Compartir:

La sensación de que en Barranquilla existe un plan para convertir la experiencia del peatón en algo torturante es inevitable cuando se observan las arbitrarias modificaciones de sus andenes, convertidos en una prueba de obstáculos debido a estos abusos.

El punto de partida del recorrido para constatar esta realidad fue una inexplicable estructura circular compuesta por cilindros de cemento en la carrera 53 con calle 70, frente a Bellas Artes. Lo absurdo de la misma la convierte en emblemática del caos generalizado.

Dos manzanas hacia el norte, al doblar por la calle 72, el andén es frecuentemente interrumpido por espacios para aparcar automóviles.

A cambio, se hicieron escalones para que los peatones caminen por el pasadizo particular frente a las vitrinas de los locales comerciales de las primeras plantas (¿una estrategia para atraer clientes?). La absurda altura de algunos de estos escalones hace desear fervientemente al peatón ver a la abuelita de dichos constructores subiendo o bajando por ellos.

La calle 76 adolece de los mismos problemas. Las alteraciones del andén emprendidas por los propietarios de un restaurante en la esquina de la carrera 45 para convertir el espacio público en terraza particular es una muestra ejemplar de la arbitrariedad urbanística en Barranquilla.

Más al norte aún, entre carreras 43 y 46 y calles 84 y 96, los andenes de modifican según convenga a las entradas de los garajes, con rampas, desniveles, muros y escalones.

Asombra observar cómo algunos de los principales infractores en la carrera 49C (desde la calle 79 hasta la 85) son centros médicos, de los que uno esperaría más sensibilidad, debido a la movilidad reducida de sus clientes.

La carrera 44, según se la recorre de la calle 72 para abajo, es una serie de adefesios urbanísticos como los anteriores. Mientras más se avanza hacia el sur, más en libertad se sienten los ciudadanos para modificar los andenes.

Calidad de vida. Reflexionar sobre esta situación es un ejercicio vital ahora que se analiza y se debate el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Lo se consigne y lo que se omita durante la elaboración de dicho plan será decisivo en el nuevo trazado de la ciudad previsto a 20 años.

Máxime, cuando un grupo de expertos de la Universidad del Norte ha denunciado que el POT de Barranquilla, tal como está formulado, va en contravía a la tendencia mundial de hacer más inteligentes y amables nuestras ciudades: el 74% de las inversiones previstas en movilidad es para favorecer al vehículo automotor privado, aún cuando tan solo el 14% de sus habitantes emplea esta modalidad de transporte.

Antanas Mockus, el exalcalde bogotano, recordó que los POT de las capitales que dan ejemplo al mundo en planeación apuestan radicalmente por nuevos y más amplios escenarios para el peatón y el ciclista, primando sobre la circulación de los automotores.

La clave aquí es calidad de vida. Según Mockus —para quien el progreso de una ciudad se mide por la calidad de sus andenes—, cada metro cuadrado de espacio público que pierde el peatón implica una disminución de la calidad de vida.

La legislación Estados Unidos, país más sensible a este tema, estipula que favorecer mediante el diseño de los andenes a un solo grupo poblacional (ya sean ancianos, niños, discapacitados) representa detrimento para los demás grupos. La posibilidad de que el andén sea utilizado para algo distinto a su uso original no es ni siquiera contemplada en la legislación y tal vez sea incluso inconcebible para la mentalidad sajona.

En contraste, la demostración de falta de sensibilidad hacia las necesidades de las personas con discapacidades en Barranquilla hace pensar que lo inconcebible para sus habitantes es ponerle frenos a la potestad que cada vecino cree tener en cuanto a las modificaciones practicables en el tramo de acera frente a su vivienda o negocio.

Todo se vale. El abrupto relieve de los andenes de Barranquilla es tan variado como variada es la creatividad de quienes la emprenden a diario contra ellos.

El mencionado y supuesto plan maligno no estaría completo sin la complicidad de quienes utilizan los andenes como parqueaderos de carros o de quienes instalan impunemente sobre ellos elementos perturbadores para la movilidad. Kioscos, fritangas, enfriadores de envases, ventas de gafas, de comestibles, de calzado… Todo se vale. Y la ausencia de autoridades que sancionen a los infractores garantiza que más y más personas recurran a esta práctica y que, además, se sientan con pleno derecho.

Interrogado acerca de esta caótica situación y sobre sus posibles correctivos, el secretario distrital de Planeación de Barranquilla, Miguel Vergara, sostuvo que 'el POT plantea recuperación total de andenes para el peatón; todas las inversiones en movilidad incluyen la construcción y reconstrucción de andenes con dos características principales: Accesibilidad para los discapacitados (si ellos pueden acceder al espacio público, cualquiera puede) y Arborización'.

'Para que caminar la ciudad sea agradable, todas las inversiones incluyen estos dos aspectos', dijo.

Llama la atención, de todos modos, que —siempre según los expertos de Uninorte— el peatón y el ciclista son dos de los grandes olvidados en la actual formulación del POT de Barranquilla, y que para la creación de esas nuevas zonas verdes que tanto necesita la urbe los expertos no hayan hallado en los documentos estudiados ningún mecanismo para lograr esta loable meta.

Por Carlos A. Sourdis Pinedo