, invita al goce, es la felicidad que se toca.

Junior pertenece a la gran fiesta nuestra. Es como las carrozas, la fría en la esquina, la maizena, el guandul, el mono cuco y el mapalé. Como las Farotas, los Indios, el Paloteo, los Coyongos, los Gallinazos, los Negritos y los Diablos Arlequines.

Carnaval y Junior, música, tradiciones, la danza, la bullaranga, el deseo, la rumba, el meneo, el coqueteo y esa voz femenina que grita ¡güepaje! Es nuestro Carnaval eterno, es nuestro Junior del Alma…