Sociedad

Madres a toda prueba: testimonios de lucha en pandemia

Aleidys Molina, Teresa Rodríguez, Marelys Támara y Blasina Machacón tienen claro que nada las detiene cuando de defender sus familias se trata.

Una fuente inagotable de amor nos alimenta desde el vientre. Desde la cabeza hasta los pies conectamos con el instinto maternal del que somos fruto. Los sentimientos de afecto salen a relucir en su versión más pura y noble.

Así lo expresan una enfermera, una madre sustituta, una artesana y una comerciante independiente, que con su esfuerzo han sostenido sus familias y reforzado los cimientos de sus hogares para que a sus hijos nada les falte.

Sin duda ellas son el reflejo de millones de mamás colombianas que desde los territorios fortifican el núcleo de la sociedad: la familia

Este domingo se conmemora el Día de las Madres, una fecha que no basta para reconocer que su amor y valentía resisten las más duras pruebas, incluso las que impone a la humanidad la pandemia por la covid-19.

Dar vida y preservarla, el llamado de Aleidys

No puede cruzar la puerta de su casa sin antes pasar por todo el protocolo de desinfección. Debe entrar directamente al baño evitando al máximo el contacto con sus dos hijos y su esposo. Esta es la rutina de la enfermera Aleidys Molina y la de muchos de los profesionales de la salud que hace más de un año le están haciendo frente a la pandemia.

La mujer de 29 años confiesa que es complejo cumplir la labor como profesional de la salud y desempeñarse como madre al mismo tiempo, pero para ella las dos cosas son una “vocación”. “A pesar del cansancio y el agotamiento por mi trabajo, intento disfrutar al 100 % el tiempo que estoy en casa. Yo les cocino, los atiendo, los consiento y juego con ellos”.

Aleidys atiende a pacientes que sufren de enfermedades renales en una sala de hemodiálisis. En ese espacio laboral su instinto maternal es clave.

“A pesar de que la mayoría de mis pacientes son adultos, el deseo de cuidarlos ya es un instinto. Tú lo ves como esa persona que necesita tanto de ti. Les pregunto por su estado de salud todo el tiempo, les llamo la atención si no son juiciosos con los tratamientos. Les pido que piensen en ellos, en su familia y hasta en nosotros porque al final uno se vuelve como familia. Los cuidamos como si cuidáramos a nuestros propios hijos”.

Según cuenta, la covid-19 la afectó en cierta medida. Su esposo es contador, pero bajaron sus ingresos a falta de clientes, por fortuna encontró otras maneras de generar dinero. Aleidys se mantuvo firme ante el panorama y agradece que no le faltó trabajo a pesar de la crisis.

Comparte lo difícil que es ver a una madre perder a su hijo, ya que lo ha vivido en el ejercicio de su carrera, no solamente desde que llegó el coronavirus.

También es difícil para ella no poder explicarles a sus niños que no pueden abrazarla apenas llegue de su trabajo, que consume gran parte de su día. Sin embargo, la satisfacción de contribuir a salvar la vida de los pacientes compensa de cierta forma todo su sacrificio.

Madre sustituta: “un corazón para refugiarse”.

“Sentía dolor en mi corazón al ver la situación en la que vivían estos niños. Sentí el deseo de ayudar a esos niños sin padres y sin hogar. Ahora los formamos con valores y principios, pero sobre todo con mucho amor”. Esas son las emotivas palabras de Teresa Rodríguez, una mujer que hace 25 años es madre sustituta en Barranquilla.

Luego de conocer la historia de una amiga que era madre sustituta, Rodríguez junto a su esposo decidió emprender esa admirable labor. Bastó una visita al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para iniciar todo el proceso y convertir su casa en hogar sustituto. Con el apoyo de la organización y la Fundación Cedesocial —que maneja el servicio de los profesionales médicos y sociales— Teresa ha logrado obtener las herramientas necesarias para la manutención y la formación de cientos de niños y jóvenes.

La mujer barranquillera tiene dos hijos biológicos, y no alcanza a tener la cifra exacta de los “hijos adoptivos” que ha acogido. Estima que más de 300.

Cuenta que dependiendo del caso, los niños están en casa entre tres y cuatro meses. Algunos de ellos permanecen por tiempo indefinido. Otros llegan a la casa de ‘Tere’ mientras esperan ser adoptados.

Después de muchos años, aún mantiene vivo ese instinto maternal que la impulsa a seguir ayudando a estos niños.

“Fue un sentimiento que brotó de mi corazón (…) Cuando uno es madre se siente un gran amor, pero al ver a otros niños sin padres, sin un hogar, uno se pregunta qué será de ellos en el futuro. Entonces se mueve ese sentimiento. Yo sabía que podía ayudarlos y así ha sido”, expresa con su voz quebrada.

