Como ha sucedido desde que se iniciaron las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, cada buena noticia que surge de la mesa de diálogos en La Habana viene acompañada de un enorme signo de interrogación. Acaba de ocurrir este viernes, cuando las partes anunciaron su compromiso de facilitar el cese bilateral y definitivo del fuego, así como la dejación de las armas por parte del grupo guerrillero. Se trata –ni más más ni menos– del comienzo del fin de la guerra de las Farc contra el Estado colombiano.
En La Habana las partes acordaron los protocolos y los anexos que permitirían el funcionamiento, entre otros, de las 23 zonas veredales transitorias de normalización y los ocho campamentos en los que se concentrarían los guerrilleros, así como el comportamiento de las Fuerzas Militares en dichas zonas y los mecanismos de verificación por parte de las Naciones Unidas, que lleven a la dejación de las armas por parte de las Farc.
El trascendental avance llevó al jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, a afirmar que 'el fin del conflicto está cada día más cerca, estamos ante una posibilidad real de pasar la página de la violencia'.
El presidente, Juan Manuel Santos, se sumó al regocijo y afirmó que el anuncio es un paso trascendental en la 'desaparición de las Farc como grupo armado'.
Pero esta vez el enorme signo de interrogación lo puso el jefe de la delegación de las Farc en La Habana, alias Iván Márquez, quien sostuvo que 'los pasos sustanciales en lo que respecta al desplazamiento de la insurgencia hacia las zonas y puntos veredales transitorios de normalización, y la dejación de armas, están supeditados a la puesta en vigor de las normas que garanticen la seguridad jurídica, social y política de la insurgencia. Deberá en consecuencia estar refrendado y en efectivo desarrollo el acuerdo final'.
La declaración de Márquez dejó las cosas en su sitio y llevó a De la Calle a desmontarse del caballo al que ya se había subido –junto con los delegados de la ONU– con el fin de verificar 'las condiciones logísticas y de seguridad de las zonas de concentración de los guerrilleros'.
'La semana entrante –dijo en tono muy optimista De la Calle– iremos a campo (Gobierno, ONU y Farc) para verificar los lugares, condiciones de estas zonas y establecer los puntos donde estarán los campamentos y los contenedores de las armas'.
Pese al buen ánimo del Gobierno –que celebró con alborozo el anuncio– la verdad monda y lironda es que los guerrilleros de las Farc no se desplazarán desde sus campamentos hasta las zonas de concentración si no tienen en su poder –aprobada por el Congreso de la República– una ley de amnistía, que les brinde –ahí sí– su seguridad jurídica. Sin amnistía no saldrán de sus campamentos y, claro, tampoco harán inventario y mucho menos dejación de sus armas. Los caballos ensillados pueden esperar.
Pero hay más. Las Farc –lo dijo Márquez en La Habana– tampoco saldrán de sus campamentos si no tienen garantizada su seguridad política. Y ello también tiene nombre propio: aprobación del Plebiscito por la Paz. 'Deberá en consecuencia estar refrendado y en efectivo desarrollo el acuerdo final', sostuvo.
Para decirlo en plata blanca: para las Farc si no hay Ley de Amnistía y Plebiscito, no habrá movilización o desplazamiento de sus combatientes a las zonas veredales transitorias de normalización, y por consiguiente no habrá acuerdo final de paz, sin importar si De la Calle y los delegados de la ONU hayan ensillado las bestias.
Así las cosas, la pregunta que debe resolver el Gobierno es si está en capacidad de garantizarles a las Farc su seguridad jurídica con una Ley de Amnistía y si puede garantizarles también el triunfo del SÍ en el Plebiscito de la Paz. Todo ello en menos de tres meses, que es cuando –según cálculos del Gobierno– se convocaría la refrendación de los acuerdos.
Si el Gobierno tenía dudas con las palabras de Márquez, otro de los delegados de las Farc en La Habana, Carlos Antonio Lozada, se encargó de despejarlas cuando afirmó vía Twitter: 'Sin amnistía no hay acuerdo final y sin acuerdo final no hay traslado a las zonas de verificación'.
A los signos de interrogación de las Farc en La Habana se suma la puesta en marcha del Plebiscito por la Paz en Colombia, sin saber exactamente qué vamos a votar los colombianos y cuándo lo vamos a votar. El Gobierno en su afán por firmar rápido el acuerdo final con las Farc dio inicio a la campaña por el SÍ, mientras que el uribismo –con Álvaro Uribe a la cabeza– decidió apostarle al NO.
Ello terminará por crear un escenario radicalizado en el que predominarán los gritos y los abucheos de los intolerantes, más que los argumentos de quienes defienden las dos opciones, como lo acaban de padecer los senadores Uribe, en la Universidad del Norte de Barranquilla, y Claudia López, en Medellín. El bochinche terminará por imponerse.
¿Amnistía a las Farc sin haberse desarmado?
