La música contribuye a externalizar y liberar emociones y con ello a reconstruir la vida de manera más positiva. Cuando escuchamos y cantamos las canciones que son predilectas, no hay duda de que generan emociones positivas. Pero la música no solo sirve para entretener, sino que acompaña en una época como la que vivimos, la del confinamiento, por lo que la música trasciende el simple entretenimiento. Y si bien, cada persona tiene afecto por una música en particular, no es menos cierto que por la etapa que atravesamos es pertinente escuchar música relajante que pueda alejar o disminuir situaciones difíciles, como el estrés, la ansiedad y la incertidumbre.
Músicos reconocidos han estimado que la música clásica puede servir para aliviar estas situaciones. Además, de otra clase de música, como la instrumental, la romántica o boleros, que armonizan el alma y sirven de reencuentro con la paz interna. A manera de ejemplo: Voces de Primavera de Johan Strauss y Spring Waltz de Frédéric Chopin. Quizás, Quizás, Toda una Vida. Inolvidable y Nosotros. Todo un deleite a los oídos y donde los compositores componían con el corazón en la mano y puro sentimiento.
En correspondencia con lo anterior, la escritora y docente argentina, María Damiani, destaca: “La música favorece la relajación, aleja los malos pensamientos y sumerge a las personas en un estado de armonía mental. Se puede decir que es un alimento que trae alegría, paz, expectación de lo bueno y la belleza del sonido penetra en lo más profundo del ser”.
Edgardo Enrique Salebe Morr.




















