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En abril del año 2024 la Fiscalía 69 de la Dirección Especializada contra las Violaciones de Derechos Humanos declaró de lesa humanidad el crimen de quien fuera la fiscal especializada de Sincelejo, Yolanda Paternina Negrete.

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En su momento, según lo expresado por la hija de la víctima, Ketty Martínez Paternina, hubo quienes iniciaron acciones ante los estrados judiciales para que esto no se diera, pero en los últimos días esa declaratoria fue confirmada.

Esto, que garantiza que el caso seguirá siendo investigado y que no habrá prescripción de la acción penal, se produce en el marco del aniversario número 24 de la trágica muerte de quien era considerada por los mismos actores armados de la Región Caribe como la ‘Dama de hierro’.

Fue la noche del 29 de agosto del año 2001, exactamente las 8:30, cuando la fiscal llegaba a la casa de familia que habitaba en el entonces exclusivo barrio la Ford, de la ciudad de Sincelejo, y terminó alcanzada por las balas asesinas que la sorprendieron cuando apenas descendía del vehículo tipo taxi de color amarillo que ese día, como nunca antes había ocurrido, utilizó sin contar con los servicios de escolta que le habían asignado por estar en riesgo.

Y no era un riesgo cualquiera, mucho menos menor, pues para la época, hace 24 años, ella era la única fiscal especializada en el departamento de Sucre y la investigación que adelantaba hacía escasos 7 meses estaba relacionada con la masacre perpetrada por los paramilitares del entonces Bloque Héroes de los Montes de María en el corregimiento Chengue, de Ovejas, donde perdieron la vida 27 hombres.

La investigación de este hecho, también declarado de lesa humanidad con el paso de los años, fue lo que le costó la vida a la fiscal, que era nativa del vecino departamento de Córdoba, pero que había desarrollado buena parte de su labor en la justicia en Barranquilla, ciudad donde tenía a sus dos adolescentes hijos cuando la asesinaron.

Nunca, precisamente por los riesgos que representaba su trabajo en el departamento de Sucre, accedió a llevarse a sus hijos hacia Sincelejo, pero sí los visitaba con frecuencia y bajo medidas de seguridad que ella misma implementó, entre esas desplazarse en horarios poco habituales.

Planeado, pero no perfecto

Pero aquel 29 de agosto todo estaba preparado para que fuera su último día. Ella les hizo saber a sus hijos, vía telefónica, que “hoy estoy sola. No vino el escolta por una calamidad familiar, pero ya voy para la casa y le pedí a la Policía acompañamiento”, lo que tampoco se habría producido en aquellos tiempos en los que el cuestionado coronel Norman León Arango Franco comandaba a la institución en Sucre.

Fueron las AUC

Yairsiño Meza, alias ‘el Gato’, un miembro de las AUC, declaró ante Justicia y Paz en julio del año 2009 que la orden de matar a la fiscal la dio el sanguinario y hoy desaparecido Rodrigo Mercado Peluffo, alias ‘Cadena’, comandante militar del Bloque Héroes de los Montes de María, y que él, es decir, ‘El Gato’, accionó el arma.

“La fiscal estaba presionando mucho”, reveló a la justicia el exparamilitar que esa noche del crimen llegó en una motocicleta que, al decir de la hija de la fiscal, “la conducía Fernando José Barrios, un miembro activo del entonces DAS”, y por el que la reclamante de justicia exige, al igual que por los otros autores intelectuales, que la justicia actúe y de manera pronta.

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“No es que porque el caso fue declarado de lesa humanidad se dejen pasar los años, no. La idea es que todos paguen por el crimen de mi madre. Le he pedido a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que actúe, que busque, lo mismo que a la Fiscalía porque Dios me ha dado la victoria judicial de que el caso no va a prescribir y por eso hay que seguir con las investigaciones sin parar hasta que todo quede claro”, anota Ketty Martínez Paternina.

Indica que, espera que la ratificación de la declaratoria de delito de lesa humanidad, sea un impulso para dar con otros autores materiales y determinadores. “Esperamos que la Fiscalía pueda brindar avances significativos en la búsqueda de justicia y verdad”.