Pese a los avances muy importantes de la negociación entre el Gobierno y las Farc –que ya alcanzaron el punto de no retorno– lo cierto es que el asunto fundamental para la Farc tiene que ver con el destino final de sus armas. Y para sus jefes –lo acaba de decir Márquez en La Habana– dicho destino depende de una amnistía a sus combatientes, incluyendo sus comandantes. Para Márquez y compañía, lo único que les garantiza la 'seguridad jurídica' es la amnistía, es decir el perdón a sus acciones criminales y a sus actos de terror. El Gobierno también lo sabe, pero es consciente del enorme costo político que deberá pagar por levantar esa bandera. Los amigos del Gobierno le apuestan a un 'trámite exprés' en el Congreso que facilite las cosas y no retarde los tiempos. 'Sin amnistía no hay desarme. Eso está claro', me dijo un senador de La U, partidario de 'darse la pela' y sacar adelante la iniciativa. Pero el gran obstáculo para el Gobierno es que –como quedaron las cosas después del pronunciamiento de Márquez en La Habana– los colombianos votaremos el Plebiscito con unas Farc armadas, algo que es rechazado por la inmensa mayoría de los colombianos. La amnistía que pretenden las Farc para desplazarse a las zonas veredales transitorias de normalización podría alargar los tiempos de la negociación, pues sin amnistía no habrá concentración de guerrilleros y tampoco firma del acuerdo final.
¿Plebiscito sin firma del Acuerdo Final?
Después de conocer el pronunciamiento de alias Iván Márquez, sobre la obligación de la Ley de Amnistía para la concentración de las tropas de las Farc y para la dejación de las armas, lo que dejaría en suspenso la firma del acuerdo final, llama mucho más la atención la sorpresiva y sorprendente declaración del presidente Santos, según la cual se puede celebrar el Plebiscito sin haber firmado el acuerdo final con las Farc. Votar el Plebiscito de la Paz sin conocer los términos de lo pactado y sin que estos tengan las rúbricas de las partes, es tanto como firmar un cheque en blanco. Punto. La premura del Gobierno –casi que su desespero por firmar la paz– tendría un costo político enorme para quienes promueven el SÍ desde los despachos oficiales y desde los partidos y movimientos de la Unidad Nacional. Al Gobierno le resultará muy difícil vender un Plebiscito de Paz con las Farc armadas y sin un acuerdo final firmado.
¿Y si gana el NO?
Un eventual triunfo del NO en el Plebiscito de la Paz ha llevado a algunos senadores de la Unidad Nacional a crear escenarios fatalistas como el 'regreso de la guerra por cien años', algo que hasta los propios jefes guerrilleros han descartado. ¿Cuál es –entonces– el verdadero alcance de las palabras de alias Iván Márquez, al afirmar que para que los combatientes se desplacen a las zonas y puntos veredales transitorios de normalización para la dejación de las armas, se requiere de normas que garanticen su seguridad jurídica, social y política? Lo que quiere decir es que así como la amnistía les garantizaría su seguridad jurídica, el Plebiscito les brindaría su seguridad política. Pero ello sólo ocurriría si gana el SÍ. Si gana el NO todo ese escenario favorable cambiaría de forma dramática, pues significaría que en La Habana habría que barajar de nuevo para hacer una negociación que deje satisfechos a la gran mayoría de los colombianos. Y ello es así porque todo está supeditado a la refrendación de los acuerdos. Habría entonces una nueva negociación con procedimientos y reglas claras, que pueda ser refrendada en el futuro inmediato. Ello nada tiene que ver con el escenario fatalista creado, según el cual el triunfo del NO significaría prolongar la guerra por 'cien años'. El triunfo del SÍ –por el contrario– daría carta blanca a la negociación y las Farc tendrían un ambiente mucho más favorable para que sacar adelante leyes impopulares, como la de amnistía, que las blindaría de futuras acciones legales en su contra por cuenta de su pasado criminal.
Los dilemas de Santos
Las Farc dicen que para concentrarse en las zonas transitorias de normalización deben tener la seguridad jurídica que les brindaría una Ley de Amnistía y la seguridad política que saldría del triunfo del SI en el Plebiscito de la Paz. Del cumplimiento de esos dos requisitos –ahí sí– procederían a la firma del acuerdo final. En el campo del Gobierno el asunto es mucho más complicado, puesto que tiene muy mala presentación firmar un acuerdo final con las Farc armadas, al igual que convocar al Plebiscito de Paz sin haber firmado el acuerdo final, como lo anunció Santos. Hoy el Gobierno pierde con cara y con sello. A ello se suma que el tiempo corre en contra de Santos. Las Farc no tienen afán, pues si no negocian la paz con Santos lo harán con el siguiente Gobierno. Así ha sido por más de 50 años. Es evidente, además, que después del camino recorrido ha quedado demostrado que la negociación es la única salida. Ningún candidato presidencial piensa lo contrario.


