Las celebraciones por el centenario de la llegada del arqueólogo Hiran Bingham a Machu Picchu -no su descubrimiento, aclaran los paisanos del lugar- arrancan hoy en Cuzco con unas actividades cuyas preparaciones no se han visto exentas de polémica y dudas.
Consciente de que la ciudadela de Machu Picchu es el principal atractivo turístico del país (en 2010 cerca de 800.000 turistas visitaron las ruinas), el Gobierno peruano ha buscado convertir el centenario en una celebración por todo lo alto.
Cuzco, la antigua capital del Imperio Inca y la puerta de entrada de los turistas a la declarada nueva maravilla del mundo, es el centro de estas celebraciones, y por ello se ha buscado vestir de gala a la ciudad de 450.000 habitantes, incluso recomendando a los taxistas que vistan desde hoy con traje y corbata.
Además, están previstos actos en los que se quiere mostrar lo más tradicional de la cultura andina, desde festivales de danzas típicas a exhibiciones de camélidos andinos.
Los actos principales tendrán como escenario la propia ciudadela, precisamente uno de los puntos que ha traído más problemas a los organizadores.
Durante meses, la Comisión de Alto Nivel encargada de los festejos ha estado barajando realizar incluso un gran concierto en Machu Picchu, para el que se habló desde Paul McCartney al tenor peruano Juan Diego Flores.
Sin embargo, y luego de que la organización de la ONU para la Educación, las Ciencias y la Cultura (Unesco), encargada de supervisar los monumentos que son patrimonio de la Humanidad, pidiera al gobierno que rebajase el tono de la celebración, temiendo daños al lugar, se decidió realizar algo menos ambicioso y, sobre todo, con menos invitados.
Machu Picchu es, sin duda, la imagen de Perú en el mundo, algo que el presidente del país, Alan García, tiene claro y por ello las celebraciones del centenario se convertirán en uno de sus últimos actos antes de que el próximo 28 de julio deje el poder a su sucesor, el nacionalista Ollanta Humala. EFE