Condenados

Por este crimen fue condenado a más de 37 años de prisión alias ‘Cadena’. Sentencia proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Sincelejo; mientras que Éder Pedraza Peña, alias ‘Ramón Mojana’, otro comandante paramilitar, pero que actuaba en el sur de Sucre, fue absuelto de responsabilidad en el caso por parte del Juzgado Segundo Penal del Circuito de Sincelejo.

Señalan al gobernador

La hija de la fiscal también le atribuye responsabilidad en el crimen de su mamá al entonces gobernador de Sucre, Salvador Arana Sus, a quien ha conminado en varias ocasiones a que reconozca el caso tal y como lo hizo con el crimen del alcalde del municipio de El Roble, Eudaldo ‘Tito’ Díaz Salgado.

“Recientemente, a instancias de la JEP, tuvimos un encuentro con el exgobernador de Sucre, Salvador Arana Sus, insistiéndole que aporte la verdad sobre el crimen de mi madre Yolanda Paternina Negrete. Le hacemos un llamado a la JEP para que siga investigando y logre un esclarecimiento completo sobre la oleada de la violencia paramilitar en los Montes de María que contó con el apoyo y aprobación de la fuerza pública y agentes del Estado como el señor Salvador Arana Sus, Eric Morris y Álvaro García Romero, entre otros. También le digo a la JEP que no siempre hay que entregarles las cosas en las manos, ellos deben esforzarse por hacer las investigaciones pertinentes y resucitar lo que ha estado guardado por muchos años”.

ArchivoUno de los recuerdos que más atesora Ketty es esta fotografía en la que su mamá Yolanda la cuidaba estando recién nacida.

Luchan por la verdad

Anota la reclamante de justicia, al igual que su hermano Néstor, que tras dos décadas del homicidio de su progenitora “su nombre: Yolanda del Carmen Paternina Negrete, sigue siendo sinónimo de valentía, justicia y dignidad. Su ausencia física contrasta con la fuerza imborrable de su memoria, que nos convoca a no olvidar lo que fue, lo que hizo y lo que representó para Colombia y para quienes tuvimos el privilegio de llamarla madre. Yolanda fue más que una fiscal especializada. Fue una mujer que, en medio del fuego cruzado de la violencia, la corrupción y la impunidad, se atrevió a señalar sin titubeos a los responsables del crimen organizado en Sucre. Su voz, firme y decidida, denunció con pruebas la alianza perversa entre paramilitares y sectores políticos del departamento. Y fue precisamente esa valentía la que incomodó, la que molestó, la que terminó sellando su sentencia de muerte”.

‘No fue una muerte en vano’

Agregan que el crimen de su mamá fue “cobarde, premeditado, que buscaba silenciar la justicia y enviar un mensaje de miedo a quienes osaran seguir su ejemplo. Pero no pudieron callarla. Porque su voz vive en nosotros, sus hijos: Ketty Yolanda y Nelson Martínez Paternina, y en cada colombiano que cree en un país más justo. Hoy sus hijos elevamos este homenaje como testigos de su entrega, pero también como herederos de su lucha. No fue una muerte en vano. Fue el grito más alto que una madre pudo dar por su tierra. Su sacrificio no se olvida, no se archiva, no se borra. Yolanda del Carmen Paternina Negrete no murió: la asesinaron. Y nosotros estamos aquí para recordarlo. Para que la historia no se distorsione, para que los culpables no se oculten tras el paso del tiempo, y para que su legado continúe inspirando a quienes, como ella, no le temen a la verdad”, dicen estos huérfanos de la guerra.

Finalizan su entrevista con EL HERALDO, indicando que la vida de su mamá fue ejemplo, su muerte fue una injusticia y su recuerdo será siempre su bandera. “Fuiste, eres y serás siempre la fiscal del pueblo, la madre valiente, la mujer inquebrantable. Nunca te olvidaremos. Nunca dejaremos de exigir justicia por tí mamá”.

Chengue, sin reparación colectiva

Al tiempo que los hijos de la fiscal especializada Yolanda Paternina Negrete reclaman justicia, los pobladores del corregimiento Chengue, en la región de los Montes de María de Sucre, piden reparación colectiva. Llevan 24 años, 7 meses y 14 días viviendo en medio de la destrucción y algo de desolación que dejó aquella incursión de 60 paramilitares que llegaron en tres camiones y que –sin razón alguna– masacraron a 27 hombres campesinos en la plaza pública e incineraron el pueblo en la huida.