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El titulo es:Matutis defendió a escopetazos la iglesia San Roque el día del Bogotazo

Matutis defendió a escopetazos la iglesia San Roque el día del Bogotazo

Un exalumno del Salesiano San Roque cuenta algunos hechos ocurridos en Barranquilla tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, que desató una ola de violencia en el país.

Mery Granados
Mery Granados
Amanda Pérez reza frente a la tumba del padre Matutis, ubicada en la iglesia San Roque. Mery Granados

Un exalumno del Salesiano San Roque cuenta algunos hechos ocurridos en Barranquilla tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, que desató una ola de violencia en el país.

Solo dos días después de la celebración de los 135 años de haber erigido en villa a Barranquilla, el caos y el fuego se apoderaron de la ciudad a causa de la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá.

Aunque el asesinato del político liberal se registró a cientos de kilómetros de la capital del Atlántico, en los anales de la historia se cuenta que la violencia y el desorden reinaron en gran parte de la ciudad durante la tarde del viernes 9 de abril de 1948.

Lo sucedido ese fatídico día se quedó grabado en la memoria de Rafael Iglesias. A pesar del transcurrir de los años, en su retina se encuentran tatuados todos los sucesos que presenció en el centro de Barranquilla, luego de conocerse el deceso de Jorge Eliécer Gaitán.

Justo en esa época, Iglesias contaba con 18 años de edad y cursaba su cuarto año de formación comercial en el Colegio Salesiano de San Roque, una reconocida institución educativa ubicada en plena calle 30, entre carreras 36 y 38, de la capital del Atlántico.

Justo cuando el reloj marcó la 1:00 p.m., Rafael y sus compañeros se aprestaban a ingresar a uno de los salones para comenzar la segunda jornada del día y así participar en una discusión sobre el deber ser de los católicos en la clase de apologética que lideraba Stanley Matutis, un estricto religioso lituano que se caracterizaba por su puntualidad.

Los envían a casa

 Como un signo premonitorio, el sacerdote llegó hasta el salón con unos 15 minutos de retraso para informarlos del hecho más transcendental en la historia reciente de Colombia. 

“Apenas llegó nos dijo: Les voy a dar una noticia muy grave y que, de ser cierta, le va a producir mucho daño a Colombia. Se dice que en Bogotá fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán”, relató Rafael Iglesias con cierto dejo de nostalgia en la voz. 

Debido a ese acontecimiento, recordó, los religiosos tomaron la decisión de enviarlos a sus casas, debido a que por la avenida Boyacá empezaban a aparecer grupos de personas que se dirigían hasta las sedes de las emisoras, ubicadas en cercanías al Paseo Bolívar, y así enterarse de lo que sucedía en la capital.

Junto a varios compañeros, Rafael emprendió el regreso a casa. Transitando por toda la calle 30 notó que el ambiente era muy tenso. Incluso, llegando a la carrera 30 —a pocos metros de su vivienda— presenció la destrucción de una ferretería por parte de la encolerizada turba. 

“Nosotros éramos un grupo de jóvenes bisoños, pero decidimos seguir a los manifestantes para ver qué sucedía. El temor empezaba a apoderarse de la ciudad”, dijo el hombre, quien en pocos meses cumplirá 89 años de vida.

En medio del relato, la piel se le empieza a erizar en el momento que rememora lo sucedido en el Colegio Salesiano de San Roque, que estuvo a poco de salvarse de los protestantes, pero al final terminó consumido por las llamas.

“Al llegar hasta ese punto, trataron de tumbar el portón principal de acero, el cual no cedió a pesar de los golpes que le daban. Los manifestantes ya se iban a dar por vencidos y desistir de la idea de ingresar al colegio, cuando una vendedora les indicó que era más fácil entrar por otro portón, puesto que al lado había un hueco y así lo podrían abrir”, agregó.

En ese momento, solamente los sacerdotes se encontraban en el colegio. Debido a que era víspera de Semana Santa, varios religiosos habían llegado para apoyar los eventos litúrgicos y por eso se encontraban alojados en las habitaciones del tercer piso.

Rafael Iglesias muestra el diploma de bachiller.
Rafael Iglesias muestra el diploma de bachiller. Orlando Amador

Comienza el saqueo

 “En cuestión de minutos, saquearon los salones. Con los pupitres, máquinas de escribir, instrumentos de la banda de paz, entre otros elementos, crearon una hoguera en el centro del colegio”, dijo.

