La gente, en general, ignora lo ocurrido en la región de Fátima, Portugal, exactamente en Coba de Iría, un día como ayer, pero en 1917. Menos sabe quiénes fueron ni qué presenciaron los niños Lucía, Francisco y Jacinta. Y requetemenos que pueden apelar a ellos para que intercedan ante La Santísima Virgen, pidiendo iluminación divina, recurso para entender el complicado diagnóstico. Y para enfrentar el riesgo.

Diagnóstico: Ingenuidad incurable para aquellos que aún creen que Petro se resignará a un papel de ex presidente, sabiendo que sería un blanco ideal para todos sus enemigos, y que ningún ganador le brinda garantías. Así que, aunque falta muy poco para las elecciones, el panorama no está muy claro, y la sucesión anda en veremos.

Petro sabe que si gana Abelardo, de inmediato lo acusará de lo que se le ocurra, y lo encanará sin salida, por algo es un reputado penalista, se las sabe todas, lo ha dicho y reiterado. Y si gana Cepeda, le va peor: Cepeda se volvería el único adalid de la izquierda, y hasta sería capaz de darle un tratamiento peor que el que le daría Abelardo; perdería su aura de jefe máximo, y su ego quedaría totalmente deteriorado. Le queda, entonces, Paloma, quien tendría que superar todos los resentimientos que han acumulado Uribe y los uribistas contra él, y contra todos los del Pacto, comenzando por ella, que una cosa dice de candidata, y otra al mando del poder. O sea, Petro pierde con cara y con sello.

Además, el presidente se siente enviado de los dioses, lo cree así ciegamente, piensa que es un jefe sin segundo, finge temor a Trump, pero por conveniencia momentánea, no es como Maduro un detestado por las mayorías, sino que se siente dueño “de la calle”, internamente está convencido de su liderazgo y que, si alguna fuerza foránea piensa venir por él, ni siquiera Trump se atrevería a enfrentar semejante reacción ciudadana en un país extranjero. Así que es carreta que Petro apoya a Cepeda, ni a ningún otro, sus amigos cercanos lo saben hasta el punto que ninguno se pronuncia ni para bien ni para mal.

Petro lo que pretende, se dijo desde un principio, es atornillarse en el poder y, antes del 31 incendiará el país y creará un caos, que sólo él podrá resolver. Los cambios en la cúpula militar no son improvisados, sino parte de un plan cuidadosamente estudiado.

Mucho se ha advertido, pero la respuesta es: ¡Aquí no pasa eso! Empero, ¡pilas! Que el riesgo está ahí, y sigue vivo. Hay que encomendarse a la Virgen de Fátima.

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