Compartir:

Chocorocochococho, Chocorocochococho. Buenos días amiguitos ¿cómo están? Mi nombre es Jesús David Urango, soy músico folclorista de un bello municipio gaitero, de gente linda y hablona que se llama Cereté. ¿Dónde queda eso? En el departamento de Córdoba.

La figura masculina continuó contando que no traía una historia triste, pues la idea era hacer del transporte público una chiva, aprovechando la época carnestoléndica. Definitivamente, su idea era alegrarle la mañana a cada uno de los viajeros.

Así fue como aquel muchacho, un lunes 26 de enero del 2026 a media mañana, me atrapó con su energía y su apasionado toque de gaita larga, gaita corta y la flauta de millo, ese peculiar instrumento que emociona a los barranquilleros cuando emana un sonido sabroso que refresca la memoria y transporta al goce de los cuatro días de carnaval.

Lea: Curiosidades, personajes y tradición brillan en el desfile de la Gran Parada de Tradición

El alegre músico vestía de blanco, cargaba una mochila, un parlante y sus gaitas. En el cuello, una pañoleta roja y en la cabeza un sombrero vueltiao. De inmediato encendió el corazón de todos con su música, hasta el chofer que manejaba el Sobusa carrera 54 sacó su sombrero y su celular para grabar el maravilloso momento, todos eramos completos desconocidos, pero la pasión por el carnaval nos fraternizó.

Como si fuera un musical, los pasajeros cantaban junto con él La Maestranza, de los Gaiteros de San Jacinto: “Para la gallina el mai’, pa’ los pollos el arro’, para las viejas los viejos y para las muchachas yo”.

Tardó unos 15 minutos su presentación y para motivar la remuneración de su trabajo informal, de forma original y chistosa, dijo un montón de frases que desataron carcajadas dentro de lo que se había convertido en una chiva carnavalera.

—Mi gente, aquí es donde la pue’ca sue’ta e’ rabo, porque pueblo que se respete, es chocharachero. Como observaste, el pasaje vale 3.700. La intención, como siempre digo, es recuperar el pasaje y un poquito más. Si no tienes efectivo, no te preocupes que ando modelo 2026. Tengo QR, recibo Paypal, Bitcoin y la de todos, el Nequi.

Vea: El “Indio Africano de Galapa”, tradición viva que desfila con historia propia en el Carnaval

JHONY OLIVARES

Esperé que pasara por cada puesto. Al terminar, casi se baja del bus, pero mi reacción fue inmediata y lo llamé. “Mucho gusto, soy periodista ¿Te puedo hacer una entrevista? Sorprendido, pero muy emocionado, dijo:

— ¡Hombe! Como no, aunque no lo creas te has topado con alguien que tiene algo interesante por contar, pues imagínate que estoy de paso por Barranquilla, porque yo desde hace algunos años vivo en el Catatumbo, pero como amo tanto el carnaval, vengo todos los años a mi ciudad adoptiva para recaudar dinero tocando en los buses, con eso le mando algo a mi familia, pero este año tengo un propósito más.

Jesús quiere comprar instrumentos para enseñarles a varios pupilos que conserva en el Catatumbo a tocar música folclórica, porque “esas cosas allá no se ven”.

No dudé en invitarlo a sentarse a mi lado, el bus rodaba por el barrio Simón Bolívar, le pregunté si podíamos bajarnos en la Casa del Carnaval, me dijo que sí, y ahí empecé a darle rienda suelta a esta interesante entrevista.

JHONY OLIVARES

Músico por pura pasión

Jesús es de esas personas que tiene el Caribe tatuado en el corazón, el orgullo por sus raíces no piden permiso. A boca llena dice que es un fiel seguidor de la música folclórica, y que incluso esto en algún momento llegó a causar controversia entre él y su madre, quien quería que se dedicara al deporte.

