Barranquilla

“A mi hermano lo mataron la covid y la negligencia”

Liliana Ricardo rememora un año después el drama que vivió en Cartagena su hermano, Arnold Ricardo, primera víctima mortal del virus en el país.

“Me siento muy mal y nadie me atiende”. Este fue el clamor desesperado del taxista Arnold de Jesús Ricardo Iregui, primer fallecido por covid en Colombia, cuando habló por última vez con su hermana Liliana la noche del 15 de marzo del 2020, horas antes de morir.

En ese momento permanecía en la Clínica del Mar de Cartagena, a la que había ingresado dos días antes con dificultades respiratorias, temperatura en 39 grados y dolores en todo el cuerpo.

La respuesta de Liliana para su hermano de 57 años no fue nada alentadora, pues ella también comenzaba a padecer los estragos del virus.

“Yo estoy en urgencias, tengo fiebre de 39, estoy igualmente mal”, le dijo. La conversación se hizo vía celular por llamada que le hizo Arnold, barranquillero de nacimiento con 35 años de residencia en Cartagena.

Ella asegura que el 7 de marzo su hermano empezó a padecer los primeros síntomas, 72 horas después de pasear por toda Cartagena a un par de turistas italianos. “Desde ese día empezó el calvario para los dos”, afirma hoy, un año después, con el dolor aun lacerándole el alma.

Cortesía

El 7 –narra– fue a Salud Total, lo incapacitaron un día, y el 9 ya estaba de nuevo en el taxi. El 10 tenía fiebre alta, tomó acetaminofén y así siguió trabajando. En la noche le subió la fiebre y mostraba un mal semblante. El miércoles 11 regresó a Salud Total en donde le tomaron unas placas de tórax y lo incapacitaron por tres días.

Liliana recuerda que lo vio tan mal que el jueves 12 de marzo volvieron a la EPS en donde le tomaron otras placas. A las 5:45 de la madrugada del viernes lo internaron en la Clínica del Mar. “Me fui a casa, y cuando regresé en la tarde Arnold les había dicho a los médicos que los dos italianos, de regreso al hostal, estornudaron varias veces dentro del taxi”.

La mujer de 55 años, que residía con su hermano en el barrio Los Alpes, sur de Cartagena, dice que en los tres días que este permaneció internado solo lo vio un médico internista el primer día cuando lo ingresaron, después se entendieron con la enfermera jefe, y luego con una fisoterapeuta.

“No lo vio un neumólogo, ni un virólogo, no le daban los medicamentos a la hora que era, ni la alimentación, ni el aseo en la habitación eran óptimos”, reveló.

Liliana afirma que todavía hay muchas preguntas sin respuesta sobre el caso de su hermano, padre de tres hijos ya mayores.

Ahora ella reside en un conjunto de apartamentos en el barrio Olaya, de Barranquilla, y no se cansa de repetir que hubo negligencia del Estado, de la EPS Salud Total y de los médicos que atendieron a Arnold.

“¿Por qué la Alcaldía de Cartagena no aplicó la cuarentena para esos italianos que contagiaron a mi hermano? ¿Por qué desde el primer día no le dieron el tratamiento que merecía? ¿Por qué mi prueba salió positiva y la de él no? ¿Por qué la turista británica de 85 años sobrevivió a la covid y mi hermano no? ¿Es que a ella sí la atendieron bien?”, se pregunta.

En medio del desespero, el domingo 15 de marzo, horas antes del deceso de Arnold, Liliana salió en medio de la calle a exigir  que los atendieran. “Me encerraron en un cuarto, no me dieron ni un dolex”, dice.

Tampoco se explica por qué le ocultaron la muerte de su hermano la mañana del deceso, y que le hubieran dicho que el cuerpo se lo habían llevado para cremarlo, no siendo así.

“Lo sepultaron el mismo 16 en la noche, solo, en el cementerio Albornoz, un lugar abandonado y peligroso, pese a que mi sobrino tenía un plan exequial que cobijaba a Arnold con cremación. Eso fue orden del Dadis”, añade.

La Clínica del Mar en un comunicado aseguró en su momento que el taxista “ingresó por cuadro respiratorio de neumonía y fallece el día de hoy (marzo 16 de 2020). Se le dio manejo como sospecha de covid-19, activándose el protocolo establecido con los entes de control”.

El 21 de marzo el ministro de Salud, Fernando Ruiz, y la directora del Instituto Nacional de Salud, Marta Ospina, confirmaron que la causa del deceso fue coronavirus. “Dos muestras fueron analizadas por el INS. La primera dio negativo, y la segunda no fue tomada adecuadamente en la clínica cartagenera, por lo que su resultado también dio negativo en coronavirus”, reveló el comunicado de Minsalud. Ricardo era paciente diabético e hipertenso no tratado, agregó

Cortesía

Viacrucis

Lo que vino después para Liliana fue tan doloroso como la misma muerte de su hermano, pues cuando regresó al apartamento que compartía con él tuvo que aislarse tras dar positivo para covid-19. Todos le dieron la espalda, la primera fue la dueña del inmueble, quien le pidió lo desocupara inmediatamente.

Los vecinos por su parte comenzaron a lanzarles piedras e insultos, por lo que tuvo que intervenir la Policía. “Eso fue al principio, porque después cambiaron, eran unos ángeles que me dejaban comida en la puerta. La EPS Coosalud y el doctor Mauricio Sarmiento también me trataron muy bien, e incluso me mandaban las medicinas”.

Liliana pide mencionar a Testigos de Jehová que le tendieron la mano, incluyendo a la arrendataria, y a los empleados de la Olímpica 13 de Junio, y por supuesto a su familia y a los hijos de Arnold.

Josefina Villarreal
“Me siento mal y nadie me atiende”, me decía Árnol

Confiesa que tras la muerte de su hermano ha tocado muchas puertas, pero la mayoría se le han cerrado. “No quiero limosna, quiero un empleo para mí y mi hijo, soy madre soltera. Mi prima Lina Payares, que vive en México, me gira para pagar el arriendo, pero yo pido una oportunidad laboral”, suplica.

Recuerda que en Cartagena se sostenía con ventas por catálogos, con guía de tareas (es pedagoga del Sena) y vendiendo comidas especiales los fines de semana (tiene un curso de manipulación de alimentos).

“La covid no solo nos dejó secuelas económicas, sino morales y sicológicas”, se lamenta.

Liliana Ricardo ha ensayado con emprendimientos de desinfección a domicilio y venta de dulces caseros. La semana pasada una amiga le regaló cortes de tela para confeccionar a mano pijamas y bolsos de mano. “Yo solo pido un empleo, una oportunidad”, insiste. El clamor de su hermano quedará en su memoria y en su corazón: “Me siento muy mal y nadie me atiende...”.

“La covid no solo nos dejó secuelas económicas, sino morales y sicológicas. Ahora solo pido un empleo
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