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Los cambios bruscos del clima suelen generar confusión entre la población, especialmente cuando términos como “frente frío”, “onda tropical” o “fenómeno de El Niño” aparecen en los reportes meteorológicos.

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Aunque todos influyen en las condiciones atmosféricas, no se trata del mismo tipo de evento ni tienen los mismos efectos. Entender sus diferencias permite interpretar mejor los pronósticos y prepararse ante posibles impactos.

Un frente frío es el límite entre una masa de aire frío y otra de aire cálido. Cuando el aire frío avanza, desplaza al aire más caliente, provocando descensos de temperatura, aumento de la nubosidad, lluvias, vientos fuertes e incluso tormentas eléctricas.

Su paso suele ser rápido y sus efectos pueden sentirse en cuestión de horas o pocos días, especialmente en regiones tropicales y subtropicales.

En contraste, otros fenómenos atmosféricos tienen un comportamiento distinto. Las ondas tropicales, por ejemplo, son perturbaciones que se desplazan de este a oeste y suelen provocar lluvias persistentes y alta humedad, pero sin cambios marcados de temperatura.

Los ciclones tropicales —como huracanes o tormentas— son sistemas mucho más intensos, con lluvias abundantes, vientos destructivos y una duración mayor, lo que incrementa su potencial de daño.

También existen fenómenos climáticos de escala global, como El Niño y La Niña, que no son eventos puntuales sino patrones que alteran el comportamiento del clima durante meses o incluso años.

Estos influyen en la frecuencia de lluvias, sequías y temperaturas extremas en distintas regiones del mundo, pero no se manifiestan de forma inmediata como lo hace un frente frío.

La principal diferencia, entonces, radica en la duración, la extensión y el tipo de impacto que cada fenómeno genera. Mientras un frente frío es un evento breve y localizado que marca un cambio repentino en el tiempo, otros fenómenos atmosféricos pueden ser más prolongados, intensos o de alcance global.

Reconocer estas particularidades es clave para la prevención, la planificación y la adaptación frente a un clima cada vez más variable.

Impactos locales: inundaciones y emergencias en Córdoba, Montería y Sucre

El paso del frente frío proveniente de Norteamérica ha dejado una estela de estragos en el norte de Colombia, donde departamentos como Córdoba, Sucre y la capital regional Montería enfrentan un panorama climático inusual para esta época del año.

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Las autoridades han reportado que desde finales de enero las lluvias persistentes han causado el desbordamiento de los ríos Sinú y San Jorge, obligando a decretar alertas rojas y declaratorias de calamidad pública en varias zonas del departamento de Córdoba, con más de 19.000 familias afectadas por inundaciones, daños en viviendas, vías y pérdidas en cultivos.

En Montería y áreas rurales aledañas, la combinación de lluvias intensas, vientos y mar de leva ha complicado el monitoreo de cauces y la respuesta de los organismos de socorro, que trabajan para evacuar zonas de riesgo y mitigar el impacto de las crecientes súbitas.

En el departamento de Sucre, las precipitaciones continuas también han generado anegamientos en sectores urbanos y rurales, afectando la movilidad, la infraestructura local y las actividades productivas de las comunidades caribeñas.

Las autoridades climáticas y de gestión del riesgo advierten que estas condiciones podrían prolongarse durante los próximos días debido a la influencia directa del sistema frontal en la región Caribe.

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