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Rosiris Pérez hace fuerza por el equipo de su hijo, junto a su familiar Saría Calderón. Christian Mercado
Deportes

Asefal: mezcla de emociones para las mujeres

Desde las tribunas ellas siguen con pasión el torneo infantil.

Emotivas en todo sentido. Dan rienda suelta a la euforia cuando el equipo al que siguen marca un gol o gana. O pasan a la tristeza absoluta con una derrota, o una anotación contraria que no esperaban.

Así se palpan los sentimientos de las mujeres de distintas edades que siguen desde las tribunas o los alrededores de las canchas el Torneo Asefal de fútbol infantil, que se desarrolla en Barranquilla desde principio de año y que hoy llega a su final.

Estas mujeres son en su gran mayoría madres, hermanas, primas, tías, e incluso abuelas, de los niños que participan en la competencia futbolística de índole nacional. Con su sola presencia, de por sí, engalanan los escenarios donde se desarrollan los encuentros.

A la par de los hombres gritan, alientan a los jugadores, y en conjunto al equipo de su predilección.

No se van por las ramas al momento de reprochar una decisión arbitral, y uno que otro madrazo dejan escapar.

Además de los lazos familiares mencionados con los pequeños deportistas, también se cuentan aquellas que asisten a los juegos como simples aficionadas al fútbol. Y otras tantas como acompañantes de los familiares de los jugadores, es decir, conformando la barra propia de cada uno de los niños.

DISTINTAS VIVENCIAS
Liliana Barrios, madre de Sebastián Álvarez, del equipo Unión Real Villanueva, categoría 2005, dice que se siente motivada en cada juego.

“Me encanta acompañar a mi hijo que milita en escuelas de fútbol desde los 5 años. Siempre lo hemos apoyado”, reafirma con evidente sentimiento maternal.

“Me siento realizada al pie de Sebastián en cada partido, porque ese es su gran sueño y uno siempre va a la mano de los sueños de sus hijos”, añade con el mismo entusiasmo.

Admite que festeja y sufre en cada compromiso, pero resalta que “lo importante es que el niño se sienta bien y que juegue”.

Reafirma que la motiva ver a su hijo entusiasmado por jugar. “Eso me llena mucho”.        

Natalia y Andrea Álvarez, hermanas de Sebastián, coinciden en que a ellas las motiva no solo acompañarlo sino que  se sienta contento con su familia.

“Nos gozamos cada partido porque vemos que Sebastián disfruta con lo que le gusta: jugar al fútbol”.

‘¡SE SUFRE Y SE GOZA!’
Rosiris Pérez, madre de Sergio Díaz, de la Escuela Barranquillera (categoría 2005) manifiesta que su hijo practica el deporte con amor y dedicación.

“Yo lo apoyo más por formación deportiva y por disciplina, que por la competencia misma”, puntualiza. Reconoce que en cada juego “se sufre y se goza”.

Rosiris acompaña a Sebastián desde hace cuatro años (cuando el niño tenía 6). No solo en las canchas donde compite, sino también en los entrenamientos. “Siempre con él al pie”, dice entre risas.

Señala además que asistir a las canchas la obliga a adelantar los oficios doméstico desde bien temprano.

“En una cancha me siento feliz porque comparto tiempo con el niño, sobre todo porque ahora viene la temporada de trabajo para mí”, agrega Rosiris Pérez.

Saría Calderón, prima del niño Sergio Díaz, relata que en este tipo de escenarios se siente feliz, tensionada y emocionada. “Es indudable que en los partidos todas las emociones están encontradas”.dice.

A su vez Claudia Sierra Peñate, quien vino de Cartagena con el equipo Academia de Crespo, en el que milita su hijo Fernando Hincapié Sierra, de la categoría prejuvenil (14 años), expresa que lleva dos años acompañándolo donde le corresponda jugar.

Además de vivir con emoción los partidos de su equipo, Claudia hizo las veces de auxiliar de enfermería con un botiquín al lado que utilizó para atender a los jugadores de su equipo que salían lastimados por algún encontronazo con el rival.

“Esa es una labor que realizamos cualquiera de los padres”, explica la mujer, y agrega que el traslado de sus hijos lo costean su familias.

Los alojan en hoteles o en residencias de familiares.

“Me gusta bastante el fútbol, y más porque actúa mi hijo, que juega de volante”, nos hace saber.

Destaca de la organización de su club la integración entre jugadores y padres.

“Es que contamos con un buen cuerpo técnico, y la escuela ofrece un buen desarrollo para los niños”.

A su turno, Estefanny Ramos, muy entusiasta en los encuentros de la Academia de Crespo, dijo en cortas palabras que no entiende el fútbol.

“Me hago presente en los partidos porque acá juega un ahijado, y deseo acompañarlo para qu le vaya bien. Nada más”.

Entiendan o no el fútbol, la presencia de las damas en los escenarios de balompié, además de ser un atractivo de belleza, alegría y acompañamiento, se constituyen en un aporte gratificante para el ambiente que se percibe.

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