Compartir:

En distintos puntos de Barranquilla nuevas estructuras empezaron a hacer parte del paisaje cotidiano. Son los centros de atención inmediata fijos, móviles y subestaciones de policía que en los últimos meses han sido construidos y entregados con una promesa clara: acercar la seguridad a la comunidad. Pero, más allá del concreto y la pintura fresca, la pregunta que aparece en los barrios es una sola: ¿están marcando realmente la diferencia?

Para muchos habitantes, la seguridad no se mide en cifras, sino en sensaciones cotidianas. En poder caminar unas cuadras más sin miedo, en que los negocios cierren más tarde o en que los niños vuelvan a usar el parque del barrio. Por eso, más allá de la inauguración de infraestructuras, surge la necesidad de entender qué tan real ha sido el impacto de estos espacios en la vida de la comunidad.

Desde el Distrito de Barranquilla han demostrado su compromiso con la ejecución de espacios que devuelvan la tranquilidad a las familias que habitan las cinco localidades de la ciudad y es por esto que se ha puesta en la tarea de construir nuevos puntos que brinden mayor sensación de vigilancia y acompañamiento.

Expertos en seguridad urbana coinciden en que un CAI no solo es una edificación, sino un punto de encuentro entre la institucionalidad y el ciudadano. Su efectividad, explican, depende de la constancia del personal, la articulación con líderes barriales y la capacidad de respuesta ante emergencias.

En ese contexto, los nuevos CAI y subestaciones se convierten en un símbolo de cercanía, pero también en un recordatorio de que la seguridad es un trabajo conjunto. Para los barrios de Barranquilla, la verdadera evaluación no estará únicamente en estadísticas oficiales, sino en algo más simple y profundo: sentir que vivir en su sector vuelve a ser sinónimo de tranquilidad.

La comunidad

En el recién entregado CAI del barrio El Limón, las opiniones de los vecinos coinciden en una palabra: necesidad. Para Frank Toro, residente del sector, la transformación del lugar es evidente. Recordó que antes el espacio lucía abandonado, como una casa descuidada que poco aportaba a la tranquilidad del entorno.

Sin embargo, en la actualidad ve una infraestructura renovada, con presencia institucional y una inversión que, aseguró, beneficia no solo a El Limón, sino también a barrios cercanos como Galán, Las Dunas y Las Palmas.

“Lo necesitábamos y esperamos que cada vez sea de más ayuda para todos los residentes que merecemos vivir en paz y armonía”, dijo Toro.

La percepción de seguridad también ha cambiado para quienes viven a pocos metros del CAI. Brian Yepes contó que, durante el tiempo de construcción, se presentaron varios atracos en la zona y el temor era constante.

“Sentarse en la puerta de la casa o caminar con tranquilidad no era una opción frecuente. Tras la inauguración del nuevo CAI, la sensación es distinta y se siente más seguridad”, mencionó Yepes.

Desde el barrio La Victoria, Leonard Santana, quien lleva más de ocho años viviendo allí, comentó con nostalgia que en el pasado la oscuridad y los robos eran parte del panorama nocturno, pero que la llegada del CAI representa una esperanza para el sector, especialmente por la cercanía de dos canchas de fútbol y espacios donde se reúnen niños y jóvenes.

“Antes era difícil salir tranquilo; ahora esperamos que todo cambie”, comenta.

Esa percepción se repite en quienes transitan diariamente por la zona, aunque no vivan allí. Miguel Ángel Cujía, trabajador del sector, describe cómo antes el lugar se sentía peligroso e incluso intransitable durante la noche. Con la presencia policial, asegura, se percibe mayor vigilancia y una dinámica más calmada en las calles.

La expectativa también se extiende a otros puntos de la ciudad, como el barrio Rebolo, donde la comunidad ve con esperanza la construcción de una estación de policía. Jimmy Hernández, quien visita con frecuencia a sus hijos y a su nieto en la zona, consideró que la obra representa un paso importante.

Además indicó que años atrás la inseguridad obligaba a muchos a resguardarse temprano en sus casas y que ahora, mientras acompaña a su nieto en el parque, confía en que la futura estación fortalezca la tranquilidad del barrio.

Para Belky María Falón, residente de Rebolo desde hace tres años, la obra tiene un significado especial. Relata que en 2023 la zona fue escenario de varios hechos violentos que generaron temor entre las familias, especialmente cuando se trataba de permitir que los niños jugaran al aire libre. Ahora, aseguró, la comunidad se muestra optimista.