Mientras que las llamas consumían los elementos que ayudaban a la formación de niños y jóvenes de Barranquilla y otros departamentos de la Costa, los rebeldes llegaron hasta las habitaciones de los sacerdotes —liderados por el rector Luis Alberto Santocoroma— y empezaron a agredirlos.

“Empezaron a bajar a los padres al patio del colegio, yo creo que los querían tirar a la hoguera. Eso me impactó mucho y empecé a llorar, por lo que uno de los manifestantes me amenazó con agredirme con un cuchillo”, explicó mientras observaba algunas imágenes de su época como bachiller.

Aún no se explica cómo pudieron salvar a los religiosos de la turba y resguardarlos en un local comercial ubicado en la cera de al frente.

“La turba se dedicó a quemar el colegio sin contemplaciones. Todo quedó reducido a cenizas, por lo que estuvimos alrededor de dos semanas sin clases. Luego pudimos reanudar y finalizar el año sin ningún inconveniente”, agregó Iglesias, quien en la actualidad es el presidente de la Asociación de Exalumnos Salesianos en Barranquilla.

Según las memorias de la presencia salesiana en Barranquilla, este incidente se convirtió en el génesis del bachillerato académico y dos años después se graduaron los primeros bachilleres de este claustro educativo.

“Otra vez se comenzaba el camino, el calvario volvía al principio y la lucha continuaba… Como no quedó una sola máquina de escribir tuvimos que transformar las Escuela de Comercio en Bachillerato”, se lee en algunas páginas del libro de crónicas de esta comunidad.

“Se salvó de milagro”

 En medio del caos que reinó en Barranquilla en la tarde y noche, los templos de San José, San Miguel del Rosario y San Roque no fueron tomados por la enceguecida turba que reclamaba justicia por la muerte del caudillo liberal. 

A lo largo de los años, la comunidad barranquillera ha asegurado que el caso más enigmático está relacionado con la iglesia de estilo neogótico que fue construida bajo la advocación del patrono popular de la ciudad, teniendo en cuenta que los rebeldes destruyeron el colegio que se encontraba a tan solo unos pasos.

“La iglesia se salvó de milagro. En una oportunidad, hablando con otro exalumno, me aseguró que el templo no fue atacado porque el padre Matutis se armó con una escopeta e hizo varios tiros al aire para ahuyentar a los revoltosos. Nunca pude corroborar esa versión de la historia, pero lo único cierto es que la iglesia aún sigue en pie”, aseguró Rafael Iglesias. 

Por su parte, Amanda Pérez, una habitante de la zona, recurre a las memorias de su niñez para dar una explicación del porqué no fue atacada esta edificación, que cuenta con el reconocimiento como Monumento Nacional.

“Mis padres siempre me dijeron que la turba trató de tomarse la iglesia de San Roque, pero encontraron una férrea resistencia por parte del padre Stanley Matutis, quien aún no era párroco y ya contaba con la admiración y respeto de los habitantes de la ‘Zona Negra’ de la ciudad”, sostuvo la mujer en el momento que visitaba la tumba del religioso de origen lituano.

Una paradoja

Sin embargo, Helkin Núñez, investigador del Archivo Histórico del Atlántico, expuso que lo vivido en Barranquilla fue “algo paradójico”, teniendo en cuenta que los manifestantes se tomaron la iglesia San Nicolás hasta reducirla a cenizas, pero los otros templos católicos de la zona no resultaron afectados. 

Para él, esto se debió a la alta dinámica económica de la zona, representada en cientos de locales comerciales que fueron saqueados: “La turba se concentró en los establecimientos de comercio y se olvidaron de atacar las iglesias San Roque y San José. Incluso, a este último templo fueron llevados algunos elementos que no fueron destruidos en la iglesia San Nicolás”.

Núñez también aseveró que la turba estuvo ad portas de tomarse la iglesia del Rosario, pero “se salvó porque la Armada desplegó un dispositivo de seguridad en la zona. Los revoltosos llegaron hasta el lugar con el objetivo de saquearla e incendiarla”. 

A su turno, Dalin Miranda Salcedo, magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia, expresó que la inexistencia de fuentes escritas ha imposibilitado el estudio a fondo de lo sucedido en Barranquilla en 1948.

Empero, explicó que a través de las evidencias orales han podido rescatar fragmentos de lo sucedido en esa fecha, por lo que se refuerza la tesis de que los manifestantes se dedicaron al saqueo y destrucción, como lo demuestran las estadísticas de la época, que solo hablan de tres muertos y alrededor de 200 heridos, muy distinto a la estela de muerte y desolación que este mismo episodio dejó en Bogotá.

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