A cien años del nacimiento de Álvaro Cepeda Samudio, fecha que se conmemora este lunes 30 de marzo, Barranquilla vuelve a recordar a un escritor fundamental, a un creador múltiple cuya obra y pensamiento siguen irradiando modernidad.
Su legado no quedó anclado en los libros, sino que se expande hacia el periodismo, el cine, la gestión cultural e incluso en la manera de entender la identidad caribeña.
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La conmemoración de este siglo de su nacimiento ha servido para redescubrir esas múltiples facetas que lo convierten en una figura irrepetible dentro del panorama intelectual colombiano con una exposición que se le ha dedicado en el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB), del cual este pensador fue su gestor.
Para su viuda, Tita Cepeda, su legado trasciende con creces la literatura. “Me sobrecoge el enorme y minucioso poder que ha desplegado el Museo de Arte Moderno de Barranquilla en el desarrollo de la exhibición del centenario en la que se aprecian sus múltiples facetas. Él fue un amante de lo audiovisual y un publicista excepcional; como periodista tenía una máxima y era que las noticias debían caminar y para ello debía hacerse el mejor esfuerzo”, afirma, al tiempo que resalta su papel como uno de los nombres más estudiados de la literatura colombiana.

Pero Cepeda Samudio también fue un arquitecto cultural. Participó en la fundación del Cine Club de Barranquilla (semilla de una red nacional de cineclubes) y tuvo un rol decisivo en la creación del MAMB, al que concebía como una institución capaz de representar el carácter abierto y creativo de la ciudad.
“Su amor por el arte era integral, pues escribió sobre fotografía, coleccionó obras y promovió artistas como Nereo López y Orlando Rivera ‘Figurita’. Era un coleccionista de corazón”, recuerda su viuda.
Tita agrega que hablar de ‘El Nene’ Cepeda es también hablar de periodismo. Desde muy joven, cuando apenas tenía 18 años, ya editaba un pequeño periódico artesanal llamado Ensayos, en el que reflexionaba sobre la libertad de prensa y la responsabilidad del oficio, y que a esa misma edad empezó a escribir su columna en EL HERALDO que con el tiempo logró consolidar, titulada ‘Brújula cultural’.
“Su carrera se consolidó en el diario El Nacional, donde defendió causas sociales como la huelga de maestros en su recordada nota ‘Pequeño mensaje a un gran profesor’. Más tarde, en 1961, dirigiría el Diario del Caribe, desde donde agitó la opinión pública con editoriales contundentes que denunciaban la desidia estatal y sacudían a la ciudad”.
Humor y barranquillerismo
El rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel Roca, destaca un rasgo esencial de su personalidad: su inmenso sentido del humor. “Era un personaje inmensamente barranquillero y como tal una de sus características era su mamagallismo permanente, en el cual se burlaba, incluso, aparentemente de Barranquilla”, señala.

Ese humor, lejos de ser superficial, era una herramienta crítica. “En relatos como su versión de la fundación de Barranquilla, donde supuestamente quienes la hicieron fueron unas vacas que llegaron de Galapa… un relato maravilloso, que, en el fondo, es una burla de esas ciudades cuyo origen colonial hispano estaba afincado en las tradiciones españolas más protocolarias; y en cambio, en el caso de Barranquilla, es una ciudad que surge espontáneamente y sin mayores pergaminos. Pero esa aparente burla es, en el fondo, una reivindicación de los valores de Barranquilla, ciudad nueva, ciudad abierta, ciudad incluyente (…) Estamos muy complacidos de estar participando en la celebración de estos 100 años del nacimiento de Álvaro Cepeda Samudio”.
Y es que a este hombre se le considera como el mamagallista más grande de todos los tiempos, con una chispa única que contagiaba a todos sus contertulios, especialmente a los del Grupo de Barranquilla, con quienes se reunía en La Cueva no solo a reflexionar de distintos aspectos de la vida, sino a hacer de la vida misma un verdadero goce al compás de un buen bolero, un trago de ron o un cigarrillo.
Rompió los moldes
Desde la academia, Orlando Araújo Fontalvo, doctor en Literatura, profesor de la Maestría en Literatura y Escrituras Creativas de Uninorte, subraya su gran creatividad y su incesante búsqueda de nuevas formas narrativas, además de “su innegable faceta de cuentista renovador y cosmopolita, su genialidad de novelista transculturador, su actitud vanguardista tanto en el periodismo como en el cine”.
Su obra cumbre, La casa grande, es considerada una de las novelas fundamentales del país. Bajo la óptica de Araújo, la obra formalmente se nutre con la maestría de un orfebre de técnicas que provienen del cuento, de la crónica periodística, del poema, del drama, del guion. “Y desde el punto de vista de los contenidos, es una transposición poética de asuntos que continúan vigentes en nuestra realidad política, histórica, en asuntos como la corrupción, el abandono y la represión”.

