El Heraldo
Barranquilla

Un niño enfermo sueña con conocer a Giovanni Hernández

Luis RodríguezLo primero que ve cuando despierta es aquella cometa que algún día piensa elevar.

Reposando en su lecho de enfermo en el piso quinto del Hospital de alta complejidad Cari, el pasado miércoles, un pequeño de escasos 8 años abrió sus ojos almendrados para descubrir una cometa de mediano tamaño acomodada enfrente de su cama

Las siete estrellas y el intenso rojiblanco de su junior del alma ondeaban como una bandera en la parte alta de su cama, en ese momento, el intenso dolor de cabeza que lo persigue desde el 10 de agosto de este año, se le olvidó por unos minutos y en las diminutas estrellas que reposan en sus pupilas, volvió a instalarse un fulgor intenso que es el que lo ha caracterizado desde siempre.

Eso nos contó su mamá, Yomaira Arrieta, una humilde ama de casa que viene acompañando a su pequeño en este duro traspiés que le jugó el destino.

Arrieta nos cuenta que la cometa engalanada con los colores del Junior es un regalo que le envió su primo, compañero de juegos de pelota y de aventuras de nuestro pequeño ángel malherido.

Este pequeñín tiene nueve años y debido a su corta edad no puede ingresar al hospital a ver a su compañerito de andanzas con el que comparte su afición por el fútbol y una devoción a prueba de fuego por el equipo Tiburón.

Son más de 20 días los que lleva sin ver a su primo y por eso decidió construirle con sus propias manos la cometa que hoy reposa frente a la cama, asegura Yomaira.

Los sueños del pequeño hincha. El sueño de este niño, fanático del Junior que fue operado el pasado 30 de agosto de un absceso instalado en la parte izquierda de su cabeza y que comprometía de forma peligrosa algunas funciones de su cerebro, es conocer al caleño Giovanni Hernández, el indiscutible crack que maneja los hilos en el equipo Tiburón.

Con un hilo de voz fino y algo quebrado, el pequeño hincha confirma lo que su madre nos viene asegurando hace más de media hora. “Quiero conocer a Giovanni, porque él es el mejor”, afirmó desde su lecho de enfermo mirando de reojo la cometa que tiene enfrente.

Hoy, el pequeño hincha no puede mover su pierna derecha ni su brazo, no se puede levantar de la cama ni para realizar sus necesidades. En este momento recibe tratamiento de fisioterapia, además de un tratamiento severo con antibióticos y se encuentra a la espera de la respuesta de su cuerpo a los medicamentos.

El neurocirujano, Antonio Berrío, quien estuvo al frente de su operación, asegura que lo más importante es que se pudo salvar la vida del pequeño. “Este niño fue intervenido quirúrgicamente, se le drenó un absceso instalado en la parte izquierda de su cabeza, ahora se le está tratando con antibióticos para acabar con la infección que está dentro del cerebro. Ya se le está tratando con fisioterapia también y en este momento se encuentra estable, se le ve mucha mejoría y toca esperar para ver cómo continúa su recuperación que hasta el momento va muy bien”, aseguró.

“Él estuvo 17 días en cuidados intensivos. Pensaban que se me podía morir porque la materia se le podía regar en la cabeza, después de la operación no se sabía si iba a quedar bien o si iba a volver a caminar, porque no se sentía la pierna derecha ni el brazo, pero ya la siente y la mueve. A mí me dijeron inicialmente que le podían quedar secuelas de eso”, aseveró para después agregar, “es que la operación era muy cerca de la parte izquierda del cerebro, pero él ha evolucionado muy bien. Los médicos me dicen que tenga paciencia, que con las terapias va a seguir evolucionando, por ahora yo sigo orando para que Dios nos ayude”.

La influencia del padre. Cuenta su madre que cuando el niño cumplió su primer año, su padre Martín Jiménez jugador de fútbol aficionado, también hincha de ‘tú papá’, del eterno novio de Barranquilla, agasajó a su pequeño con una fiesta rojiblanca donde hasta el pudín estaba vestido con el escudo y la camiseta del equipo.

El humilde carpintero vive con su familia en el barrio Ciudad Modesto, en la carrera 14 No 84B- 63. Él le inyectó al muchachito en su código genético, el amor por la casaca rojiblanca y el trato con la pelota.

“Él se la pasaba con su primo a toda hora pateando pelota y su papá que juega en un equipo de aquí, se lo llevaba todos los domingos a la cancha para que lo viera jugar”, recordó la madre afligida para luego agregar. “Mi pelao era un pelaito sano, que no se me enfermaba para nada, buen alumno, siempre estaba en el cuadro de honor de su colegio. Un pelao alegre, juguetón y ahora mírelo en esa cama. Ojalá algún día podamos cumplirle su sueño de conocer a Giovanni Hernández”.

Paradójicamente desde el día de su cumpleaños el pasado 10 de agosto este pequeñín que los domingos se paseaba orondo y orgulloso enseñando su casaca rojiblanca por el barrio y detrás de un balón de fútbol, comenzó a quejarse de dolores en la cabeza y desde entonces arrancó un periplo acompañado de sus padres por diferentes hospitales y centros médicos que terminaron con la delicada operación que hoy lo tiene postrado en una cama.

Hoy a las 5 y media de la tarde su equipo del alma enfrenta al Real Cartagena fuera de casa y sin que Teo, Dairo, Bladimir y el mismo ídolo Giovanni Hernández lo sepan, desde el cuarto de un hospital, un pequeño ángel malherido los acompaña de corazón para que se traigan una victoria y esa senda hacía la octava estrella continúe por buen camino.

Mientras su madre continúa pidiendo al Dios de las alturas que a su pequeñito muy pronto le sobren energías para elevar esa cometa juniorista con sus propias fuerzas, y bajo un cielo despejado desde Ciudad Modesto se pueda observar el escudo del junior en libertad, desafiando al viento y que le sobre vida para realizar su gran sueño y que algún día pueda estrecharle la mano o sentir un abrazo del crack colombiano. Son los dos grandes deseos que le pide su madre al observar la estela de las estrellas fugaces que habitan en los ojos de su hijo.

Por Carlos Polo

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