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Las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta aseguran que este ecosistema es el corazón del planeta. Este macizo resguarda extraordinarios bosques secos con montañas, transporta heladas aguas y reserva una diversidad de especies únicas en el mundo. Hernando Sánchez, biólogo y profesor de la Universidad Simón Bolívar, descubrió el vasto y bien manejado conocimiento ambiental que tienen los grupos étnicos del lugar.

“Si uno lo ve desde el punto de vista climático, ahí ascienden en algunos sitios los vientos alisios y hay humedad permanente todo el año; y cuando bajan, hay sequía permanente. Entonces hay ecosistemas muy, muy interesantes”, aprendió el catedrático durante su cargo como director de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag).

Sánchez entendió por qué la expresión “la Sierra Nevada es el corazón del mundo” no solo la verbalizan, sino que la sienten. Sin embargo, pese a su evidente importancia ecológica, este sistema montañoso es receptor de varias presiones antrópicas.

Es por esto que el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, ordenó una protección temporal a los recursos renovables en 942.005 hectáreas fundamentales de la Sierra Nevada de Santa Marta.

“La Sierra Nevada de Santa Marta, el corazón del mundo, acaba de ser protegida por el Gobierno. Casi un millón de hectáreas de reserva ambiental en la Sierra Nevada de Santa Marta son parte de la reserva, una de las más grandes de la historia del país. Así cuidamos a las comunidades indígenas, a la humanidad y la vida desde el corazón del mundo”, destacó el presidente Gustavo Petro.

Se detalló que esta medida es importante, ya que establece acciones concretas para salvaguardar uno de los ecosistemas más biodiversos del país, clave para la seguridad hídrica del Caribe colombiano y el bienestar de las comunidades asentadas en Magdalena, Cesar y La Guajira.

La ministra (e) de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, reiteró que la reserva temporal tiene carácter preventivo y se fundamenta en el principio de precaución; por lo tanto, señaló que no se podrán otorgar nuevas concesiones mineras ni se podrán firmar nuevos contratos de hidrocarburos en el área protegida. Sin embargo, los proyectos vigentes podrán continuar hasta su terminación, sin que puedan ser prorrogados.

“Hemos dado un paso histórico en la protección de la Sierra Nevada de Santa Marta, como resultado del compromiso con la vida, los territorios y la dignidad de las comunidades”, aseguró Vélez Torres.

Es de anotar que este proceso ha contado con la participación de las comunidades locales y pueblos indígenas arhuaco, kankuamo, kogui y wiwa, quienes han reiterado la importancia de proteger este territorio como espacio de vida, cultura y equilibrio ambiental. La medida tendrá una vigencia de dos años.

Con la declaratoria, la Agencia Nacional de Minería no podrá otorgar nuevas concesiones, suscribir contratos ni habilitar nuevas áreas para actividades de exploración o explotación minera dentro del área definida.

De igual forma, durante la vigencia de la medida, las autoridades ambientales no podrán expedir permisos o licencias para la exploración o explotación de minerales e hidrocarburos.

Varias presiones antrópicas

En definitiva, se trata de un lugar de alta importancia para el país y el mundo. Pero, ¿qué ha estado sucediendo en este lugar?

De acuerdo con el biólogo e investigador de la Universidad del Magdalena, Luis Miguel Moisés García, la Sierra Nevada de Santa Marta ha estado sometida a fuertes presiones humanas, desde cultivos ilícitos hasta la minería ilegal.

Frente a esto, se han propuesto múltiples estrategias para proteger el ecosistema. Una de estas fue la Línea Negra, la cual conecta los llamados puntos sagrados.

“Podemos imaginar la Línea Negra como una frontera simbólica —no una frontera en términos occidentales— que encierra un territorio con funciones espirituales dentro de la cosmovisión indígena asociada a la cultura tairona”, explicó.

Sin embargo, indicó que se cayó la norma del Decreto 1500 que protegía esta figura. Al anularse, el territorio quedó parcialmente desprotegido frente a distintas presiones.

Puso de presente que la minería ilegal representa un gran riesgo en un territorio como la Sierra Nevada, el cual es simultáneamente un parque natural y un resguardo indígena.