Agrega que Cepeda era un cronista versátil, podía escribir sobre deportes, política, música, cultura, literatura, cine, también sobre las pequeñas miserias de hombres y mujeres transitando el milagro banal de su vida cotidiana.
El literato explica que su legado debe seguir vigente en el periodismo y la literatura colombiana, “porque es un ejemplo de libertad creativa, de independencia, de pasión por lo que se hace, una llamarada de generosa lucidez e irreverencia en un país sumido en la ceguera y las formas tradicionales”, concluye Araújo Fontalvo, que menciona que Cepeda Samudio era quizá el más vanguardista de todos los miembros del Grupo de Barranquilla, catalogándolo como “el más experimentador, incluso más que Gabo, lo cual no es poco...”.
Sus otras pasiones
Cepeda también dejó huella en el cine. Su cortometraje La langosta azul marcó un hito como una de las primeras apuestas surrealistas del país, con reconocimiento en circuitos internacionales. A ello se suman otros cortos, radioteatros y piezas audiovisuales que evidencian su obsesión por explorar nuevos lenguajes.
El director cultural de Uninorte, Toni Celia Maestre, lo resume así: “Era posiblemente el más versátil del Grupo de Barranquilla, y todo lo que hacía lo hacía bien: cine, periodismo, literatura, publicidad y gestión cultural”.
Aunque formó parte del célebre Grupo de Barranquilla junto a figuras como Gabriel García Márquez o Alejandro Obregón, Cepeda se distinguió por su radical espíritu experimental. Para algunos críticos, incluso fue “más vanguardista” que sus contemporáneos.

Su biblioteca personal, donada a la Universidad del Norte, revela un lector cosmopolita, profundamente influenciado por la literatura anglosajona, el cine y el arte universal.
Sobre La langosta azul, expresó que es importante por una razón muy particular. “En 1954, cuando se hace Langosta Azul, se convierte en el primer corto surrealista que se hace en Colombia. Esto ya lo sabemos desde hace mucho tiempo, pero además instituciones como el Museo de Arte Moderno de Nueva York y la Universidad de Columbia, cuando hacen las grandes retrospectivas de la historia audiovisual en Latinoamérica, siempre incluyen a Langosta Azul, lo cual quiere decir que ya tiene un lugar histórico cuando hablamos del desarrollo y la evolución del cine en Latinoamérica y en Colombia”, dijo Celia Maestre, agregando que su legado es tremendamente avanzado y vanguardista.
A pesar de su reconocimiento, los expertos coinciden en que su legado aún no ha sido plenamente explorado ni difundido entre las nuevas generaciones. Su obra audiovisual, su espíritu irreverente y su visión adelantada podrían ser clave para acercarlo a públicos más jóvenes.
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Porque, como señala Araújo Fontalvo, Cepeda sigue siendo “una llamarada de lucidez e irreverencia” en un país que aún necesita voces libres.
A un siglo de su nacimiento, Álvaro Cepeda Samudio no debe ser visto solo como una figura del pasado, sino como una presencia viva que continúa desafiando, inspirando y enseñando que tanto la cultura como Barranquilla se construyen desde la mezcla, la osadía y la imaginación.



















