La educación emocional dejó de ser un complemento para convertirse en un pilar del proyecto institucional del Nuevo Colegio del Prado. Así lo afirma la rectora académica, Manuelita Orozco González, quien sostiene que el colegio ha asumido una ruta clara: “formar seres humanos íntegros, conscientes de sí mismos y comprometidos con su entorno”, un propósito que se refleja en cada dimensión del proceso formativo.
Orozco explica que la educación emocional está integrada de manera transversal en toda la propuesta del colegio, desde preescolar hasta bachillerato. Esto incluye programas de habilidades socioemocionales, espacios de reflexión en el aula, acompañamiento psicopedagógico permanente y protocolos claros para identificar y atender el bienestar emocional de los estudiantes. “La escuela debe ser un entorno donde todos aprendan a convivir, no solo a comprender contenidos. Esto impacta directamente el bienestar y el desempeño académico”, enfatiza.
La formación docente es otro punto clave. La rectora destaca que el trabajo emocional no puede centrarse únicamente en los estudiantes: “Cuando cuidamos el bienestar emocional de los maestros, fortalecemos todo el ecosistema educativo. Un docente equilibrado tiene herramientas más sólidas para acompañar a sus alumnos”. Por ello, el colegio capacita continuamente a su equipo en estrategias para manejar emociones en el aula, promover la empatía, fortalecer la convivencia y ofrecer acompañamiento en situaciones familiares o personales que puedan afectar a los jóvenes.
De cara al próximo año, el Nuevo Colegio del Prado ampliará su oferta extracurricular, tradicionalmente centrada en el deporte, para incluir arte, música, danza, ciencia, tecnología, liderazgo y proyectos de servicio. Orozco explica que estas actividades “no funcionarán solo como espacios recreativos, sino como oportunidades para descubrir talentos, desarrollar disciplina, autonomía, creatividad, trabajo en equipo y fortalecer la autoestima”. Además, se implementarán mecanismos de seguimiento para garantizar que cada experiencia extracurricular aporte de manera significativa al crecimiento personal del estudiante.
La rectora subraya que la educación emocional y las actividades extracurriculares son piezas complementarias en la construcción del proyecto de vida. En un mundo cambiante, afirma, el colegio debe ofrecer un entorno seguro que impulse la mejor versión de cada estudiante, acompañado por docentes preparados y familias involucradas.
La relación con las familias es, precisamente, un componente esencial dentro del modelo. La institución mantiene canales de comunicación permanentes, ofrece charlas y acompaña a los padres para que participen activamente en el desarrollo emocional y personal de sus hijos. Al mismo tiempo, evalúa el impacto de sus programas mediante indicadores de convivencia, bienestar, participación y rendimiento, lo que permite identificar avances y desafíos.
Orozco señala que uno de los mayores retos está en atender las necesidades actuales: estudiantes que enfrentan realidades familiares y sociales complejas, docentes que requieren apoyo y un contexto que demanda formar jóvenes resilientes, creativos y capaces de liderar con sentido humano. “Nuestro propósito es ofrecer a la sociedad jóvenes capaces de pensar, sentir y actuar con sentido humano”, afirma.
Con convicción, la rectora asegura que esta es la ruta que el Nuevo Colegio del Prado seguirá fortaleciendo: una educación que no solo transmite conocimientos, sino que acompaña la construcción del ser humano.
















