En una tierra donde la arena es arcillosa, la vegetación está compuesta por imponentes cactus y un panorama desértico lo aprisiona con resistencia reside una figura importante en la mitología wayuu: el abuelo Juyá. En este lugar que parece detenido en los antiguos tiempos —y que muchos califican, erróneamente, como la “Colombia profunda”— la comunidad ha implorado por décadas la visita de esta entidad sagrada, encargada de llevarles el agua y fertilizar sus tierras.
Por esta razón, las comunidades wayuu se refieren al preciado líquido como un sujeto masculino. Sin embargo, más allá de cualquier pronombre, para estas poblaciones la presencia de esta deidad significa vida, salud, tranquilidad y armonía. Ilder Alberto Aguilar de Luque, del clan Epinayú, asegura que de estos privilegios los han alejado la religión católica y la evangélica al privatizarles las herramientas para comunicarse con el abuelo.
“La religión católica y la religión evangélica han satanizado el sistema de normas de nosotros como pueblo wayuu. ¿Por qué? Porque nos han prohibido cómo comunicarnos con el abuelo Juyá a través de la kashá, que es el tambor y una forma de cómo comunicarnos con él. Entonces, eso lo prohíben en la religión y les dicen: ‘No, eso en la ley de Dios no cabe’”, relata a EL HERALDO el orientador y pacificador de la comunidad.

Mientras que en los municipios de Manaure y Uribia determinan la falta de agua como la ausencia del abuelo Juyá, en Riohacha, capital de La Guajira, algunos transeúntes consideran que este escenario obedece a una falta de sostenibilidad y planeación estatal en las ayudas humanitarias que llegan al departamento.
Pero lo cierto es que la situación en el máximo norte del país es mucho más compleja que la sola carencia de agua. Como en cualquier territorio colombiano, son múltiples los problemas que lo rodean. Por ello, las obras integrales recobran importancia en este rincón del país. No obstante, a pesar de las dificultades, en La Guajira sí es posible el cambio. Así lo demostró Misión La Guajira el pasado viernes 21 de noviembre, cuando cumplió con su objetivo de llevar agua potable, energía confiable y conectividad a estas comunidades históricamente excluidas.
“Hoy Misión La Guajira dice ‘misión cumplida’. Lo que nos propusimos hacer al principio era favorecer a 81 comunidades, beneficiar a 25.000 personas y 3.600 familias. ¿De qué manera? Con un bien que, para el resto de nosotros, es absolutamente cotidiano: el agua. Aquí el agua potable cambia vidas, da ilusiones de envejecimiento digno, da ilusiones de tener mentes claras para estudiar”, expresa Luis Carlos Sarmiento, presidente de la junta directiva del Grupo Aval, empresa que lidera el proyecto junto con Promigas.
Plantas potabilizadoras
Para acceder al preciado líquido, Nuris Martínez, matrona de la población Jariraica, relata que solían trasladarse hasta el río Ranchería, a 20 kilómetros de su hogar. A veces se iban a pie y otras en burro. Era una dificultad, una dificultad que empezó a disolverse con la inauguración de la planta potabilizadora en su comunidad el pasado viernes.
“Hoy nos han dado una bendición: agua potable. Y esa agua traerá hasta acá una calidad de vida”, asegura la lideresa.
Esta planta se suma a las 28 plantas de ósmosis inversa que entregó Misión La Guajira, por lo que hoy cada persona recibe 20 litros diarios —una cifra superior a la recomendada por la Organización Mundial de la Salud—, cambiando además dinámicas de poder dentro del territorio: el agua dejó de ser un privilegio de algunos para convertirse en un recurso compartido.
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“La situación geopolítica era complicada porque, como no todo el mundo tenía agua, quienes sí tenían el recurso tenían el poder. Y, pues, realmente no debe ser el agua la que dé el poder; debe ser algo concertado. Entonces, el agua pasó de ser el diferenciador de poder a convertirse en un instrumento para repartir el poder y permitir a todos salir adelante”, explica Sarmiento.
Asimismo, el proyecto logró otorgar 40 pozos recuperados y 8 pozos nuevos perforados, con lo que se alcanzó que 73 comunidades tuvieran acceso a agua apta para consumo humano.
Un paso hacia la energía
Es cierto que al pensar en La Guajira suele relacionarse casi de manera natural con la falta de agua, pero el departamento también necesita de otros servicios. Por eso se instalaron 81 sistemas solares comunitarios, cada uno con paneles solares, baterías, iluminación, puntos de carga y refrigeración.
Más allá de la infraestructura, esto transformó la vida diaria de niños y jóvenes, quienes ahora pueden estudiar de noche sin depender de velas o linternas. Las familias logran conservar alimentos y medicamentos, lo que les permite cuidar mejor su salud y nutrición. Y, finalmente, la iluminación nocturna mejora la seguridad y fortalece las actividades sociales y culturales después del atardecer.
