El Heraldo
Desolada, así lucía ayer la Plaza Alfonso López, escenario donde en otros años competían y gozaban los acordeoneros.
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Sociedad

Otro abril sin Festival Vallenato…

La no realización de la fiesta de acordeones más grande del planeta genera tristeza entre concursantes y seguidores.

Por segundo año consecutivo los fuelles de los acordeones se mantienen recogidos. El repicar de la caja y el rasgar de la guacharaca no se escuchan por las calles de la capital cesarense para darle vida al Festival de la Leyenda Vallenata.

Los sentimientos más nostálgicos se apoderan por estos días de los amantes de este género musical que como de costumbre a lo largo de esta semana llegaban desde distintas latitudes para darse cita en Valledupar y disfrutar de los diferentes concursos y conciertos.

Pero no solo hay tristeza, también preocupación entre los organizadores de esta fiesta y autoridades locales, debido a que por la pandemia no se puede celebrar una nueva edición de manera virtual y esto indudablemente genera un duro golpe a la economía. Así lo afirma el presidente de la Cámara de Comercio de Valledupar, José Luis Urón Márquez, quien en diálogo con EL HERALDO reportó que son alrededor de $ 200 mil millones los que se dejan de percibir entre el 26 de abril y el 1 de mayo, días en que se debía cumplir una nueva edición.

“En tiempos festivaleros la ciudad era visitada por unos 50 mil turistas de todas las ciudades del país y del mundo. En las estadísticas del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, y en el observatorio de nuestra Cámara de Comercio tenemos reportado que son unos $ 200 mil millones los que se generan de actividades culturales, gastronómicas, hoteleras, artesanales y conciertos”.

Urón Márquez explica que estas benefician al Área Metropolitana de Valledupar, en donde se generan empleos formales e informales. Además, resalta que comerciantes de otras ciudades costeñas arriban para vender sus productos.

“También los vallenatos alquilaban sus casas de campo y sus residencias a los turistas, así que el impacto es grande. No celebrar el Festival Vallenato significa un retroceso muy grande que hoy tiene contra las cuerdas a muchos empresarios”, dijo.

Los recuerdos del Trirrey

El juglar Alfredo Gutiérrez, el único en ganar en tres oportunidades la corona de Rey Vallenato en la categoría de Acordeonero Profesional (1974, 1978 y 1986), confiesa que algunas lágrimas se le escapan por estos días.

“Desde que empezó esta pandemia mis días se han tornado tristes por no estar en los escenarios, pero en días de festivales me invaden los recuerdos y me pongo mucho más sentimental. No veo la hora de volver a Valledupar a presentarme con mi grupo ante el público, yo sé la alegría inmensa que genera ser Rey Vallenato, lo viví en tres ocasiones, esos recuerdos no salen de mi mente”, manifestó el músico sucreño.

Sobre cuál de los tres títulos recuerda con especial cariño, hace referencia al primero, debido a que en esa ocasión quería probar de qué estaba hecho. “Venía de cosechar triunfos dentro de la música tropical con Los Corraleros de Majagual, pegamos éxitos como La Paloma guarumera, Sombrerito panameño, Festival en Guararé, entre otros, así que llegaba al Festival a demostrar mis condiciones como acordeonero auténtico de la música vallenata. Como uno no es monedita de oro para caerle bien a todos, en el público tenía gente a mi favor y otros en contra que esperaban escépticos mi propuesta, pero por fortuna con talento no dejé lugar a dudas y gané interpretando los temas La loma, Muchachita y La puya rebelde”, rememoró ‘El Rebelde del Acordeón’.

Un cantante y guacharaquero que disfruta hace 35 años de los concursos es Odacyr ‘el Ñeko’ Montenegro, quien ha tenido la oportunidad de acompañar a cinco Reyes Vallenatos y un Rey de Reyes en sus gestas festivaleras. Sin embargo, esta pausa obligada lo llena de recuerdos. “Siento un guayabo gigante porque siempre me he esmerado por participar en los concursos, desde hoy (ayer) estábamos en la tarima viviendo emociones únicas, extraño hasta el sol”.

En 1998 Ñeko salió vencedor con Saúl Lallemand, al año siguiente con Hugo Carlos Granados, en 2005 con Juan José Granados, en 2007 ganó el Rey de Reyes con Hugo Carlos Granados, en 2009 con Sergio Luis Rodríguez y en 2020 con Manuel Vega. “El año pasado participé en la edición virtual, generó algo de emoción, pero nada se compara con sentir los aplausos en la plaza Alfonso López, en la del barrio Primero de Mayo o en una final en el Parque de la Leyenda Vallenata”.

Los acordeoneros eran felices por estos días.

Un jurado en la sombra

El compositor vallenato Sergio Moya Molina, que ayer cumplió 80 años de vida, manifestó tener sentimientos encontrados. Por un lado agradece a Dios poder llegar a esta edad en medio de estos tiempos tan difíciles que vive la humanidad. Por el otro, se siente triste porque se considera “festivalero a morir” y “esta era una época” en la que era feliz y disfrutaba de los concursos. “Ahora hay gran desolación y lamento, estamos llorando a diario a tantas personas que fallecen por el coronavirus”.

El creador de La celosa, éxito que internacionalizó Carlos Vives, anualmente era de los que se instalaba bajo la sombra de los árboles del Coliseo de Feria Ganadera a disfrutar del concurso de la Canción Inédita, el cual conquistó en 1997 con el paseo Recuerdos de viejo tiempo. “En varias ocasiones he sido jurado, pero últimamente me gusta más bien ir a disfrutar como cualquier espectador. Desde esa óptica puedo decir que las temáticas se tornan repetitivas, también que son pocas las puyas y merengue que presentan los compositores, pero a quienes nos gusta este concurso lo disfrutamos a plenitud. Por mi pueden pasar 80 años más y el Festival Vallenato jamás me aburrirá”.

Confinado en su casa en el barrio 12 de Octubre de Valledupar, Moya Molina ruega a Dios porque el próximo año se pueda reencontrar con todos los festivaleros y disfrutar de una buena parranda vallenata. “Por ahora toca seguir encerrados, la vida es la prioridad y aunque uno sienta algo de tristeza, creo que es mejor esperar un poco más para celebrar como es debido”.

Otra festivalera de tiempo completo es Maritza Viña, que desde el barrio El Cerrito sacudió su pollera y por estos días baila al ritmo del pilón para disminuir su guayabo. Ella es la directora del Pilón Cañaguate, grupo integrado por 50 parejas, con el que hace medio siglo participa en el desfile inaugural del Festival. “Siento una soledad tremenda, sigo cumpliendo el confinamiento, feliz porque no nos ha tropezado el covid; pero me genera pena no poder salir a bailar con mi grupo con el que he ganado ocho veces, y en tres más he sido declarada fuera de concurso”.

Viña, que con su grupo también ha conquistado tres veces la Feria de Machiques, Venezuela, sueña con volver a disfrutar de estos días por las calles. “Soy una mujer alegre y trato de transmitir a mi grupo esa buena energía, por eso a lo largo del año vivimos ensayando. Ahora lo hacemos de manera virtual para no perder la costumbre”.

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