El Colegio San José, desde 1918, viene formando generaciones bajo pedagogía ignaciana. Hoy, su legado se mantiene vivo gracias a un modelo educativo que combina excelencia académica, acompañamiento humano, espiritualidad, bilingüismo y una clara proyección internacional. Así lo reafirma el rector, el padre Luis Felipe Gómez, SJ: “Nuestro paradigma pedagógico ignaciano se actualiza constantemente. Cada proceso formativo busca crear personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas con la transformación social”.
La institución se encuentra además en un momento histórico: está próxima a recibir la certificación internacional de calidad NEASC, una acreditación que, según el rector, valida que “nuestros procesos académicos y formativos cumplen estándares globales y que la excelencia que promovemos es tangible, rigurosa y sostenible”. Para las familias, explica, esto representa una garantía de calidad mundial y una puerta abierta a oportunidades universitarias y profesionales en el extranjero.

Una formación que transforma
Desde las aulas hasta los espacios deportivos, artísticos y espirituales, la comunidad educativa coincide en un mismo punto: en el San José se aprende para la vida.
Lucía de Ojeda, estudiante de undécimo grado y presidenta electa del Consejo Estudiantil, describe su experiencia como un proceso que despertó liderazgo, seguridad y vocación:“Yo nunca me había atrevido a liderar, pero las actividades del colegio y la confianza que te dan hacen que digas: ‘sí puedo’. Aquí no solo aprendes para sacar buenas notas, aprendes a ser mejor persona”.
Para ella, el impacto ignaciano se vive en cada detalle. Desde la tradicional “llama” traída desde Cartagena en la inauguración deportiva, hasta las actividades de solidaridad y los retiros espirituales:“Uno siente que pertenece, que los valores no se imponen, sino que se viven. Esto es libre, profundo y muy humano. A mí me ha ayudado a encontrar quién soy y qué quiero estudiar”.
Santiago López, estudiante de décimo grado y personero, coincide en que el colegio va más allá de la academia:“Nos preparan para la universidad desde noveno con la semestralización, con las materias AP, con electivas según lo que queremos estudiar. Pero también nos preparan como personas. El acompañamiento del SAE ha sido fundamental para mí. Aquí los profesores te ven, te escuchan; no eres un número”.
Un campus que inspira
Para muchos estudiantes, la conexión con el colegio empieza desde el primer día. Santiago recuerda haber quedado impresionado al entrar por el lobby y ver las zonas verdes, las canchas y los laboratorios:“Es el sueño de cualquier niño. Aquí tienes espacio para descubrir qué te gusta y crecer”.
Ese entorno físico apoya un modelo de bilingüismo sólido y vivo. La mayoría de las materias se imparten en inglés y se complementan con francés y portugués, intercambios culturales y convenios internacionales.
Lucía, por su parte, participó en un intercambio a Seattle: “Fueron las mejores dos semanas de mi vida. Me hice independiente y descubrí otra cultura. El colegio te impulsa a abrirte al mundo, a ver más allá de lo que conoces”.
El valor del acompañamiento
Para Ivonne Corrales, madre de dos estudiantes, el San José no solo se elige: se comprueba todos los días.Desde Bogotá, donde sus hijos estudiaban en otro colegio jesuita, llegaron a Barranquilla con expectativas altas que fueron superadas desde el primer contacto.
Cuenta que su hijo menor necesitó apoyo en su proceso de admisión. Lejos de cerrarle la puerta, el colegio le propuso un camino acompañando a toda la familia:“No me dijeron que ‘no cumplía un requisito’. Me dijeron: ‘queremos que él entre, pero primero debe fortalecerse’. Nunca había visto un proceso de admisión así”.
Con el respaldo del SAE, Servicio de Asesoría Escolar, y una terapia conjunta padre-hijo recomendada por el colegio, el niño ingresó el semestre siguiente y se adaptó plenamente:“Hoy es feliz, rinde bien, hace deporte y no existe la frase ‘no quiero ir al colegio’. Eso para un papá lo dice todo”.
Ivonne destaca también la coherencia entre los valores familiares y los ignacianos:“Aunque no somos católicos practicantes, encontramos que los valores del colegio —la compasión, el servicio, la justicia— son los que queremos para nuestros hijos. Aquí no se imponen la fe, se acompaña. Y eso es profundamente respetuoso”.
Hacia el futuro
La proyección internacional del colegio es otro de los pilares más mencionados por estudiantes y padres: intercambios, alianzas universitarias, experiencias globales y una enseñanza de idiomas que trasciende el aula.
Para Ivonne, esto es decisivo en un mundo sin fronteras: “Mis hijos ya hablan inglés con naturalidad. Mi hija conversa con nativos como si nada. Eso es una ventaja enorme de cara a cualquier proyecto de vida”.Y añade: “El colegio no forma estudiantes que memorizan. Forma jóvenes curiosos, reflexivos, capaces de investigar, de mirar el mundo con método y criterio. Yo me los imagino viajando, estudiando afuera, regresando para construir país. Y sé que San José está poniendo las bases para eso”.
Una tradición de más de un siglo
Para el rector, el reto del San José no es solo honrar la historia, sino seguir transformándola:“Nuestro legado se mantiene vigente porque se renueva. La pedagogía ignaciana nos exige discernir, acompañar y buscar siempre la excelencia humana y académica. En eso llevamos más de 100 años, y estamos listos para los próximos 100”.
Con una comunidad comprometida, un campus de primer nivel, un bilingüismo robusto, experiencias internacionales y un profundo enfoque humano, el Colegio San José reafirma que su tradición es, al mismo tiempo, historia y futuro.


















