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El infierno nunca había sido tan bailable, tan maximalista ni tan tropical hasta que Gala de Sol lo transformó en el cine más puramente hecho arte en Llueve sobre Babel, su ópera prima que estrenó en Barranquilla en el Carnaval de las Artes y verá la luz en salas el próximo 16 de abril.

Y es que esta historia es un universo que parece construido con retazos de memoria, música, religión, fiesta y duelo. Un lugar donde la muerte coquetea, el infierno es un motel y una ciudad puede ser, al mismo tiempo, Cali y el purgatorio.

Para entender de dónde sale todo eso hay que ir al origen, pues Gala del Sol no llegó al cine por una vía convencional, sino que empezó a hacer teatro cuando tenía cuatro años. Creció entre libros, películas y una casa donde el arte era una conversación diaria. “Mi papá nos mostraba pinturas y nos decía: –¿Quién pintó esto?–, y tenías que reconocer el estilo. Era una casa muy hacia las artes”.

Cortesía‘Llueve sobre Babel’ tuvo el diseño sonoro en los estudios de Sony Pictures y se presentó en Sundance.

Esa infancia, cruzada por la curiosidad y la imaginación, también tuvo un desvío inesperado. Durante años pensó que su destino no estaba en una sala de cine, sino en un monasterio. “Yo pensé que iba a ser monja”. Estudió religiones comparadas, se obsesionó con la espiritualidad y hasta encontró un monasterio en Nepal. “Ya había decidido irme. Sentía que ese era el llamado de mi vida”.

La historia cambió cuando su madre la sentó y le hizo una pregunta que todavía resuena en su obra: “¿De verdad crees que puedes hacer más por el mundo encerrada en un monasterio que a través de tus películas?”. Ese momento, más que una decisión, fue una bifurcación. Gala eligió el cine, pero no dejó atrás la pregunta por lo espiritual, sino que la convirtió en materia narrativa.

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Su cortometraje Pasajeros en trance (2018) fue finalista en los Student Academy Awards (Óscares de estudiantes), convirtiéndola en la segunda colombiana nominada en la historia de esos premios.

Reescribir el infierno

De ahí nace Llueve sobre Babel, una película que toma como punto de partida el infierno de Dante, pero lo reescribe desde un trópico delirante. Un bar llamado Babel donde los personajes apuestan años de vida con la muerte, una figura encarnada en “La Flaca”, una mujer salsera que no se toma demasiado en serio su oficio. “La muerte de Cali no puede ser una figura oscura con guadaña. Tiene que ser una mamacita con afro gigante, que apuesta con borrachos”, explica.

La película no se parece a nada dentro del panorama reciente del cine colombiano. Es coral, caótica, musical, excesiva y profundamente íntima. Nació en pandemia, en medio del encierro, cuando un proyecto anterior se cayó y la incertidumbre se volvió rutina. “Yo estaba en crisis existencial. Pensaba: –Yo debí haber sido monja, ¿qué estoy haciendo con mi vida?–”.

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En ese momento llamó a un amigo y armó un grupo de actores jóvenes, con los que no había un guion sino una necesidad, la de sanar y contar. “Les pedí que crearan un personaje que siempre hubieran querido hacer y otro que los ayudara a sanar algo de sus vidas”. Lo que empezó como un ejercicio terminó convirtiéndose en una película. “No sabía que eso iba a ser cine. Era más como un proceso de sanación”.

Impactante visualmente

Visualmente, Llueve sobre Babel es un ejercicio de control obsesivo. Nada está dejado al azar. “A mí todo me gusta que sea planeado y diseñado. Cada escena la pienso para crear un mundo”. Ese mundo tiene nombre: retrofuturismo trópico punk. Una mezcla donde lo fantástico y lo cotidiano se confunden hasta volverse indistinguibles.

Las referencias son múltiples y, a la vez, digeridas hasta volverse propias. Pintura surrealista, cine asiático, estética neón, música balcánica mezclada con salsa caleña. “Es una mezcla de todo lo que me gusta. Yo decía: qué bacano ver esto en pantalla y no lo he visto. Entonces, lo inventamos”.

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La música funciona como columna vertebral de ese universo. “Le dije al compositor: crea un género que no exista. Mezcla lo que quieras”. El resultado es una banda sonora que salta de un extremo a otro sin pedir permiso, pero que encuentra coherencia en la lógica interna de la película.

En el fondo, todo responde a una misma idea: el cine como espacio de libertad y todo eso se repite como mantra en su proceso creativo: “¿por qué no?”. Esa pregunta le permitió ignorar advertencias, incluso las más insistentes. “Me decían: bájale al tema Lgbti, hazla más comercial. Y fue como no. Esta película es lo que es”.

El riesgo tuvo recompensa. Tras su paso por festivales, la película encontró espectadores en lugares inesperados. Uno de esos encuentros marcó a la directora. “Después de una función, una niña mormona me abrazó llorando. Me dijo que su mamá la había echado por tener novia y que una escena le había quitado la culpa. Ahí entendí que todo valió la pena”.

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Una exhibición de sus cortometrajes

Luego de un conversatorio que se realizó en la tarde del sábado junto al productor y director de la Cinemateca del Caribe, Beto Rosero, y la presentación de su ópera prima ‘Llueve sobre Babel’, la cineasta presentó este domingo en el Carnaval de las Artes un ciclo de cine con sus cortometrajes. Se pudieron apreciar en la Cinemateca del Caribe los cortos ‘Pasajeros en trance’, con el que estuvo nominada en 2018 en los Óscar de los estudiantes en Estados Unidos y ‘The Sandman’.