El endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos ha provocado que decenas de familias inmigrantes en Minneapolis vivan en una situación de aislamiento forzado, temor constante y graves dificultades económicas.
Extraen del recto de un hombre de 24 años un obús de la I Guerra Mundial en Francia
En las últimas semanas ante el aumento de operativos federales para detener a personas sin estatus legal se ha disparado este aislamiento.
Varios hogares de origen latino han optado por permanecer encerrados, limitando al máximo sus salidas, reforzando puertas y evitando cualquier contacto innecesario con el exterior, por miedo a ser detenidos por agentes migratorios ICE.

Padres y madres prefieren que sus hijos estudien desde casa, mientras reducen al mínimo las actividades fuera del hogar.
El temor no solo afecta a quienes no cuentan con documentos, sino también a familiares que sí son ciudadanos estadounidenses, ya que existe preocupación por posibles detenciones arbitrarias o confusiones durante los operativos.

Para los adolescentes, la situación resulta especialmente dura, pues ven limitadas sus actividades sociales, recreativas y educativas, lo que impacta su bienestar emocional.
Familia latina lleva dos meses encerrados por miedo al ICE
Por ejemplo, Ana, Carlos y su hijo Luis, una familia mexicana lleva dos meses encerrados. “Es inhumano vivir así, como prisionero en su propia casa. Siempre tengo el miedo de que, aunque mis hijos son ciudadanos, sabemos que ya no están respetando y que solo por el color de su piel se los pueden llevar”, expuso Ana a la AFP.

Ana tiene cuatro hijos. “Trabajamos, pagamos impuestos y cumplimos con la ley, pero aun así vivimos con miedo”, expresan.
Su hijo Luis tiene que estudiar desde casa. La familia ha gastado en casi tres años 11.000 dólares en abogados para tramitar los visados pero nada.
Mientras tanto, viven día a día esperando que la presión disminuya y puedan retomar una vida normal sin miedo constante.
Contaron que con el trabajo de Carlos y los trabajos ocasionales que Ana realiza como cocinera o cajera, la pareja suele ganar 6.000 dólares al mes, sin embrago, desde diciembre no han tenido ingresos.

Tuvieron que pedir 1.500 dólares prestados a un amigo para pagar los 2.200 dólares del alquiler de enero. Pero no saben cómo van a hacer el otro mes.
“El presidente tiene que estar tres años más; tres años es bastante tiempo. Lo único que me detiene aquí son los sueños de mis hijos”, declara.





















