En posición de recogimiento, fe y profunda reflexión, cientos de feligreses se congregaron la mañana de este lunes en la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla para participar en la Misa Crismal.
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La ceremonia, celebrada a partir de las 10:00 a.m., estuvo presidida por Monseñor Pablo Emilio Salas, quien ofreció una homilía centrada en el papel de la Iglesia en tiempos de dificultad, la misión del sacerdocio y el compromiso activo de los creyentes.
Desde tempranas horas, familias enteras, adultos mayores y jóvenes comenzaron a llegar al templo, considerado uno de los principales referentes religiosos del Caribe colombiano, para participar en esta jornada que da apertura a una de las semanas más significativas del calendario litúrgico cristiano.
El silencio respetuoso, interrumpido únicamente por cánticos y oraciones, marcó esta celebración que invitó a la introspección espiritual. Durante su sermón, Monseñor Salas hizo un llamado directo a la comunidad a fortalecer la fe en medio de los desafíos actuales, especialmente aquellos que enfrenta la Iglesia. El arzobispo destacó la importancia de acompañar a los sacerdotes en momentos de dificultad, señalando que el respaldo de la comunidad es fundamental para sostener la misión pastoral.
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“Este pueblo acompaña, cuida y defiende a sus sacerdotes, incluso en medio de las crisis y los señalamientos que se presentan día a día”, expresó el prelado, resaltando el vínculo espiritual entre los fieles y quienes han sido consagrados para el servicio religioso.
En ese sentido, el arzobispo recordó que la vocación sacerdotal no está exenta de pruebas, pero que encuentra su fortaleza en la fe y en el acompañamiento de la comunidad. Sus palabras resonaron con fuerza entre los fieles que hacían presencia en el templo.
Un llamado a vivir la fe con acciones
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la invitación a los creyentes a asumir un rol activo dentro de la Iglesia. Monseñor Salas insistió en que la fe no debe limitarse a la asistencia a los templos, sino que debe traducirse en acciones concretas que transformen la realidad social.
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“Somos llamados, somos consagrados, pero también somos enviados, pues cada bautizado tiene una misión en el mundo, pueden ser sanar, levantar, reconstruir y devolver la esperanza a quienes más lo necesitan”.
El mensaje también hizo eco en la necesidad de practicar valores como la caridad, la solidaridad y la entrega desinteresada. En medio de su intervención, el prelado exhortó a los fieles a “aprender a dar”, resaltando la importancia de la limosna entendida no solo como ayuda material, sino como un acto de amor hacia el prójimo.

La figura de San Pablo como inspiración
En su reflexión, el arzobispo mencionó la figura de San Pablo, a quien presentó como ejemplo de entrega total a la misión evangelizadora. Recordó cómo el apóstol dedicó su vida a anunciar el mensaje de Cristo, enfrentando dificultades sin buscar reconocimiento personal.
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“San Pablo vivió su misión sin pretender ganar nada, entendiendo que su vida estaba al servicio de un don mayor”, señaló.
Otro de los puntos clave del sermón fue la reflexión sobre las crisis que atraviesa la Iglesia en la actualidad. Sin profundizar en casos específicos, Monseñor Salas reconoció que existen momentos difíciles que generan cuestionamientos y tensiones, pero insistió en que la respuesta debe ser la unidad, la fe y la esperanza.
“El consuelo está en este pueblo que no abandona, que permanece, que cree. El papel de los fieles como soporte espiritual en tiempos de incertidumbre es lo que merece la iglesia.
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Asimismo, hizo un llamado a la reconciliación dentro de la comunidad eclesial, invitando a dejar atrás divisiones y a trabajar por la construcción de una Iglesia más unida. “Estamos llamados a levantarnos de las caídas, a recuperar la comunión y a mirar hacia adelante con esperanza”, afirmó.
En consonancia con el significado de la Semana Santa, la homilía estuvo marcada por un fuerte énfasis en la renovación espiritual. El arzobispo recordó que este tiempo litúrgico es una oportunidad para reflexionar sobre la vida, fortalecer la relación con Dios y reencontrarse con los valores esenciales del cristianismo.
La celebración en la Catedral Metropolitana no solo marcó el inicio de la Semana Santa, sino que también dejó un mensaje claro: en medio de las dificultades, la fe, la unidad y el compromiso siguen siendo pilares fundamentales para la Iglesia y sus fieles.
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