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Paolo Sorrentino vuelve a retratar el poder en ‘La Grazia’, aunque esta vez lo hace con menos dureza que en películas anteriores porque “muestra al público un lado humano que escasea en la política actual”, asegura a EFE el protagonista del filme, Toni Servillo.

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Servillo se llevó por su actuación la Copa Volpi del último Festival de Venecia, donde EFE pudo entrevistarles a Sorrentino y a él tras la proyección de su nueva película, que acaba de estrenarse en las salas de países como Colombia, México, Argentina y Uruguay.

El enfoque de ‘La Grazia’ es opuesto al de los otros dos grandes títulos que Sorrrentino ha dedicado a los políticos: en ‘Il Divo’ (2008), la diana fue el complejo exprimer ministro Giulio Andreotti, que marcó una época importante de la historia italiana, al igual que el polémico Silvio Berlusconi, cuyo poder analizó en ‘Loro’ (2018).

Ahora le ha llegado el turno al presidente de Italia, Sergio Mattarella, inspiración de Mariano de Santis (Servillo), un mandatario que está en el último semestre en su cargo, culto y respetado y que tiene que cuestionar sus estrictos valores éticos y morales al enfrentarse a la firma de una ley de eutanasia y de un posible indulto.

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No obstante, el cineasta aseguró a EFE que es más una representación de varios presidentes de la República Italiana que compartían “un gran sentido de la responsabilidad, una familiaridad con la duda”, más que la figura concreta de Mattarella.

Andrea Pirrello/Cortesía MUBI/Cineplex

Algo con lo que está de acuerdo Servillo: “En nuestro país hemos tenido varios presidentes católicos de la República, varios presidentes viudos, varios presidentes con una sola hija, varios presidentes juristas. Así que creo que Sorrentino se inspiró en varias figuras para luego crear una, llamada Mariano De Santis, y eso es todo. En resumen, no hay imitación de ningún presidente en particular”.

“La otra cara de la moneda”

El objetivo de Sorrentino era dar un giro a la visión que había ofrecido de los políticos. “He representado sobremanera a políticos que hacían del espectáculo, de la vanidad, de la mundanidad, una especie de marca que luego influía a su vez en su acción política. Creo que ya cumplí con esa tarea... también existe la otra cara de la moneda”, resaltó el cineasta.

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Por eso, su personaje se cuestiona a sí mismo al aceptar las opiniones de la gente que le rodean, nada que ver con el autoritarismo de los otros políticos o incluso de la figura del papa que ha retratado el cineasta a lo largo de su carrera.

“Creo que una película también puede tener la función de describir algo como debería ser, en lugar de como es”, afirmó Sorrentino. Y eso es lo que ha hecho con ‘La Grazia’.

Filmada con la brillantez y precisión habitual de Sorrentino, el cineasta se recrea en los espectaculares ambientes del Palacio del Quirinale, llenos de frescos y esculturas, como corresponde a un complejo que fue morada de papas y que actualmente es la sede de la Jefatura del Estado italiano.

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Ahí se mueve con delicadeza Mariano de Santis, un hombre obsesionado por la traición cuarenta años atrás de su adorada mujer, ya fallecida.

Andrea Pirrello/Cortesía MUBI/Cineplex

A través de la íntegra figura de este presidente, Sorrentino carga contra la falta de ética actual entre los dirigentes políticos de todo el mundo.

Políticos como el protagonista del filme “todavía existen, pero lo preocupante es que cada vez hay menos, y por razones difíciles de analizar, los verdaderamente poderosos se están moviendo en una dirección política completamente opuesta a la que yo desearía, y creo que muchos otros ciudadanos también”.

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“Porque -agregó-, en última instancia, los simples mortales buscamos cierta tranquilidad y un mínimo de bienestar que nos impida vivir en un estado de tensión y miedo”.

Para encarnar a ese político ideal, Sorrentino volvió a confiar en Servillo, su actor fetiche, que ha protagonizado algunas de sus películas más importantes, desde la oscarizada ‘La grande bellezza’ (2013) hasta las mencionadas ‘Il Divo’ o ‘Loro’.

El actor comparte la visión de la figura política que ofrece Sorrentino en este filme: “La política debe despojarse de esta ostentación, esta agresividad, esta confrontación para demostrar quién es el más fuerte, quién tiene la voz más potente y quién se presenta con una máscara más dura”.

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