Desde las playas de amor de Chimichagua, a orillas de la ciénaga de Zapatosa, donde hallase dormitaba la Piragua, un muy orgulloso colombiano, de corazón y sangre caribe, dice: ¡Bienvenido seas, Telecaribe!”. Con esas palabras José Jorge Dangond Castro, le anunciaba al Caribe y al país que nos empezaríamos a contar nosotros mismos a través de la televisión.
Era el 28 de abril de 1986 y Valledupar era una sola nota musical por el Festival Vallenato. Las calles hervían de turistas, políticos, periodistas y músicos, mientras en una cabina improvisada, sostenida más por terquedad que por presupuesto, un grupo de muchachos intentaba algo que parecía imposible: el primer canal que unía a una región.
Sin embargo, la historia de este hito televisivo no comenzó con grandes estudios de grabación ni con enormes presupuestos gubernamentales sino por una profunda sensación de aislamiento. Dangond recuerda su niñez en Valledupar como una época de total desconexión con el resto de la costa colombiana.
La geografía jugaba en contra, pues la imponente mole de la Sierra Nevada bloqueaba por completo las señales de radio y televisión que pudieran llegar desde ciudades como Barranquilla. “No escuchábamos radio ni veíamos televisión, sino de Venezuela o de otros países del Caribe”.
Curiosamente, para descubrir que los habitantes de los distintos departamentos del Caribe compartían una identidad, gustos similares y una forma particular de hablar, tuvo que viajar a estudiar a Bogotá. Allá, lejos del nivel del mar, los costeños se agrupaban al darse cuenta de sus fuertes afinidades culturales y musicales, formando un frente común ante el frío capitalino.
Esa revelación plantó una semilla en su mente. Mientras adelantaba estudios en Estados Unidos, su interés por los medios creció. “Yo hacía televisión en Estados Unidos. Mientras estudiaba, siempre tuve la pasión por la radio y por la televisión”, cuenta. Al regresar a Colombia en 1984, se encontró con un país golpeado por la violencia. Su padre, un empresario local, le aconsejaba buscar caminos seguros: “Aquí primero está la vida, primero está la vida, abrirse camino por el lado de la educación”. Pero la vocación por la comunicación pudo más que el miedo.
Armado con conocimientos técnicos de lo que entonces llamaba “televisión aficionada”, consiguió equipos y ocupó una frecuencia disponible. “Mandé a hacer un transmisor con una frecuencia que estaba disponible... empezamos a transmitir al principio por casetes, películas americanas”, explica Dangond sobre el nacimiento de lo que se conocería como Televallenato. La respuesta de la gente fue de asombro total. “La gente creía que era una televisión de Estados Unidos. Hasta que salió un conjunto vallenato, eran unos jóvenes Omar Geles y Miguel Morales”.
El punto de quiebre definitivo llegó con el Festival de la Leyenda Vallenata de 1985. Utilizando equipos básicos y con la ayuda incondicional de sus primos, lograron un hito técnico. “Empezamos y transmitimos en directo el primer festival, por lo posible ver en su casa, festival en directo. Tranquilo y muy buena calidad, muy buena señal”, relata.
Al día siguiente, la prensa nacional hizo eco de la noticia. Periódicos como El Tiempo y El Heraldo catalogaron el esfuerzo como una proeza. “Narraban cómo era una quijotada transmitir eso. Cosas que ni los canales nacionales hacían”, señala.
Dangond viajó a Bogotá para buscar respaldo institucional, pero se topó con un muro burocrático. “Fui a Bogotá, no me recibió la ministra Noemí Sanín, me recibió otra persona, jefa de audiovisuales, le planteé lo que quería hacer, me dijo que era imposible”, cuenta sobre ese primer intento fallido. Sin embargo, él tenía claro el orden de las cosas: “Como pasa con todo, con la tecnología, las normas y las leyes van después de que se implementan”.
Apoyado en Juan B.
La suerte cambió radicalmente gracias al apoyo del eterno director de EL HERALDO, Juan B. Fernández. “Me llama una vez Juan B. Fernández: ‘José Jorge, la ministra está aquí, quiere saludarte. Nos vemos en la Cámara de Comercio’”. Luego de allí volvieron a reunirse en la sede de esta casa editorial y todo empezó a encaminarse.
Para estructurar el canal y evitar disputas territoriales, tomaron decisiones salomónicas. La promotora y la escritura de constitución se hicieron en Cartagena. “La sede se estableció en Santa Marta. Si nos podíamos independizar de Bogotá, no era para crear otro minicentralismo”.
Lo más memorables
En el recuerdo de la región quedan programas de la talla de Sucesos, Estelares del Vallenato, Cheverísimo, Mundo Costeño, Trópicos o Rita en Curramba, siendo estos de los más longevos.
Asimismo nombres como Bertha Benedetti de Carbonell, Mike Schmulson, Ernesto McCausland, Jorge Cura, María Patricia Dávila, Leónidas Otálora, Marcos Pérez, Estewil Quesada, Mingo Martínez, Esmeralda Ariza, Rafael Manjarrez y un sinnúmero más que llevaría una edición completa nombrarlos a todos.
Cuatro décadas después de encender aquellos primeros transmisores, el mercado audiovisual ha mutado por completo. Dangond, hoy alejado de la operación diaria pero siempre atento a la industria, ve el panorama con claridad. “Yo estuve en la última conferencia en Guadalajara, México, donde participan los especialistas del tema. No hay acuerdo sobre el futuro de la televisión. Se habla de streaming, de multipantalla”, reflexiona. Para él, el concepto mismo de los canales tradicionales está desapareciendo: “Hoy no se habla de canales, se habla de televisión, porque ya es contenido”.


