En el taller había silencio, pero se sentía una emoción distinta. Sobre una mesa descansaba el traje terminado, listo para salir a la calle. Mayra Avendaño Hazbún caminaba alrededor, ajustando los últimos detalles. Era el primer vestuario que hacía sola para una reina del Carnaval.
Muy cerca, sentada y atenta, estaba su abuela Amalín de Hazbún, la ‘Aguja de Oro de Colombia’. No intervenía, no corregía y observaba con orgullo. A ese espacio, ubicado en la carrera 57 N° 85-85, llegó Michelle Char, la soberana que vestiría una creación enmarcada por una historia familiar cosida con pasión.
A Mayra no le gustan mucho las cámaras y tampoco usar prendas pesadas. Una camisa negra con jean y su pelo suelto rizado fueron suficientes para que se sentara mientras las luces invadían su rostro para empezar a contar los matices que hoy la tienen integrando este legado.
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“Antes había participado en vestidos de coronación elaborados por mi abuela, aprendiendo desde la observación, pero esta vez fue distinto. Las decisiones, los cortes, los errores y los aciertos fueron míos.
Michelle ya estaba preparada para lucirlo, afirmando que el vestuario tenía un significado especial, ya que lo lució el domingo 11 de enero durante la izada de bandera del rey momo del Carnaval de los Niños, Joshua Ortiz.
“Ocurre un doble legado, porque mi Rey Momo de los Niños también tiene un legado y esto que ocurre aquí con ustedes me parece maravilloso”.
En medio de risas y una conversación amena y natural, la soberana le dijo a Mayra: “Además, que si algo malo ocurre ya no le vamos a echar la culpa a Amalín porque además soy tu primera reina y eso no lo vas a olvidar”.
Una muerte de alta costura
Y en efecto, la diseñadora jamás olvidará ese momento. “Ha sido una experiencia increíble tener esta responsabilidad. Quise hacer algo que fuera muy representativo sobre mi abuela. Ella siempre ha dicho que no le gusta disfrazar a nadie, sino hacer alta costura que parezca disfraz”.
Ese principio marcó todo un proceso hecho a mano. Los huesos de la muerte, la capa, las plumas. “Todas las plumas están pegadas a mano, con técnicas de alta costura, nada de goma en ninguna parte. Es un respeto absoluto por el oficio y por un taller que existe desde los años 60”.
El vestido fue elaborado completamente en tul invisible. “Quería trabajar el tema de las transparencias, que es algo que mi abuela realiza hace muchísimos años. Tiene Swarovski y cristal de verdad”.
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El llamado de la pasión
Mayra no fue de esas a las que el diseño las flechó desde la primera vez. Ella empezó estudiando Derecho, lo que la llevó a ser profesora en la Universidad del Norte del programa Ciencias Políticas y Gobierno, pero descubrió que su camino era otro.
“Yo crecí con esto y esto es lo que me gusta, pero yo soy de esa época en la que cuando a uno le iba bien en el colegio pensaban que la inteligencia y la creatividad eran cosas excluyentes”.
Durante años no se atrevió a tomar la decisión. “Nunca me atrevía a hacerlo. Al comienzo no quise hacer diseño de modas enseguida, sino más bien un MBA en industrias de la moda y estudié en la Escuela de la Chambre Syndicale de París”.
Sus prácticas la llevaron a Nueva York, donde trabajó en ventas con diseñadores, y fue allí donde cayó en cuenta de lo esencial. “Me di cuenta de que a mí lo que me gusta es la parte de la creación, la elaboración de los vestidos, pensar el concepto”.


