Tras conocerse que la economía de Colombia presentara un crecimiento de 2,6 % en todo 2025 en relación con el 2024 -datos revelados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane)-, las apuestas del mercado y de analistas no apuntaban a una variación tan baja, y es que con esto se deja un mensaje claro: la inversión sigue siendo la debilidad de la economía colombiana.
Como punto bueno se resalta que el comercio, con un crecimiento del 4,6 %, contribuyó con 0,9 puntos porcentuales a la variación anual del Producto Interno Bruto (PIB).
Además, el sector de administración pública, defensa, educación y salud también se expandió un 4,5 % y aportó 0,8 puntos al crecimiento de la economía colombiana el año pasado.
Pero como punto malo, tenemos que los sectores de explotación de minas y canteras, y construcción se contrajeron un 6,2 % y 2,8 %, respectivamente, y fueron los únicos que decrecieron en Colombia en 2025.
“Con estos resultados, la economía colombiana cerró 2025 con un crecimiento moderado, sostenido principalmente por el dinamismo de los sectores de servicios y comercio, en un contexto de recuperación gradual de la actividad productiva”, había dicho el Ministerio de Hacienda en un comunicado.
El análisis
Según el presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, el freno de la inversión empresarial se explica principalmente por la creciente incertidumbre generada por una errática política económica y por la rampante inseguridad jurídica.
“Es claro que el cambio permanente en las reglas de juego, que en el arranque de este año se ha acentuado, no permite tomar decisiones de inversión con alguna certeza. El panorama económico, al menos para el primer semestre, se torna cada vez más nublado”, sostuvo Cabal.
Entre tanto, el Grupo Cibest (Bancolombia), socializó que la debilidad de la inversión enfrentará desafíos adicionales por cuenta de unas tasas de interés elevadas y la incertidumbre electoral.
“El aumento en los costos de financiamiento ha reducido la viabilidad de algunos proyectos del sector privado, especialmente en actividades como la construcción. A su vez, la incertidumbre asociada al proceso electoral ha llevado a posponer decisiones de inversión hasta tanto no se cuente con mayor claridad sobre el enfoque que adoptará el próximo gobierno en materia de política económica”, detallan.
Agregaron que este resultado imprime un sesgo negativo sobre nuestra previsión de crecimiento para el 2026, en tanto confirma los riesgos a la baja relacionados con la incertidumbre electoral y un entorno marcado por mayores tasas de interés y riesgos fiscales en ascenso.
A su vez, el presidente de la Cámara de Comercio de Barranquilla, Manuel Fernández Ariza, enfatizó que la caída en la inversión ha afectado a sectores clave en la generación de valor como la industria, construcción y explotación minera.
“Estos factores podrían acercarnos a un crecimiento potencial cercano al 2,5 %, especialmente en un entorno donde las tasas de interés podrían elevarse este año. El mensaje es claro: la inversión productiva debe convertirse en una prioridad nacional.
Según Camacol, además del gasto púbico, la economía necesita encender el otro motor: reactivar la inversión privada con estabilidad y reglas claras. Recuperar la vivienda no es un asunto sectorial; es una decisión estratégica de país.
“El rumbo que se defina en los próximos años determinará si seguimos creciendo a punta de consumo o si apostamos por inversión, formalidad y productividad. La vivienda debe estar en el centro de esa elección”, señaló el gremio constructor.
Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence, afirmó que si el país no logra elevar su tasa de inversión por encima del 20% del PIB, seguirá atrapado en una senda de crecimiento inferior al 3% anual, un ritmo insuficiente para cerrar brechas sociales y sostener un proceso robusto de desarrollo económico.
Planes
José Manuel Restrepo, ex ministro de Hacienda, planteó una serie de medidas que considera necesarias para revertir la tendencia. Entre ellas, destacó la necesidad de “revisar la estructura tributaria y la carga en sobre regulación buscando favorecer la dinámica del sector empresarial” y “enviar señales de confianza al sector privado que rompan con esa dosis de ideología y fundamentalismo ambiental que nos tiene frenados”.
¿Más riesgo para la inversión con la emergencia económica?
Recientemente el Gobierno ha planteado la posibilidad de establecer un impuesto al patrimonio para personas jurídicas como medida para aumentar el recaudo en el marco de la nueva Emergencia Económica.
Ahora bien, de acuerdo con el centro de estudios económicos Anif, un impuesto de esta naturaleza tiene implicaciones económicas de fondo.
“Gravar el stock de capital reduce la rentabilidad esperada de la inversión y encarece la acumulación de activos productivos, lo que puede traducirse en un desincentivo claro al crecimiento empresarial”, sostiene Anif.


