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Hundido en 1708 frente a Cartagena, el Galeón San José es un sitio arqueológico sumergido clave para entender rutas comerciales, tecnología naval y guerra en el Caribe del siglo XVIII.

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Tras anuncios oficiales sobre piezas recuperadas —cañones, monedas y cerámica—, creció la inquietud por el rumbo técnico del proyecto: ausencia de un plan científico integral público, poca información verificable sobre registro y conservación, y un manejo casi hermético.

Para comprender lo que está en juego, EL HERALDO conversó con Mario Omar Fernández (Maestría en Patrimonio Cultural, Universidad de los Andes) y Juan Guillermo Martín (antropólogo y doctor en patrimonio; ex director de Mapuka).

Ambos realizaron un exhaustivo análisis y se refieren a los riesgos latentes.

¿Por qué consideran que el Galeón San José debe entenderse como patrimonio cultural y no como un “tesoro”?

La palabra “tesoro” reduce el caso al valor económico de objetos sueltos. El galeón es un sitio arqueológico completo, su valor principal está en la relación entre piezas, su posición y el contexto sellado desde 1708. Ese contexto permite reconstruir información sobre tecnología naval, comercio, vida a bordo y conflicto bélico. Si se extrae sin una pregunta científica clara, se pierde información para siempre. En arqueología subacuática el contexto es la mayor fuente de conocimiento. Hablar de patrimonio conduce a conservación e investigación, no a extracción y reparto. En ese sentido, el galeón no “contiene” un tesoro, él mismo es el patrimonio.

En términos generales, ¿qué es lo que hoy está en discusión sobre el manejo del Galeón San José?

No se discute si debe investigarse, sino cómo se interviene. La preocupación es que haya extracciones sin un proyecto científico integral, público y verificable; preguntas de investigación, metodología de registro del contexto y protocolos de conservación. El estándar es conservar in situ y extraer solo cuando sea estrictamente necesario. Sin transparencia metodológica, el riesgo es fragmentar el sitio y perder su valor informativo.

Desde la arqueología subacuática, ¿cómo debe investigarse?

Con mínima intervención y conservación in situ. Hoy puede estudiarse con fotografía y video, fotogrametría, escaneo 3D y vehículos operados remotamente. Investigar es registrar y mapear el conjunto como sistema intacto antes de considerar remociones.

CortesíaJuan Guillermo Martín, antropólogo y doctor en Patrimonio.
¿Qué implica, desde el punto de vista científico, extraer piezas del fondo del mar?

Implica romper relaciones con sedimento, otros materiales y la estructura del barco; esa relación es tan valiosa como el objeto. Primero se investiga; solo se extrae con justificación científica y plan riguroso de registro y conservación. Sacar piezas sin necesidad demostrada es remoción de contexto, no investigación.

¿Cuáles son los riesgos concretos de intervenir el sitio sin el cuidado técnico necesario?

Se puede perder información histórica irrepetible. Sin registro riguroso, el contexto se rompe y no se reconstruye. Además, materiales estables por siglos pueden deteriorarse al contacto con oxígeno y cambios ambientales; sin laboratorios y protocolos listos, la extracción acelera daños. Alterar el sitio también reduce posibilidades de futuras investigaciones con mejores tecnologías.

¿Qué tan peligroso consideran que un proceso patrimonial se maneje con afán o bajo objetivos políticos a corto plazo?

Muy peligroso, la investigación y conservación requieren tiempo, planificación y debate técnico. El afán por mostrar resultados prioriza lo visible (extracción, anuncios, exhibiciones) sobre lo esencial que es preservar el contexto. En arqueología no hay “segunda oportunidad”, lo hecho mal hoy no se corrige mañana. El afán también reduce discusión académica y transparencia; el patrimonio exige responsabilidad intergeneracional.

¿Consideran que el Gobierno ha sido claro y transparente sobre lo que piensa hacer con el galeón? ¿Qué falta por explicar?

Se percibe déficit de información técnica pública y verificable. Se esperaría conocer el plan científico integral, criterios para decidir qué se extrae y qué queda in situ, y protocolos de conservación a corto, mediano y largo plazo. También falta claridad sobre procedimientos concretos: métodos de documentación, capacidades reales de los laboratorios, tiempos de tratamiento y rol de la comunidad científica en seguimiento. No es revelar la ubicación del sitio, sino transparentar el marco metodológico completo.