Para garantizar la sostenibilidad del proyecto, Juan Manuel Rojas, presidente de Promigas, recalca que conformaron 28 grupos locales entrenados para operar tanto las instalaciones de tratamiento de agua como las de energía. Cada comunidad cuenta con dos fontaneros encargados de registrar el consumo diario, mantener los equipos y realizar cambios necesarios.
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“Lo importante es la sostenibilidad en el tiempo. (...) Hemos entrenado, a nivel local, al personal de las comunidades para que ellos sean quienes operen estas facilidades de tratamiento de agua y también la facilidad de energía. Es un entrenamiento que ya lleva bastantes horas y que ya está comenzando a implementarse. La sostenibilidad la tienen que garantizar ellos. Nosotros les aportamos la solución; ellos tienen ahora la obligación de mantenerla en el tiempo”, manifiesta Rojas.
En total, hay 28 comités de agua conformados, de los cuales 21 están en funcionamiento; se establecieron más de 200 líderes en roles de gobernanza; hay 54 fontaneros comunitarios formados o en formación y 81 instancias de energía, con 60 ya operando plenamente.
Internet al alcance
En el departamento, la conectividad digital se traduce en salud, información, seguridad y oportunidades. En alianza con Claro, instalaron conectividad gratuita en 76 comunidades wayuu, lo que ha permitido que jóvenes y adultos accedan a plataformas educativas y contenidos escolares; servicios públicos digitales y trámites del Estado; información clave para salud y emergencias; comunicación con familiares y redes de apoyo; y canales digitales para emprendimiento y comercialización.
“Hoy estamos conectando 76 comunidades de La Guajira con internet gratuito. Hicimos un esfuerzo bastante fuerte: conectamos la mitad mediante radio microondas y la otra mitad con conexión satelital. Esto abre una oportunidad muy grande para los niños y para toda la comunidad de La Guajira, porque ahora tienen acceso a la educación, a páginas web y pueden desarrollar comercio electrónico, vender sus artesanías a través de internet”, notifica a esta casa editorial Rodrigo de Gusmao Ribeiro, presidente de Claro Colombia.
La relación con el agua
Cada vez más, las comunidades se empoderan con el preciado líquido y la cohesión comunitaria se fortalece. De acuerdo con el gobernador de La Guajira, Jairo Aguilar Deluque, anteriormente el agua dividía: cuando los proyectos o ayudas humanitarias fracasaban, la comunidad que tenía el agua prácticamente se adueñaba del territorio. Actualmente, asegura el mandatario, no es así.
“Hoy ellos mismos han entendido que el compartir ayuda y, sobre todo, que fluye el tema de la gratitud. (Estamos) cambiando paradigmas para darle soluciones reales a nuestra gente”, sentencia el mandatario.
El gobernador especifica que con el Plan Departamental de Agua existen los clubes del agua, el empoderamiento de mujeres y niños, y la formación de fontaneros locales que operan y enseñan a las siguientes generaciones.
Dignificar la vida con la identificación
Misión La Guajira, en alianza con la Registraduría Nacional, también llevó hasta Manaure y Uribia jornadas de identificación. Durante el 2025 se beneficiaron a más de 2.800 personas wayuu en 5 jornadas.
“Quien no tiene una identificación mucho menos tendrá otros derechos, como el de la salud, el de la vivienda o el de la educación. (...) La Registraduría tiene un equipo de alta tecnología: antenas satelitales, plantas eléctricas y equipos que permiten, en tiempo real, registrar a una persona e inscribirla en el Archivo Nacional de Identificación colombiano”, explica el registrador Hernán Penagos.
El empoderamiento económico a los artesanos de La Guajira
Tejer, para las mujeres wayuu, es un patrimonio cultural transmitido de generación en generación, de madre a hija. Sin embargo, muchas veces las mochilas se venden únicamente en momentos de necesidad y a precios muy bajos. Esta problemática convocó la participación de la Tienda de La Empatía, que se propone transformar este panorama con “esquemas donde puedan obtener precios justos por lo que hacen: pagos en su territorio, mejoramiento de la calidad de los tejidos, de las paletas de colores, inclusión financiera y todo lo que se necesita para que, ojalá, queden también conectadas con mercados directos”, manifiesta Claudia García Jaramillo, directora de la tienda, a EL HERALDO.
Con esta alianza se han vinculado 500 artesanas; además, 300 ya iniciaron su comercialización bajo prácticas de comercio justo y 200 nuevas están en proceso de formación. Asimismo, más de 1.000 productos ya circulan en el mercado. Además, se inauguró el centro de operaciones para artesanas de Misión La Guajira ese mismo viernes 21, con más de 200 metros cuadrados, el cual permite el acopio y logística centralizada de productos provenientes de las comunidades, y el control de calidad y diseño, estandarizando medidas, acabados y técnicas.





















