En los últimos meses basta con revisar las páginas de opinión de cualquier medio para advertir un patrón. La mayoría de las columnas gira alrededor de los mismos asuntos: el gobierno, sus decisiones, sus errores y el ambiente político que empieza a intensificarse con la cercanía de las elecciones presidenciales. No es extraño. La política, sobre todo en momentos de agitación, tiende a concentrar la atención pública y a ordenar casi por completo la conversación.

Esa concentración tiene, sin embargo, un efecto menos evidente. Al repetirse una y otra vez los mismos temas, la actualidad empieza a simplificarse en exceso. Ocurren otras cosas, pero da la sensación de que pierden importancia. Lo relevante queda entonces reducido a unos pocos asuntos que se retroalimentan entre sí, mientras casi todo lo demás pierde visibilidad.

Pero siguen pasando cosas, y siguen acumulándose hechos que en otro momento habrían generado discusiones más amplias. Estrenos internacionales de gran alcance y avances científicos asociados a programas como Artemis han pasado casi sin eco. Asuntos más inquietantes, como la rápida incorporación de herramientas de inteligencia artificial en ámbitos como la educación, el trabajo creativo y el ejercicio profesional, configuran un proceso que ya está transformando prácticas cotidianas sin haber sido del todo asimilado. Al menos en nuestro entorno editorial, la mayoría de esos asuntos transcurre sin ruido, opacada por la intensidad de la coyuntura.

Para quien escribe una columna con cierta regularidad, la tentación es evidente. Volver una y otra vez sobre los mismos temas no solo facilita el trabajo, sino que además propicia una conexión más inmediata con los lectores. Es, en muchos sentidos, el camino más fácil y directo: seguir el pulso de la actualidad y sumarse a un foro que ya está activo. Lo difícil, en cambio, es apartarse de ese coro y detenerse en aquello que no compite por atención.

Esa lógica no es inevitable. Una columna no tiene por qué responder siempre a lo que domina los titulares, ni ofrecer un ángulo distinto sobre los mismos temas. Puede, simplemente, ocuparse de otra cosa, como una forma de mantener cierta distancia y darle un respiro al lector, frente a una agenda que se impone por repetición.

Al final, no se trata de evitar la política ni de ignorar la actualidad, sino de no permitir que lo absorba todo. Cuando la atención se concentra de manera reiterada en los mismos debates, se queda mucho por fuera. Mientras seguimos con interés desmedido el pulso de la discusión política, es posible que estemos pasando por alto asuntos que no dejan de ser relevantes.

moreno.slagter@yahoo.com