Añadió que las mineras legales se ubican principalmente en el perímetro del territorio, en contraste con la extracción ilícita, que empezó a penetrar dentro del área protegida.

“La denuncia de las comunidades indígenas se basaba en que la caída de la protección de la Línea Negra generaba una vulnerabilidad. Aunque no significa que la minería creciera inmediatamente, sí aumentaba el riesgo de expansión debido a esa debilidad normativa”, expuso el experto.

En esta misma línea, señaló que los efectos de estas actividades irregulares transforman por completo el entorno mediante un proceso llamado degradación ecológica. Es decir, implica la destrucción de la cobertura vegetal y la fauna, en general, de toda la biodiversidad del territorio.

Según García, este macizo litoral reúne ecosistemas como bosques secos tropicales, hasta zonas de tundra, morrenas y nieve en los picos más altos. Los cuales están conectados energéticamente, aunque parezcan separados.

“La minería rompe ese equilibrio y destruye el flujo energético que mantiene vivo al ecosistema”, anotó.

Señaló que los grupos armados como las autodefensas conquistadoras de la Sierra Nevada siguen siendo un “motor” de transformación ambiental y social al ejercer un control territorial y económico en la cara nororiental de la sierra (la que mira hacia Santa Marta).

Cabe destacar que desde el año pasado se han documentado desplazamientos masivos por enfrentamientos entre grupos armados que buscan controlar el territorio, especialmente en zonas altas de Aracataca, Fundación, Ciénaga y Zona Bananera.

Y, sumado a esto, las minas ilegales se han convertido en fuentes de financiación para estas estructuras, lo que agrava la problemática.

Las oportunidades

De acuerdo con Flover Rodríguez Portillo, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía, esta resolución permitirá enfocarse en un elemento clave: el ordenamiento territorial, ya que la Sierra Nevada tiene múltiples capas de uso y significado: productivas, culturales, espirituales y ambientales.

Esto exige un ordenamiento basado en determinantes mínimas, como la protección de cuencas, la gestión de la biodiversidad y los derechos territoriales de las comunidades indígenas. Además, el ordenamiento no solo se refiere a la superficie, sino también a lo que existe debajo de ella.

“Si durante estos dos años la resolución permite fortalecer las capacidades institucionales para generar líneas base de conocimiento y delimitar la región con rigor científico y social, se podrá tener mayor claridad sobre dónde son viables ciertas actividades y dónde no”, dijo el experto a EL HERALDO.

En ese orden de ideas, aseguró que el reto no es elegir entre conservación, desarrollo o prohibición, sino aprender a ordenar inteligentemente un territorio donde la cultura, la economía y la geología puedan alinearse y aportar al país.

“Esto también obliga al Estado a elevar el estándar de conocimiento territorial antes de decidir los usos del suelo. La resolución se soporta en diversos análisis, lo cual es positivo, pero también reconoce que falta información”, concluyó Rodríguez Portillo.

“La importancia ambiental de este territorio es enorme”

La Sierra Nevada es la montaña costera más alta del planeta. Es una verdadera fábrica de agua, en donde nacen ríos clave para el abastecimiento humano, agrícola y energético. También funciona como regulador climático, ya que sus bosques capturan carbono y contribuyen a la mitigación del cambio climático.

En esta misma región confluyen otros elementos relevantes: la agricultura, el turismo, los recursos hídricos y el potencial energético y minero-energético. Allí se producen café, cacao, frutas y otros cultivos clave para las economías locales.

Asimismo, el agua que nace en la sierra sostiene múltiples actividades productivas y se distribuye hacia distintos departamentos, como La Guajira, Cesar y Magdalena.

En ese orden de ideas, la Sierra Nevada termina siendo un sistema estratégico para la seguridad hídrica, climática y cultural del país.

“Es un ecosistema casi único en el mundo, una especie de mini planeta: la montaña costera más alta del planeta, con todos los pisos térmicos, desde playas hasta nieves perpetuas. Tiene una altísima biodiversidad, con miles de especies, muchas de ellas endémicas, es decir, que no existen en ningún otro lugar”, anotó Flover Rodríguez Portillo, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía.