La música folclórica colombiana está de luto. Este sábado se conoció el fallecimiento de Pedro Ramayá Beltrán, uno de los máximos exponentes de la flauta e’ millo en las bandas sabaneras y figura esencial en la preservación de los sonidos tradicionales del Caribe.
Su partida marca el adiós de un artista que dedicó su vida a mantener viva la esencia de ritmos como la cumbia, el porro y el fandango, convirtiendo su instrumento en una voz inconfundible que narró la historia cultural de toda una región.
Pedro Ramayá no solo interpretaba música, la transformaba. Su estilo logró posicionarlo como referente obligado dentro del folclor colombiano. Desde las sabanas de Bolívar, llevó su talento a escenarios nacionales, consolidándose como uno de los músicos más influyentes en su género.
Su sonido, alegre y profundamente arraigado en la tradición, se convirtió en símbolo de fiesta, identidad y memoria colectiva.
Canciones que se volvieron eternas
Gran parte de las canciones asociadas a Ramayá nacen de la tradición oral, un rasgo característico de la cumbia y el porro. Temas como “El Mico Ojón (o Mico Ojón Pelú)” tienen su origen en expresiones populares y relatos festivos de la región Caribe. Esta pieza, convertida en una de las más escuchadas en plataformas digitales, refleja el humor, la picardía y el ritmo contagioso propios de las verbenas.
En esa misma línea se encuentra “El Ratón”, una composición que, aunque con raíces tradicionales, fue reinterpretada por Ramayá con su estilo inconfundible, dándole nueva vida dentro del repertorio de las bandas sabaneras.
Clásicos que evolucionaron con el tiempo
Canciones como “Déjame Quieto” y “La Clavada” son ejemplos de cómo la música de Ramayá se nutrió de versiones previas y arreglos colectivos.
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En la cumbia, muchas piezas no tienen un único autor definido, sino que evolucionan con cada interpretación. Ramayá aportó arreglos, fuerza interpretativa y protagonismo instrumental, consolidándolas como clásicos.
Por su parte, “Santo y Parrandero” se convirtió en un himno festivo que resume el espíritu dual del Caribe: devoción y celebración. Su permanencia en el tiempo demuestra cómo estas canciones logran conectar con distintas generaciones.
Innovación dentro de la tradición
Aunque reconocido por el clarinete, Ramayá también exploró otros sonidos tradicionales. “Mi Flauta” destaca precisamente por resaltar la sonoridad de la flauta de millo, instrumento fundamental en la cumbia, evidenciando su versatilidad y respeto por las raíces musicales.
Otro ejemplo es “La Estera”, interpretada junto a su agrupación La Cumbia Moderna de Soledad, donde se percibe una fusión entre lo tradicional y arreglos más contemporáneos, acercando su música a nuevos públicos.
Del Carnaval a las plataformas digitales
El carácter festivo de su obra se refleja en canciones como “Pa’ Gozar El Carnaval”, una pieza pensada para acompañar celebraciones como el Carnaval de Barranquilla, donde la música sabanera es protagonista.
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Incluso en la era digital, su legado sigue creciendo. Temas como “Niña Mode” han encontrado nuevas audiencias en plataformas de streaming, demostrando que su música sigue vigente y conectando con públicos jóvenes.
Más que un repertorio individual, las canciones de Pedro Ramayá representan una construcción colectiva de la cultura Caribe. Él fue el puente entre la tradición y la modernidad, el intérprete que tomó sonidos ancestrales y los convirtió en éxitos masivos.
Hoy, tras su partida, su música sigue viva en cada fiesta, en cada banda y en cada rincón donde suene una cumbia. Porque si algo dejó claro Pedro Ramayá, es que el folclor no muere: se transforma y perdura.
















