En octubre del mismo año escribe Fantasma diagnosticado, un texto acerca de un tal Conde Ribó, a quien la burocracia de las notarías del país dan por muerto. El narrador aprovecha este hecho —no sabemos si ficticio, aunque podemos intuir que sucede— para ver en el muerto-vivo o vivo-muerto un fantasma que no sabía que lo era hasta que la notaría lo determina. Dice: 'Tan imperceptiblemente, con tanta perfección se operó el tránsito, el tránsito entre la vida y la muerte, que sólo un acucioso funcionario del registro civil pudo descubrir que el doctor Conde Ribón no era realmente un ciudadano, sino uno del millón ochocientos mil fantasmas que andan sueltos por el país'. En diciembre de 1980 García Márquez escribió ‘Cuento de horror para la Nochevieja’ en una columna que publicaba los sábados en El Espectador y El País (de España). Allí narra la visita que hicieron con su familia a un castillo medieval situado en una campiña italiana. Su anfitrión fue el escritor y político Miguel Otero Silva, quien le cuenta la historia de Ludovico, hombre de artes y guerras que había mandado a construir aquel castillo.