Yo sabía que no era tan descabellada mi apreciación acerca de poder sacudirse de la depresión y la ansiedad bailando, acabo de confirmarlo en una información que encontré en internet acerca de un neurocientífico, José Luis Trejo, quien plantea que moverse es una necesidad biológica esencial para la salud mental, cognitiva y emocional. Acaba de publicar un libro Neuronas en marcha, un abordaje al ejercicio físico desde varias perspectivas. Le seguiré la pista.
Según veo, dice cosas terribles: Un cerebro sedentario tiene toda la sintomatología y todos los parámetros fenotípicos de uno envejecido, moverse no es una opción, es una necesidad biológica; de lo contrario, es el inicio de la atrofia cerebral precoz. Horror, me revuelco en la silla del consultorio.
Sedentarismo no es solamente no hacer ejercicio, es estar demasiado tiempo sentado, sentí cuando la frase del neurocientífico me tocó el hombro. Menos mal, salí bien librado cuando clasificó los dos subtipos de sedentarismo en cerebralmente activo o inactivo, porque el mío es capaz de sostenerme en el nivel activo en el período que señala el neurocientífico como más comprometedor, las 8 horas sentado frente al computador, lo cual genera perjuicios del tipo problemas metabólicos, de irrigación y de envejecimiento prematuro del cerebro.
Dentro de ese panorama aterrador surgen cosas que animan al ejercicio físico y que yo desconocía, como una neurogénesis adulta. Se refiere a que hay algunas regiones del cerebro adulto en las que todavía se forman neuronas, como en el órgano de la memoria y el aprendizaje, el hipocampo, que también participa en el estado de ánimo y, por tanto, en la depresión y la ansiedad. El ejercicio físico le apunta a estas neuronas hipocampales y hace que las células madre que allí se encuentran, fabriquen más neuronas. No sólo son neuronas que funcionan mejor sino que, además, son más neuronas.
No conozco mejor ejercicio para un adulto que bailar en la clandestinidad del hogar en la que no hay que buscar pantaloneta, camiseta y tenis para salir a trotar, basta con tirar el maletín, encender el equipo de sonido, quitarse los zapatos y lanzarse a la pista de la sala a bailar. La recomendación es la de un ejercicio moderado, así que, no puede ser un bolero o una balada, sino algo más agitoso, como un chachachá o un porro. No se recomienda una descarga porque el otro extremo tampoco es conveniente, el exceso de ejercicio es para tener cuerpos competitivos, lo cual no es el punto, sino espantar cualquier asomo de depresión o ansiedad con la sabrosura de la canción. Yo empiezo con Merecumbé de Johnny Colón.
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