La mujer reconoce que durante la pandemia ha sido complicada la estancia de los menores en casa. “Tengo adolescentes ahora mismo, me tocó hablarles mucho, tener mucha paciencia, sobrellevarlos y explicarles que era necesario cuidarse. Unos se ponían rebeldes, pero fueron entendiendo la situación”.

Con el tiempo, dice, muchos regresan a su casa y le agradecen sus enseñanzas porque no se perdieron en el camino de la vida. Incluso, a veces llegan con sus hijos de la mano a solicitarle su ayuda con una nueva generación.

Marelys, la fuerza de los Támara

Una gripa contagió a la familia Támara en plena pandemia. Aunque los resultados de las pruebas nunca llegaron, siguen sospechando que “se trataba de covid”. Por prevención dejaron de salir y trabajar. La situación se complicó aún más en la casa de la madre de familia Marelys Támara, quien preocupada veía como no alcanzaban los pocos recursos para tener comida sobre la mesa. 

En el barrio Por Fin, en el suroccidente de la ciudad, vive la mujer de 56 años junto a siete de sus familiares. Antes de la emergencia sanitaria ella trabajaba como empleada doméstica; sin embargo, se quedó desempleada al igual que otros integrantes de su familia. En estos momentos solo reciben ingresos su cuñada y ella, quienes son el único sustento del hogar.

Ropa interior, accesorios, cosméticos, adornos, electrodomésticos, maquillajes, blusas o sábanas son algunos de los artículos que vende Marelys. Cuando no hay suficiente dinero para invertir en la compra de productos, optan por hacer postres, pasteles, sancochos y otras comidas.

“Tengo que aprovechar cualquier oportunidad que salga. Con la venta de las revistas ha sido difícil porque la gente no quiero recibirlas por miedo a contagiarse del virus. Tampoco puedo ir de casa en casa entregándola”. De manera tradicional, aún algunas vecinas se acercan a mirar los catálogos de las revistas con los productos que vende, ya que no utiliza ningún medio digital.

La resiliencia de Marelys ha levantado a su hogar. A pesar de las trabas y las condiciones de vida en las que se han desenvuelto, han superado las adversidades. “El amor de mamá es el amor más real. Es para siempre. Uno estará siempre pendiente de ellos así se vayan de casa. A las madres que están pasando por momentos difíciles les digo que aún en las adversidades uno debe tener la llama del amor despierta y que recuerden que después de la tormenta viene la calma. Esperen siempre en Dios”, es el mensaje de esta madre todo terreno.

Cuando la vida se teje

Blasina Machacón ha construido su hogar con las manos, literalmente. Oriunda del municipio de Suan, en el Atlántico, a sus 52 años mantiene intactas sus ganas de seguir llegando a sus compradores con los exclusivos tejidos en fique. Individuales, canastos, alfombras y bolsos son algunos de los productos que elabora.

A los 17 años conoció del mundo del tejido. Hace remembranza de cuando se plantaba al lado de su madre para verla tejer. Inventando nuevos diseños y mejorando su técnica, con los años se ha convertido en una matrona de las artesanías en su municipio.

Blasina tiene tres hijos. Como indescriptible califica el “privilegio de ser madre”.

“Es el sentimiento más noble y hermoso que podemos experimentar. Cuando vemos a nuestros hijos abrir sus ojos por primera vez se nos olvida todo el dolor”, detalla.

Actualmente vive con una de sus hijas. Dice que le heredó el talento del tejido y espera que así sea con su pequeña nieta para que la tradición no se pierda.

El abuelo paterno de ‘Blasi’, como la llaman sus compañeros de trabajo, elaboraba las mochilas que utilizaba mucho tiempo atrás para recoger los frutos del campo.

“Mi madre me hizo caer en cuenta de eso. Ahora sé que viene de nuestros ancestros, hay mucha historia que no conocemos”, puntualiza.

En cuanto a la economía de su hogar en este tiempo pandémico, desde su experiencia cuenta que el año pasado fue “muy productivo” en cuanto a las ventas. Blasina contó con la fortuna de que Artesanías del Atlántico utilizó los medios digitales para que no se detuviera el trabajo en este sector, que es el sustento de docenas de familias artesanas en el municipio de Suan y el resto del departamento. “Es una bendición porque en pandemia hemos vendido incluso mucho más en comparación con otros años”.

A propósito de su historia, Machacón agrega que días atrás participó en el lanzamiento de la colección ‘Momentos de vida’ conformada por piezas en iraca, fique, madera y barro marmolado, que evocan recuerdos familiares y tradiciones en torno al hogar. Este programa liderado por la Gobernación del Atlántico, a través de su Secretaría de Cultura y Patrimonio, presentó una selección de artículos diseñados a partir de técnicas tradicionales, que transmiten un mensaje de vida y esperanza.

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp
Convierta a El Heraldo en su fuente de noticias
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1. Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2. Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3. EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4. Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.