“Es un logro, un avance, porque incluso acciones cotidianas como sentarse en la puerta de la casa o usar el celular en la calle ya no les causa tanto temor”, agregó.

JHONY OLIVARES, Johnny Olivares Los uniformados se han convertido en un apoyo vital para que las comunidades se sientan acompañadas y con mayor vigilancia.

Lo que se ha hecho

De acuerdo con la Administración distrital, durante los últimos cinco años Barranquilla ha presentado un crecimiento demográfico moderado, con una tasa anual sostenida del 0,96 % en 2025, según cifras del IMED de Fundesarrollo, fenómeno que se concentra principalmente en el norte y el occidente, donde existe mayor disponibilidad de tierras y expansión urbana.

La construcción y adecuación de los nuevos CAI y subestaciones ha significado una inversión que supera los $34 mil millones, recursos financiados de manera conjunta por la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Barranquilla. Estas estructuras se han priorizado en zonas de expansión urbana y sectores estratégicos con el propósito de mitigar factores de inseguridad, descentralizar la atención institucional y ofrecer respuestas más rápidas y efectivas a la comunidad.

Entre los principales resultados se destacan disminuciones significativas en homicidios, especialmente en Santa María, con una reducción del 64,3 %, seguido de La Paz con 14,3 % y Santo Domingo de Guzmán con 7,7 %. También se evidencian bajas en casos de extorsión, con reducciones del 25 % en Santa María y 54,5 % en La Paz, así como descensos en hurtos a comercio y residencias, particularmente en Santo Domingo de Guzmán, donde el hurto a comercio cayó 71,4 %.

Las autoridades señalan que estas cifras permiten identificar cambios preliminares favorables, especialmente en homicidios y extorsión, aunque reconocen la necesidad de reforzar acciones focalizadas en delitos de mayor incidencia como el hurto a personas y las lesiones personales. El seguimiento técnico continuará mediante indicadores desagregados por barrios y tipologías delictivas para evaluar el impacto a mediano y largo plazo.

Asimismo, la estrategia de seguridad se complementa con dotación, movilidad de la fuerza pública e inversión tecnológica. Actualmente, el sistema de cámaras de la ciudad cuenta con altavoces, identificadores faciales y lectores de placas que permiten monitoreo permanente y atención de incidentes en tiempo real, herramientas que, según la administración, promueven la confianza institucional y respaldan el desarrollo económico de Barranquilla.

Fuerza articulada

Entre tanto, el brigadier general Miguel Andrés Camelo Sánchez afirmó que la seguridad de los barranquilleros continúa siendo una prioridad para la Policía Nacional, destacando la puesta en funcionamiento de nuevos CAI y estaciones como parte de la estrategia S2D: Seguridad, Dignidad y Democracia.

Señaló que el fortalecimiento institucional incluye más uniformados, formación en prevención anticipativa y uso de tecnología, con el objetivo de adelantarse al delito y reforzar la presencia en barrios, parques, entornos educativos y zonas comerciales.

“Los uniformados que llegan a estos nuevos espacios provienen de una reorganización estratégica, de nuevas incorporaciones y de refuerzos técnicos, garantizando no solo mayor presencia, sino también calidad humana, vocación de servicio y profesionalismo”, aseveró.

Asimismo, reiteró que el trabajo articulado con la comunidad es clave para combatir delitos como el hurto, la extorsión y las violencias basadas en género.

Visión experta sobre la seguridad

Para el experto en seguridad Arturo García, la discusión sobre los nuevos CAI y estaciones de Policía no puede centrarse únicamente en la infraestructura. A su juicio, su verdadero valor está en el vínculo que logren construir con la ciudadanía.

Según el analista, uno de los principales errores de percepción es creer que la sola construcción de un CAI resolverá los problemas de inseguridad de un barrio y que esto no es totalmente cierto.

Detalló que en un CAI suele haber un agente de turno encargado de coordinar patrullas y atender reportes que llegan a través de la línea de emergencias o directamente de los vecinos. Por ello, su impacto depende más de la articulación con las patrullas y con la comunidad que de la edificación en sí. No obstante, reconoció que ciudades como Barranquilla y su área metropolitana han sido territorios que históricamente han recibido inversiones importantes en este modelo.

Para García, la clave está en entender que un CAI debe funcionar como centro de referencia y formación comunitaria, no solo como un punto de vigilancia. En ese sentido, destacó el papel de los llamados “policías padrinos” o comunitarios, así como de los frentes de seguridad, redes de apoyo y escuelas de convivencia que se articulan con líderes barriales, juntas de acción comunal y comités deportivos.