La Unesco decidió en 1995 hacer un homenaje a Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, quienes fallecieron el 23 de abril de 1616, aunque con diferencias según los calendarios, con la idea de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual, los derechos de autor.

Siempre le doy gracias a la vida por haber nacido en un hogar en el que la biblioteca era como un miembro de la familia al que siempre acudíamos para superar la ignorancia. Soy hijo de padres educadores que nos llevaron de la mano a mi hermana y a mí al pluriverso de los libros. Mi padre fue mi profesor de Español y Literatura, como se llamaba la asignatura, durante todo el bachillerato, una experiencia doblemente enriquecedora.

Tener un libro en las manos es una de las sensaciones más estimulantes para el intelecto, su forma, el peso, la textura de la portada, el lomo y la contraportada, el olor por fuera y por dentro y, al abrirlo, el deleite para el órgano de la visión al disfrutar de la calidad de la edición. En adelante, empieza una de las experiencias sensoriales más gratificantes para un buen número de lectores: intervenir el libro. Conseguir marcadores, resaltadores, lápices, bolígrafos, para conversar con el autor al subrayar y/o resaltar con colores fragmentos del texto para mostrar complicidad con el autor con un determinado color, o desacuerdo con otro color. O, en el mejor de los casos, tener el atrevimiento de escribir en las hojas lo que se nos ocurra, es tal la nobleza del libro.

No he perdido la costumbre de pasar por el frente de las librerías y echar una rápida mirada a lo que está en exhibición como futuros best sellers, con unas portadas que son seductoras por su calidad estética, incluida aquella que captura la mirada por la imagen y el título, trata del tema que nos gusta y nos lleva a programar su adquisición. Es una especie de enamoramiento repentino.

Más afortunado soy al saber que a mis hijos les gusta la lectura porque la han asumido como debe ser, en el disfrute total, se divierten como yo lo hago, han comprendido que se vuelven un poco más inteligentes al adquirir un nuevo conocimiento, tienen mi biblioteca a sus órdenes y les aumentó las suyas al regalarles libros de su interés.

Todos los 23 de abril compro un libro para disfrutarlo después, en este momento tengo dos que les tengo el ojo puesto en la librería en la que compro, así que, espero terminar la jornada laboral para adquirirlos y empezar el ritual de llegar a la casa, preparar un café y sentarme, libro en mano, a acompañar al autor en su viaje literario.

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