Entérese: Con alegría y compromiso, Ashley y Germán reinaron en el desfile

— En resumidas palabras, puedo decirte que soy amigo, hijo, padre, esposo y un apasionado músico. Pero te cuento que mi mamá quería que jugara fútbol, pero yo siempre supe que la música era lo mío. Tenía como nueve años cuando inicié en el folclor, aún no tocaba, pero bailaba y lo hacía bien. A los cinco años pertenecí a los Cumbiamberitos del Sinú.

Unos años después, se despertó en Urango un inexplicable sentimiento, enloquecía por la tambora. Contaba con nostalgia que su abuelo lo impulsó a tocar su primer instrumento, la gaita. “Mientras todos los pelaos salían emocionados por ir a la cancha, yo arrancaba para mis ensayos”.

“La buena mi hermano”, dijo antes de bajarse del bus uno de los pasajeros que disfrutó el miniconcierto que dio Jesús y quien le dio un billete de cinco mil pesos. Íbamos avanzando, ya estábamos por el centro de Barranquilla, el diálogo continuaba muy fluido.

JHONY OLIVARES

En busca de sus sueños

— Cuando crecí llegué a Barranquilla, siempre digo que es mi ciudad adoptiva porque con su cultura me he identificado mucho. Comencé a estudiar en la EDA (Escuela Distrital de Arte), donde conocí a grandes maestros y referentes como Martín Mercado, el profesor Joaquín Pérez Arzuza y Arlington Pardo. La gaita es el instrumento que siempre me acompaña y con ella le he dado la vuelta a Colombia dos veces.

Nada ha sido en vano para este guerrero, desde la primera vez que se subió a un bus, aun con pena y con la mirada hacia abajo, no ha dejado de recibir buenos comentarios. Afirma que no es fácil, porque a veces la vida se torna muy difícil. Por eso comenzó a hacer esto, algo que nunca se le hubiese cruzado por la cabeza, pero que al final terminó siendo una bendición.

— La música es mi estilo de vida, estos instrumentos cuentan la historia de mis ancestros, de mis indios zenú y siento que ellos me dan la fuerza para tocarlos con el alma. Lamentablemente por la pandemia no pude graduarme, luego me enamoré y terminé yéndome con mi esposa a ‘cachaquiliandia’.

Pupilos en el Catatumbo

Casi llegando a la Casa del Carnaval, Jesús comenzó a decirme que sus planes en las fiestas de este 2026 no eran solo reunir dinero para sostener a su familia, pues encontró en un grupo de niños la razón para comenzar un proyecto educativo a nivel musical. Esperanzado dijo:

— Llegar al Catatumbo fue muy complicado, hay pocos costeños allá, de verdad están contaditos y, hasta donde sé, el único músico folclorista que hay soy yo. Pero como yo toco donde quiera que vaya, un día se me acercaron un par de niños, me preguntaron qué era eso que estaba tocando, y ahí empecé a explicarles sobre la gaita larga, la gaita corta y la flauta de millo, además de otros instrumentos como los tambores.

Jesús cuenta que al principio solo observaban, pero actualmente ya tocan los instrumentos, que están hechos con tubos de PVC. El gusto por la música provocó habilidades recursivas, haciendo tambores con baldes.

Lea también: El alcalde Alejandro Char se bailó el Carnaval del Bordillo

A punto de bajarnos en el destino final, dijo que cada moneda vale la pena, cada esfuerzo tiene su recompensa, mencionó que no era casualidad que ese lunes Dios nos hiciera coincidir en el mismo bus. Finalmente nos bajamos y nos sentamos en la famosa esquina de la Casa del Carnaval, ahí ya no me contaba su historia, sino que más bien reflexionaba.

— Créeme, esta es mi casa, cada vez que llego aquí no puedo dejar de visitar Barrio Abajo y el Museo del Carnaval porque Barranquilla nunca me ha dejado metido. ¡Ay papi…! Yo siento como se me eriza la piel cuando escucho música folclórica. Y aunque no soy barranquillero, me siento como uno, sobre todo en el carnaval.

JHONY OLIVARES