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El Carnaval Internacional de las Artes avanza en Barranquilla y este sábado vive su segundo día con una agenda nutrida en la que la reflexión es el verdadero espectáculo.

Entre los momentos más esperados estuvo la participación del cineasta antioqueño Víctor Gaviria, cuya obra ha marcado una forma de narrar la realidad colombiana sin filtros.

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La charla, titulada ‘Víctor Gaviria, una vida fílmica’, fue un recorrido por su trayectoria en diálogo con Julio Lara, en el que el director compartirá su mirada sobre el cine, la escritura y las historias que ha llevado a la pantalla.

Nacido en Medellín, su trabajo se ha caracterizado por retratar la marginalidad, la violencia y la vida en los barrios populares, muchas veces con actores naturales que aportan autenticidad a sus relatos. Películas como Rodrigo D: No futuro y La vendedora de rosas han sido aplaudidas en festivales internacionales como Cannes y San Sebastián.

Jesús Rueda/Jesús RuedaVíctor Gaviria en el Carnaval de las Artes XX.

Antes del cine, su primer lenguaje fue la poesía. Estudió psicología con la intención de entender más a fondo la condición humana y desde joven empezó a escribir. Publicó Con los que viajo sueño y ganó importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia.

En ese contexto, explicó, se acercó a corrientes como el psicoanálisis y autores como Lacan, mientras al mismo tiempo exploraba su interés por la poesía. “Yo estaba en la fonemática haciendo poesía… la función poética, o sea, toda la sociolingüística y la lingüística, que a mí me interesó muchísimo”, dijo.

Ese cruce entre psicología, lenguaje y literatura fue clave en su proceso. Mencionó, la influencia del teórico Roman Jakobson, cuyas ideas sobre la función poética lo marcaron. “Jacobson es un teórico que define una cosa que no lo ha superado, lo que es la función poética”.

Ese concepto de antilenguaje también lo estudió en la universidad. “Me sirvió… todo lo que son los antilenguajes, el sentido del antilenguaje como un lugar en donde se proyectan cosas que están afuera. El antilenguaje como un lugar de una antisociedad excluida, como la gente en la cárcel”.

Sus pinitos

Gaviria recordó sus primeros pasos en el cine, cuando aún estaba explorando entre la poesía, la crónica y la imagen.

Habló de Buscando tréboles, su primer trabajo. “Yo empiezo Buscando tréboles, es cierto, que se está dando acá… tengo la suerte tremenda de hacer una segunda versión en 35 milímetros. Tiene una fuerza tremenda por el negativo que te captura unos ambientes, unos colores maravillosos”.

Al mismo tiempo, no dejó de escribir. “Estoy escribiendo unas crónicas también. Yo vi que era una buena manera para decidir que yo quería ser cineasta”.

Pero Gaviria no llegó al cine desde la ficción pura, él empezó por la crónica. “No soy capaz de escribir cuentos, no soy capaz como de desprenderme totalmente de ese lenguaje más documental que es la crónica”.

De ahí nacieron varios de sus primeros trabajos. “Escribía una crónica y al mismo tiempo estaba haciendo estos cortos, como Habitantes de la noche y también Los músicos”.

Neorralismo

Gaviria también contó que tenía el deseo de contar una realidad que hasta entonces casi no se veía en el cine colombiano.

“Pero es uno tener ese anhelo, ese suspiro grande de cuando vamos a hacer estas películas aquí en Colombia con esa habilidad social, en donde cabe todo el mundo en donde la calle y el interior están mezclados y en donde te aparecen personas que has visto en alguna parte, que nacen no del cine, sino de la vida misma”.

Jesús Rueda/Jesús RuedaVíctor Gaviria en el Carnaval de las Artes XX.

Ese sueño tomó forma cuando leyó una crónica publicada en un periódico que tenía como título: ‘La muerte me tiene mía’. Narraba la historia de un perro que intentó suicidarse en un edificio del centro de Medellín, generando un gran alboroto.

A partir de ahí, todo empezó a moverse. “Entonces mi amigo y yo dijimos, oye hermano, esta es la posibilidad de nosotros hacer una película neorrealista que era nuestro sueño. Así nació la primera idea de lo que luego sería Rodrigo D”.

Influencias

Gaviria empezó reflexionar sobre la sociedad antioqueña, sus tensiones históricas y las huellas que han marcado tanto su cine como la realidad que retrata.

“Es como un aspecto de la cultura paisa… que hemos tenido la experiencia de excluir al otro, de vivir en la exclusión. Hay la experiencia de vivir en la ilegalidad, que ha sido también como una porción del antioqueño”.

Esa cercanía con la historia del país también fue un motor creativo. “Habíamos vivido el narcotráfico en los años 80 de una manera tan cercana y yo quería dar un testimonio de eso”.

Esa reflexión dio paso a una de sus películas más duras: La mujer del animal. Allí, tomó la decisión de contar la historia desde la víctima y no desde el agresor.

“Rodamos una película que fue difícil de rodar. El el tema no empezaba solamente cuando yo decía acción, sino que venía desde antes. Había todo un malestar, estábamos muy preocupados al borde de glorificar al animal”.

¿Cómo está su presente?

En el final de su charla, Víctor Gaviria habló de lo que está haciendo hoy y de lo que sigue intentando construir.

“Hace rato estoy con una película, incluso ganamos un premio en el FDC, pero la película se desbarató en pandemia. La hemos tratado de volver a montar, y ha sido difícil, pero estamos en eso mismo”.

Más allá de las dificultades, su forma de hacer cine sigue siendo la misma. Parte de escuchar a la gente. “Estoy tratando de hacer una película, dialogando con unas personas, entendiendo, reuniendo una cantidad de voces, de relatos, de cosas de ciudad”.

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Para él, lo importante no es arrancar desde un guion, sino desde la vida. “Hacer películas a partir de las voces, no del guionista”, dijo.

Contó que ahora está buscando un personaje muy específico. “Una señora un poco tocada y cuando busco los actores naturales, encuentro muchas de esas señoras”.