El empresario Alejandro Santo Domingo y el presidente de Caracol, Gonzalo Córdoba.

Seguramente los teléfonos inteligentes estaban acomodados en algún lado, pero los dirigentes gremiales, personalidades de la economía y la política nacional que se gozaron la Batalla de Flores decidieron no escucharlos, porque no era momento para resolver problemas ni para enterarse de los movimientos del mercado o de las subidas y bajadas del dólar. Era tiempo de ‘desconectarse’ y gozar al son de los tambores, al ritmo de la cumbia y del calor humano de los barranquilleros que en ríos humanos se desbordó sobre el Cumbiódromo de la Vía 40 para asistir al desfile que subió el telón de los carnavales 2013, los del Bicentenario.

Aunque en sus actividades rutinarias la mayoría son serios y sagaces a la hora de manejar los mercados, ayer se les vio desparpajados, con camisas coloridas, sonrisas en los rostros, comentando con alegría el paso de las carrozas, el movimiento de caderas de las cumbiamberas, las danzas tradicionales y más de uno se gozó con las ocurrencias curramberas a la hora de disfrazarse.

Mientras algunos permanecieron en sus palcos otros decidieron tomar parte de las tradicionales comparsas que desfilaron por la Via 40.

“Esta es una fiesta majestuosa hemos invitado a constructores del todo el país para que conozcan nuestra cultura a través del Carnaval”, dijo Fernando Sarabia, gerente de Cementos Argos.

“El Carnaval año tras año se consolida como la fiesta más importante y tradicional del país”, dijo Ramón Dávila, gerente de Gases del Caribe S.A.

“Este es un evento extraordinario que refleja la alegría de Barranquilla, estamos muy contentos de estar aquí”, dijo Luis Pacheco, el vicepresidente de Planeación de Pacific Rubiales quien por primerza vez vive el Carnaval.

Esta fiesta tradicional sirve para muchas cosas, pero por encima de todo, es el escenario propicio para la sana diversión, donde desaparecen los estratos sociales, las razas, los credos y en una sola alegría desbordada se confunden unos y otros.

Por ello no fue extraño ver a muchos empresarios disfrazados, de monocucos, mariposas o marimondas y bailando los ritmos costeños.

Igualmente muchos palcos fueron ocupados por altos ejecutivos de empresas grandes, que normalmente invitan sus directivos y clientes más importantes para que no se pierdan detalles del Carnavales barranquillero, porque saben que si bien es cierto el lunes o el martes tendrán que regresar a sus deberes, por ahora los teléfonos inteligentes tendrán que esperar, porque este Carnaval para gozarlo, hay que vivirlo.

Por Lupe Mouthón Mejía
lupe.mouthon@elheraldo.co

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