CortesíaMario Omar Fernández, científico en conservación de patrimonio.
¿Qué les dice que este tema ya esté generando cuestionamientos fuera de Colombia?

Que ya es un caso de referencia internacional, por su conservación y potencial científico, es de los sitios sumergidos más relevantes. Lo que haga Colombia puede ser referente positivo o negativo. La mirada externa refuerza la exigencia de rigor técnico, transparencia y responsabilidad.

Si el proceso se replanteara hoy desde un enfoque estrictamente técnico, ¿cuáles deberían ser los pasos mínimos para intervenir el Galeón San José de manera responsable?

Reordenar el proyecto bajo liderazgo científico y civil. Convocar especialistas para evaluar el estado del sitio y revisar lo ya hecho, y publicar un plan científico integral con preguntas claras. Documentar exhaustivamente antes de extraer (fotogrametría, escaneo 3D, mapeo y sensores). Definir criterios estrictos de extracción, y asegurar desde el inicio protocolos de conservación y laboratorios preparados. Acompañar todo con transparencia técnica y participación académica. El objetivo no es “recuperar” objetos, sino proteger y estudiar el sitio sin perder información.

Si una intervención mal hecha daña de forma irreversible el sitio, ¿quién responde? ¿Existe hoy un marco claro de responsabilidades?

El daño sería la pérdida definitiva de información histórica y científica. La responsabilidad recae en el Estado, pero puede diluirse entre entidades. Preocupa la falta de claridad pública sobre quién define criterios científicos, aprueba protocolos, supervisa en campo y responde si fallan. En patrimonio rige máxima precaución porque los errores no tienen reversa; por eso piden un marco institucional y técnico claro, público y verificable desde el inicio.

CortesíaLas piezas extraídas permiten reconstruir información sobre tecnología naval y comercio de la época (1708).
¿Qué muestra este debate sobre la forma en que el país entiende y protege su patrimonio cultural?

Este caso revela que en Colombia todavía coexisten dos formas de entender el patrimonio cultural. Una lo ve como un conjunto de objetos valiosos que pueden recuperarse, exhibirse y administrarse; la otra lo entiende como un sistema de información histórica que debe preservarse con el mayor rigor posible.

El debate alrededor del Galeón San José muestra que aún existen debilidades en la gestión científica de largo plazo y en la participación académica y regional en decisiones de esta magnitud. También evidencia que el patrimonio marítimo del Caribe no ha ocupado el lugar central que debería tener dentro de la política cultural del país. La principal lección es que el patrimonio no puede manejarse con lógicas de inmediatez, sino con planificación a largo plazo, transparencia técnica y una verdadera integración de las regiones donde ese patrimonio existe.

¿Perciben que hay un afán de protagonismo político alrededor de la intervención del Galeón San José?

Sí. Dicen que se ha construido protagonismo político, con un relato triunfalista que presenta la extracción como “hito científico mundial” sin validación técnica independiente ni publicaciones especializadas. La puesta en escena convierte un proyecto complejo en acto simbólico. El problema no es intervenir, sino monopolizar el discurso, sobredimensionar anuncios y priorizar el impacto mediático sobre la transparencia técnica. El galeón no debería ser plataforma de legitimación política.

CortesíaLa información recolectada debe ser analizada en conjunto.
¿Consideran que aún estamos a tiempo de corregir el rumbo o ya se ha cruzado un punto de no retorno?

Sí. Mientras el sitio conserve integridad y no haya intervención extensiva, se puede pausar, replantear y ajustar. El punto de no retorno se cruza si se adopta una lógica sostenida de extracción que fragmenta el contexto. Revisar protocolos, hacer públicos criterios, fortalecer participación académica y regional, y reorganizar bajo estándares más claros, no debilita: fortalece.

Al final, el debate sobre el Galeón San José ya no gira solo en torno a lo que pueda recuperarse del fondo del mar, sino a cómo se hace y bajo qué estándares.

Insistimos en que el llamado no es a frenar la investigación, sino a conducirla con un verdadero plan científico público, protocolos verificables, capacidades reales de conservación y una discusión menos centralista, a la altura de un patrimonio que pertenece al país y, de manera muy concreta, al Caribe.

Cortesía