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En Barranquilla, ciudad donde las nuevas generaciones crecen entre retos y oportunidades, el Colegio Buen Consejo guiado por la Congregación Hijas de Santa María de la Providencia, se ha consolidado como un faro educativo que combina excelencia académica, identidad cristiana y un profundo compromiso social. Su misión es clara: formar personas íntegras, capaces de transformar su entorno con valores sólidos y una mirada humana del mundo.

Desde sus aulas, niños y jóvenes descubren que la educación no es solo aprender contenidos, sino desarrollar un proyecto de vida con propósito. Sus estudiantes son acompañados para fortalecer su ser, cultivar la empatía y comprender que el liderazgo auténtico nace del servicio. El resultado se evidencia en sus egresadas, hoy profesionales destacadas y ciudadanas comprometidas, reconocidas por su ética, sensibilidad social y desempeño en diversos campos.

Fiel a las necesidades reales de la comunidad barranquillera, El Colegio Buen Consejo adoptó desde 2019 un modelo progresivo de educación mixta, integrando de manera gradual a niños y niñas en todos los niveles escolares. Además, impulsa programas de intercambio cultural y académico, regionales, nacionales e internacionales (USA, Francia, Inglaterra y Canadá) que amplían la visión del mundo de los estudiantes y enriquecen su formación integral.

Su compromiso social también se extiende más allá de las paredes de la institución. Como colegio en pastoral, vive su misión desde el servicio y la solidaridad, trabajando activamente por el cuidado de la casa común y promoviendo acciones concretas que impacten a la comunidad. Con vocación de servicio, mantiene presencia activa en el Colegio Santa María de la Providencia, reafirmando que la educación es una responsabilidad compartida que transforma vidas y siembra esperanza en el entorno.

En el Colegio Buen Consejo, la formación no se queda en las aulas: se convierte en una huella que trasciende. Una educación que inspira, que construye identidad y que prepara a niños y jóvenes para vivir con sabiduría, alegría y sentido humano. Porque formar para la vida es, también, sembrar esperanza en la sociedad.